Una historia accidentada

En la Secretaría de Ambiente del Distrito hubo una emergencia de salud por el mal uso de un pesticida. Veinticinco personas se vieron afectadas por el químico.

El martes de la semana pasada, a eso de las 11:00 a.m., un fuerte olor a gas empezó a inundar los pasillos del cuarto piso de la Secretaría de Ambiente del Distrito, lo que obligó evacuar tres pisos, luego de que la brigada interna de emergencia de la entidad tomara la decisión de llamar al 123, al cuerpo de bomberos y a la Secretaría de Salud de Bogotá. En cuestión de 48 horas, 25 personas presentaban síntomas de intoxicación; algunas de ellas fueron remitidas de la Secretaría de Ambiente a centros médicos, mientras que otras optaron por dirigirse a la ARP y otras más pagar un servicio médico particular. Los afectados no tuvieron que esperar mucho tiempo para saber la causa de su padecimiento: un pesticida.

La emergencia fue provocada por un aparente descuido que produjo dos investigaciones disciplinarias: una interna de la Secretaría de Ambiente y otra por parte de la Personería de Bogotá. Ambas giran entorno a dos preguntas: ¿quién autorizó el uso del insecticida? y ¿fue algún funcionario quien suministró el químico? El Espectador conoció que un alto funcionario entregó el producto, recomendándolo porque le había sido útil en su finca.

Susana Muhamad, secretaria de Ambiente, aseguró que en la entidad cursa una investigación para conocer quién fue y esclarecer los rumores. En entrevista con El Espectador, Muhamad respondió lo siguiente cuando se le preguntó al respecto: “Precisamente eso es lo que queremos saber; el producto sí estaba en la Secretaría”.

Todo comenzó tras las quejas de varios de empleados que aseguraban que las jardineras del cuarto piso de la Secretaría se estaban muriendo por culpa de una plaga. En vista de los reclamos, en horas de la mañana del martes, Freddy Guzmán, encargado del aseo y empleado de la empresa Serviaseo (contratada por el Distrito), quiso matar al ‘piojo’ que tenía perturbados a los funcionarios y vertió en un litro de agua 100 mililitros de un insecticida agrícola de nombre Curacron, producto de la multinacional Zyngenta. Regó las plantas una, dos, tres y cuatro veces, y se retiró pensando que había salvado los jardines del cuarto piso.

Pero no fue así. Pasadas unas dos horas, Guzmán fue el primero en decir que se sentía mal. Después, una empleada de servicios generales. Luego otros trabajadores directos de la Secretaría. Se desató el caos. Susana Muhamad explica que “la brigada de emergencia de la entidad evacuó el segundo piso, el tercero y el cuarto. Se llamó al 123, a los bomberos, al CRUE. La evacuación fue muy difícil; tenemos que mejorar nuestro sistema de emergencia. Después de evacuados, le prestamos los primeros auxilios y remitimos a centros médicos al personal, según indicaciones. Llamamos a Zyngenta y ellos nos dieron la ficha de seguridad del producto y nos dijeron que ventiláramos el edificio, entonces llevamos varios ventiladores grandes mecánicos. También nos dijo que debíamos esperar tres horas antes de retomar labores. Yo decidí que fueran 24 horas. Durante el resto del día y en la noche se hicieron turnos de monitoreo”.

Al mediodía del martes se suspendieron actividades y el miércoles los empleados volvieron a trabajar normalmente. A las tres de la tarde, se presentaron nuevos casos y se ordenó evacuar los pisos cuatro y cinco. La secretaria llamó nuevamente a Syngenta y la multinacional recomendó lavar el edificio con agua jabonosa y carbonatada, y así se hizo, según Muhamad, en los pisos, techos, ventanales, cortinas y escritorios.

El jueves se retomaron labores. A las tres de la tarde, varias personas que no habían sido afectadas por el químico en los dos días anteriores empezaron a sentir los síntomas: mareo, desorientación, vómito, dolor de cabeza, rasquiña. El rumor se fue esparciendo por los pasillos de los cinco pisos de la Secretaría. Se decidió evacuar completamente. Quince personas dijeron que requerían de atención, y doce de ellas presentaron síntomas, mientras que las otras tres no. Al mediodía se evacuó por segunda vez todo el personal y se citó a los trabajadores para el martes de esta semana.

Algunos empleados de la Secretarían desaprueban y se quejan del manejo que se le dio al incidente, incluso reprochan que los citaran a trabajar sin tener bajo control la emergencia. Una funcionaria de la entidad asegura que “expusieron nuestra salud y no es justo. Yo tengo niños pequeños. Si la gente se retiró el jueves de la oficina fue porque se sentía mal y prefirió pagar del bolsillo un médico privado”.

La secretaria de Ambiente reconoce el error y asegura que se debió a un problema de comunicación, pues a ella no se le informó que el día miércoles se habían presentado nuevos casos: “La brigada no lo informó a las directivas, por eso citamos el jueves. A partir de ese día, hemos lavado cuatro veces las instalaciones. Vimos que la problemática no pudo ser superada fácilmente porque no se cuenta con una ventilación apropiada; el edificio es hermético, así que cambiamos varios ventanales de vidrios por persianas. Contratamos una firma especializada en este tipo desechos para que retirara las matas y la tierra de la jardinera y se dispusiera como desecho tóxico, pues el químico tenía toxicidad tipo dos”.

El martes los empleados tuvieron una asamblea donde se les comunicaron los detalles de la emergencia y el anuncio de una auditoría que realizará el Consejo Colombiano de Seguridad para mejorar la reacción en casos de emergencia. Superado el incidente, la Personería de Bogotá visitó las instalaciones de la entidad para recolectar información que permita esclarecer quién autorizó, y bajo qué indicaciones, el uso del insecticida al encargado del aseo del edificio. El Espectador consultó a Serviaseo, la empresa que presta el servicio de mantenimiento en la Secretaría, y Bonnie Quiñónez, jefa de salud ocupacional de la empresa, aseguró que “el empleado siguió órdenes de un funcionario, quien también le entregó el producto”.

Mientras que se llega al final de las dos investigaciones que cursan en la Personería y en la Secretaría, se puede decir que esta historia tendrá una segunda parte.

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