Una inauguración con paseo de olla

Casi dos años después de que comenzara a registrarse en los medios de comunicación el novelón de los Nule (otrora contratistas estrella de la capital), los bogotanos no creían posible que la emblemática vía, que ellos no pudieron construir, entrara en funcionamiento.

Transitar por la calle 26 se había convertido en el karma capitalino. Incluso para los miembros del grupo empresarial Nule, los artífices del descalabro en las obras de Transmilenio por esa vía, asistir a los juzgados de Paloquemao se les había convertido en una total desventura: duraban más en el trancón que en la diligencia judicial. Al menos, eso dice el chiste callejero. El mismo chiste que el sábado pasado, durante la inauguración de esa troncal, comentaban algunos usuarios del sistema:

¿Usted cómo cree que se deben estar sintiendo los Nule al saber que hoy se inaugura la 26?

Felices, ellos también sufrieron. Y sonríe. La que habla es Liliana Pinzón, una residente de la zona quien desde las 7 de la mañana llegó al portal Eldorado a presenciar la partida y llegada de los 74 buses rojos, entre articulados y biarticulados, que entraron a operar en la nueva troncal de la fase III de TM.

¿A qué vino?

Nos dijeron que venía (el alcalde Gustavo) Petro.

¿Y por qué lo espera a él?

Porque mal o bien, él fue el único que pudo echar a funcionar esto.

El 30 de junio de 2012 pasará a la historia de Bogotá como una fecha insignia que no sólo representa la inauguración de la calle 26 sino también la implementación “gradual”, como recalcan las autoridades, del Sistema Integrado de Transporte Público (SITP).

Un hecho que reunió a varias familias bogotanas a comer mazorca y a deambular por las dos estaciones (Gobernación y portal Eldorado) que estaban en funcionamiento. La jornada tomó tintes de paseo de olla urbano.

La gente celebró, muchos desconociendo que el SITP empezará a funcionar con dos tarjetas, sin tener todos los paraderos listos y cuando ni siquiera la empresa encargada del recaudo único ha tenido a disposición todas las estaciones y buses para implementar la tecnología necesaria.

Pero, principalmente, celebraron aunque muchos no tienen idea de cómo funcionará el sistema.

“Señor, usted no puede ingresar a la estación por la ciclo-ruta, tiene que ir hasta el próximo puente”.

“Déjeme entrar por aquí que me demoro una hora si me doy la vuelta”, pedía Mauricio Correa a una de las personas encargadas de la pedagogía al ciudadano mientras que se trepaba por la baranda de la estación Gobernación.

“Señora, ¿usted sabe ya dónde se ubicarán los paraderos de los buses zonales del SITP?”.

“¡Mija! es más fácil responderle cómo voy a pagar los servicios este mes. Todavía no me aprendo eso”, se excusa Sandra Castro, una pasajera que espera el servicio Transmilenio y se dirige al Tercer Milenio.

Se calcula que en estas primeras dos semanas, en las que el pasaje será gratuito y apenas estarán funcionando dos de las 13 estaciones de la 26, cerca de siete mil personas usen diariamente la troncal en los buses rojos. Es el final parcialmente feliz de un cuento por el que los bogotanos perdieron, según estimaciones de la Contraloría General, más de $300 mil millones.