Por una nueva cara de San Victorino

La invasión del espacio público y la inseguridad son los problemas que denuncian los vendedores y visitantes del sector. Es lo que esperan atacar los líderes con su iniciativa.

La idea de los promotores de la iniciativa es que los bogotanos regresen a este sector con confianza y tranquilidad. / Archivo - EL Espectador

Si entre enero y noviembre andar por las calles de San Victorino, en el centro de la ciudad, es difícil por la invasión del espacio público, en diciembre es casi imposible. No solo porque aumenta el número de vendedores ambulantes, sino porque ahora ni en la noche hay descanso: alrededor de 300 vendedores informales decidieron acampar en esta zona hasta que se acabe la Navidad y así conservar un espacio en uno de los lugares más comerciales de la capital del país.

A este problema de invasión del espacio público (que incluso acepta el Distrito) hay que sumarle la inseguridad que ha aquejado a esta zona. Ante este problema, que se incrementa cada año y que sigue sin una solución de fondo, un grupo de 300 empresarios del sector decidieron liderar un proyecto llamado La Gran Manzana, que busca cambiar la cara de San Victorino y hacerlo atractivo para los bogotanos.

Para diciembre de 2015, los empresarios invertirán $5.000 millones en la instalación de pantallas gigantes que iluminen la zona, la creación de talleres de emprendimiento e innovación para los que apenas empiezan sus negocios y buscar la reubicación de los vendedores ambulantes para que trabajen en lugares más dignos. Este último punto, según los líderes de la iniciativa, esperan concertarlo con el Distrito en mesas de trabajo.

“Queremos hacer nuestro sector más comercial y agradable para el visitante. Que no tengan miedo de sacar su celular, porque aquí ni eso se puede. Con una mejor iluminación, según nuestros estudios, la inseguridad podría disminuir casi 40%”, manifestó Alejandro Ramírez, promotor del proyecto.

Y es que esta es una necesidad que ya no da espera. Mariela Correa, vendedora de zapatos, dice que está cansada de que cada año le toque trabajar en la informalidad y que ni siquiera pueda vender tranquila, pues los ladrones siempre están al acecho: “Nos toca por turnos. Una noche se quedan unos y al día siguiente hay relevo. Toca venir con nuestros niños y tratar de guardar el espacio. Es chistoso, pero pudimos organizarnos primero nosotros, que con ayuda de la Alcaldía”.

La inconformidad también proviene de los visitantes de San Victorino, que aunque son conscientes de que en esta zona pueden comprar barato, a veces la visita puede salir cara. “Hay mucho vendedor en la calle. Ni se puede caminar. Como todos vamos en tumulto, empieza el chalequeo y se llevan los celulares y las billeteras y el viaje termina más costoso. Muchas veces ya preferimos ni venir”, dijo Ricardo Benavides, comprador.

Ante estas quejas, la administración se defiende y dice que ya se trabaja en varios frentes. Por un lado, se puso en marcha el plan de seguridad para esta zona, que ejecuta la Policía. Según el teniente coronel Óscar Velasco, comandante de la estación Santa Fe, si bien aumenta la inseguridad en esta época, la Policía tiene todo bajo control. “Aumentamos nuestro pie de fuerza en 100 hombres, que durante las 24 horas rondan el sector. Ya hemos capturado a 20 delincuentes en los primeros días de diciembre”, dijo el comandante, quien pidió a la ciudadanía y a los comerciantes estar alerta y denunciar a cualquier persona sospechosa.

Por otro lado, el Instituto para la Economía Social (Ipes) dispuso de 200 carpas para vendedores informales que están inscritos en un programa que busca mitigar la informalidad en la ciudad. Pero esta iniciativa no ha sido bien recibida por los vendedores del lugar, pues muchos llevan 12 años en San Victorino y afirman que no han tenido acercamientos con el Distrito.

Los líderes del proyecto La Gran Manzana esperan dialogar con la administración próximamente y empezar a trabajar estos puntos, que podrían hacer de este sector uno de los más seguros y frecuentados de Bogotá, pero que por culpa de la inseguridad y el desorden, cada día pierde su atractivo para atraer clientes.