Una opción de trabajo para jóvenes vulnerables en Bogotá

Con el fin de contrarrestar el desempleo, el programa Distrito Joven ofrece oportunidades para que 22.000 muchachos puedan trabajar en proyectos culturales que potencien sus habilidades.

Fady Villegas es subdirector de juventud de la Secretaría de Integración Social.
Fady Villegas es subdirector de juventud de la Secretaría de Integración Social. / Óscar Pérez - El Espectador

Una de las razones por las que Bogotá es la ciudad más apetecida por los jóvenes del país es que ofrece oportunidades laborales. Sin embargo, la tasa de desempleo de esta población aumentó 14 % en el último año. Para evitar que ese indicador siga creciendo la administración pondrá en marcha Distrito Joven, iniciativa que busca integrar casi 22.000 chicos en condiciones vulnerables al mundo laboral. Fady Villegas, subdirector de Juventud de la Secretaría de Integración Social, explica el programa.

¿Qué es Distrito Joven?

Un programa que buscará espacios de trabajo para jóvenes, principalmente desescolarizados, de poblaciones étnicas, LGBTI o con antecedentes judiciales, en entidades públicas y empresas. Lo mejor es que los muchachos trabajarán haciendo lo que les gusta. Me explico: si saben cantar hip hop, pintar murales o son buenos liderando estrategias comunales, los ayudamos potenciando esas habilidades y luego los enlazamos con organizaciones que requieran sus servicios.

¿Cómo crearán ese enlace?

Mediante una línea de acción que denominamos Ruta de Oportunidades, la cual consiste en recopilar todas las ofertas laborales del sector público y privado que sean del interés de los jóvenes. Es decir, nos encargaremos de crear una línea de articulación con las empresas privadas y las entidades públicas para que involucren a los chicos en los procesos sociales y económicos que ofertan.

¿Y tienen claro cuáles son los intereses de los jóvenes?

Estamos en ese proceso. Los jóvenes líderes de los barrios diseñarán junto con el Distrito la nueva política pública de la juventud. Eso significa que, al contar con su participación, podremos saber sus intereses, qué están haciendo por construir ciudad y sus metas. Teniendo claros sus gustos y necesidades, será más fácil idear programas sociales y laborales en los que puedan ser incluidos. Las empresas privadas e instituciones abren a diario convocatorias de estudios y proyectos en los que ellos podrían participar, pero esas oportunidades se desperdician porque el Distrito no tiene claros los proyectos en los que los muchachos están trabajando ni en dónde encontrarlos.

Pero ¿cómo se los darán a conocer a las empresas o entidades públicas?

Haremos una base de datos en la que se registre continuamente cuántos colectivos juveniles hay en la ciudad, cuántos se van formando y en qué están trabajando, para tener un sistema de información que nos diga, por ejemplo, si en Suba hay un colectivo que compone canciones en favor de la protección del medioambiente. Con ese dato ya sé que si el acueducto va a lanzar una campaña en pro del ahorro del agua, los chicos de Suba podrían trabajar con la entidad, promocionando la iniciativa mediante canciones. En ese mismo proyecto también podrían estar los jóvenes que cantan hip hop, sonorizando la letra de los compositores. En suma, debemos identificar los proyectos de los chicos para organizarlos y así poder ofertar sus habilidades.

¿Sólo tendrán oportunidades si pertenecen a un colectivo?

No. La idea es trabajar de la mano con los líderes de las casas juveniles que están en 13 localidades, encargadas de brindarles a los jóvenes un espacio y los utensilios que necesitan para llevar a cabo sus planes. Es decir, si a mí me gusta diseñar camisas, pero no cuento con la maquinaria para hacerlo ni tengo un grupo de amigos que hagan lo mismo, puedo ir a las casas juveniles y pasar mi propuesta. Si es viable, allá me ayudarán a potenciarla para que no se quede en un gusto sino que se convierta en un proyecto de emprendimiento.

Las casas juveniles han tenido poco apoyo del Distrito. Por ejemplo, la del barrio Egipto no tenía luz por falta de recursos. ¿Cómo están ahora?

Actualmente, las 13 casas juveniles que hay en la ciudad cuentan con todos los servicios y están trabajando en diferentes actividades propiciadas por las comunidades. Todavía no les hemos dado un amplio presupuesto, porque estamos a la espera del diseño de la política pública que se trabajará con los líderes, pues nadie conoce mejor que ellos las necesidades de los jóvenes de su localidad y los proyectos que algunos están desarrollando.

¿Con qué presupuesto cuentan para sacar a flote el programa?

Hasta el momento, en el Plan de Desarrollo, al programa Distrito Joven se le asignaron $17.000 millones, que comprenden el diseño de la política pública, los servicios de las casas de juventud, la base de datos y las ayudas para los proyectos de los colectivos. Sin duda, este porcentaje irá creciendo a medida que vayamos estableciendo alianzas con empresas privadas y entidades públicas.

¿Hay otras estrategias para que los muchachos se unan al programa?

La forma más efectiva es mostrar resultados. Si ellos ven que a los amigos grafiteros se les abren puertas para pintar el mural de una escuela, y les apasiona el tema, van a querer unirse, porque además de trabajar en actividades que los llenan, recibirán dinero. Por otro lado, si los jóvenes se dan cuenta de que el Distrito les está ayudando a hacer crecer sus colectivos, seguramente estarán dispuestos a participar y a proponer. Por eso es importante saber qué los mueve. Si no tenemos eso claro, las ofertas de las entidades nunca estarán acordes con sus intereses y se perderán. En ese sentido, esto se convierte en un programa transversal que demanda la intervención de todas las entidades.

Si la política pública es clave para el plan, ¿en qué se ha avanzado?

Hasta ahora estamos comenzando, pues los programas de la administración pasada terminaron en mayo. Lo importante es que ya hablamos con más de 15 entidades que se comprometieron a abrir espacios para que los jóvenes puedan desarrollar sus proyectos. También identificamos los mayores problemas que padecen los chicos en la ciudad: hay un alto porcentaje con VIH, y los embarazos adolescentes y la delincuencia común son algunos factores que les impiden progresar. En cuanto a lo positivo, al revisar los programas anteriores nos hemos dado cuenta de que sus intereses están encaminados hacia temas culturales y comunitarios. Esta información es muy útil porque nos ayudará a saber cómo abordarlos. Teniendo en cuenta esto, sólo nos queda avanzar lo más rápido posible en esta política pública.