Una víctima mortal de la crisis de las EPS

Esperó durante seis días por una diálisis que nunca llegó.

Javier Chiquiza recibió el cuerpo de su padre en Medicina Legal./ Gabriel Aponte

"¿Hasta cuándo el dinero primará sobre la vida?", fue uno de los mensajes que el secretario de Gobierno, Guillermo Asprilla, envió a través de Twitter una vez el secretario de Salud, Guillermo Jaramillo, anunció que José Chiquiza había muerto por la "negligencia" de una empresa promotora de salud.

Hace 15 años, a José le fue diagnosticada una insuficiencia crónica renal terminal. Desde ese instante, su familia supo que sería imposible solventar el tratamiento que le fue ordenado: una diálisis cada tercer día. Por eso, José presentó todos sus papeles y se vinculó al Sisbén. Entró al régimen subsidiado con la empresa Salud Cóndor.

Durante estos años, el paciente y su familia se convirtieron en asiduos visitantes de esta EPS. Hasta que el pasado 7 de septiembre Salud Cóndor le notificó que por la liquidación a la que estaba siendo sometida, su caso y los tratamientos correspondientes le serían asignados a Comfacundi, otra EPS encargada del sistema subsidiado. El mismo aviso lo recibieron 372.735 afiliados que tuvieron que cambiar de empresa por la deuda de 133 mil millones de pesos que Salud Cóndor sostenía con sus proveedores.

Mientras el proceso de liquidación terminaba, José Ángel siguió sometiéndose a las diálisis en Salud Cóndor, que cerró la prestación de servicios de forma definitiva el pasado miércoles 10 de octubre, la última vez que José se puso una bata y dejo su vida en manos de un médico.

Al día siguiente, el jueves, con los dolores propios de ese procedimiento médico, a los que ya estaba acostumbrado, José fue con su esposa a pedir, por primera vez, una orden de Comfacundi para continuar con su tratamiento. En la ventanilla, como la describe su hijo Javier, le dijeron que no aparecía en el sistema, que “por favor” se acercara el viernes para ver si el inconveniente había sido solucionado. El viernes llegó y la escena se repitió, solo que esta vez el plazo se extendió hasta el martes.

A las 5 de la mañana del martes pasado , José llamó a un vecino. Le pidió el favor de que fuera a la EPS a hacer la fila para pedir la orden de procedimiento pues el no resistía más el dolor. Hacia las 11 de la mañana, el amigo de José lo llamó, le dijo que su presencia era ineludible para la empresa pues el trámite no lo podían hacer terceros.

José tomó un taxi, llegó a las instalaciones de Comfacundi y se acercó “a la ventanilla”, donde le dijeron la misma retahíla que había escuchado seis días antes. A pesar de que habían pasado cuatro días desde la fecha en que originalmente debía practicarse su diálisis, José trató de mantenerse en pie hasta que el dolor fue más fuerte que él. Buscó a su esposa, sudando, pálido. “Mija, ayúdeme a sentarme, me voy a morir” dijo, y efectivamente, a las 12:30 pm, en los brazos de su compañera, José murió.

Una hora más tarde, enfurecido, su hijo, Javier Chiquiza llegó a la EPS. Un camillero le dijo que su padre había fallecido de forma natural. Algo que encontró inexplicable. Abruptamente, entró a la oficina de la jefe de autorizaciones de Comfacundi y le exigió que revisara si en la base de datos de la EPS estaba su padre. Angustiada, la funcionaria miró el documento y le confirmó que allí estaba el nombre de José y su número de cédula, pero que, lastimosamente, los demás datos del “paciente” no existían.

Con la frustración de no haber podido evitar la muerte de su padre, Javier buscó asesoría, la versión de la “muerte natural” era más que insulto. Rápidamente, el caso llegó a la Secretaría de Salud, y el mismo Guillermo Jaramillo denunció ante los medios el caso de negligencia. El Distrito se comprometió con la asistencia jurídica y el acompañamiento sicológico a la esposa de José. 

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