“Urbanización y Reserva Thomas van der Hammen pueden coexistir”: Brigitte Batipste

La ecologista advirtió que la reserva es la última oportunidad que tiene la ciudad de tener un espacio silvestre de gran tamaño. Pidió que, si se urbaniza, se priorice su vocación ambiental.

El gran debate sobre si urbanizar o no la Reserva Thomas van der Hammen sigue en pleno auge. Algunos están a favor de la construcción a gran escala y de la expansión de la ciudad en el suelo que hoy tiene vocación ambiental. Otros afirman que la reserva no debe tener nada de cemento.

Brigitte Baptise, directora del Instituto Humbolt afirma que la urbanización y el medio ambiente pueden coexistir. Para ello, explica, es importante que el nuevo Plan de Ordenamiento Territorial (POT) tenga un plan “sofisticado, que permita la construcción y al mismo tiempo tenga en cuenta la vocación ambiental de ese suelo”.

Para lograr este equilibrio, no hacerle daño a las zonas de recarga hídrica ni a la conectividad de flora y fauna, Baptise sugiere echar mano de todas las herramientas científicas y tecnológicas que están disponibles hoy en día.

¿Cree que el suelo de la reserva Thomas van der Hammen tiene un valor ambiental especial?

Claro, los relictos de bosque nativo que tiene la reserva son los más antiguos del departamento. Además es el área con mayor potencial para establecer la conectividad cerros río. La elección de ese suelo como zona reserva no fue por capricho.

¿Sería una opción urbanizar ese suelo y crear espacios de protección en otras partes de la ciudad?

No. Porque no hay una opción equivalente. No hay otro lugar. Las opciones se han ido cerrando debido a la velocidad de la expansión urbana y por eso no hay otras alternativas. La alternativa es hacer una expansión urbana sofisticada en el suelo de la reserva para que ciudad, flora y fauna puedan coexistir. Ese plan se debe hacer en el nuevo POT. Mejorar el diseño, ir más allá a lo que se venía desarrollando en esa zona. No recomendaría mutilar la reserva sino revisar el plan de manejo y complementar el análisis para dar un poco de flexibilidad a las decisiones. No se trata de negociar el territorio sino mejorar la calidad de la gestión en el borde norte y complementarlo con una urbanización amigable con el medio ambiente.

Es decir que para usted la visión de ciudad del alcalde Enrique Peñalosa y la reserva Thomas van der Hammen pueden coexisitr.

Sí. Ambas cosas son compatibles porque la reserva todavía no está hecha. Hay que construirla y por eso hay flexibilidad. Hay que invertir para que paren usos dañinos como la floricultura pero no debemos aferrarnos a la definición jurídica de esas tierras.

¿Pero diversificar los usos que se le dan al suelo de la reserva no sería peligroso?

Algunos ambientalistas han señalado, y con toda la razón, que flexibilizar el uso de la tierra es peligroso. Implica unos riesgos porque cuando uno abre esa puerta hay una posibilidad de que se use mal y quede reducida. Por eso hace falta un plan de manejo claro y hecho con todo la tecnología para que no falle.

¿Qué perdería Bogotá si se urbaniza la reserva y el plan falla?

Lo que se pone en juego es toda la perspectiva de una ciudad sostenible, adaptada al cambio climático. Podríamos perder la posibilidad de ser una ciudad ecológicamente adaptada. Se pierden muchas funciones ambientales que cada día se vuelven más importantes. Si fallamos y urbanizamos mal, pondríamos en riesgo la salud de los bogotanos.

Pero lo más valioso que perderíamos sería la oportunidad de hacer de Bogotá una ciudad ecológicamente sensible. Y no me refiero a una ciudad sensible emocionalmente sino científicamente. Con una reserva bien diseñada podríamos estudiar más a fondo la flora y fauna del altiplano. Eso es muy importante. Prueba de lo vital que son los espacios silvestres es que las ciudades europeas se están desurbanizando, tumbando edificios para dejar amplias zonas verdes con valor ambiental.

Si se decide urbanizar parte de la reserva ¿Cómo saber si se está haciendo bien o mal?

Tenemos que evitar a toda costa que se vuelva un nuevo parque como el Simón Bolívar. Ese espacio no tiene ninguna función ambiental o de conectividad. Es meramente recreativo. Eso no puede pasar con la Van der Hammen porque es la última oportunidad que tiene Bogotá de tener un espacio silvestre de gran tamaño. Debemos tener claro que el espacio para un parque sino de uso ambiental. Si se urbaniza, se debe tener como prioridad su vocación científica y ecológica.