Varado por $100

Ese lunes tenía clase en la tarde y, como siempre, tomé el bus del SITP para llegar a la universidad. Ese día, particularmente, salí confiado.

Pensaba que el saldo que tenía en la tarjeta me iba a alcanzar para los dos viajes, por lo que los $1.500 que había separado para recargarla los gasté en una cajetilla de chicles.

A eso de las 4:00 p.m. llegué al paradero del Transmilenio, donde era el primero en la fila. Todo iba perfecto... hasta que pasé la tarjeta por el lector.

—Saldo insuficiente.

Con la terquedad que nos caracteriza a los incrédulos, volví a pasar la tarjeta en el sensor para confirmar que no tenía saldo. Lo había gastado en el pasaje de cortesía, por lo que me hacían falta $100 para subirme al bus.

Como no tenía para pagarle un pasaje a alguien, busqué una de las tiendas en las que recargan las tarjetas del SITP. La primera a la que fui estaba cerca del paradero. Saqué de mis bolsillos una moneda y le pregunté a la señora que estaba atendiendo si podía recargarle $100 a mi tarjeta, pero su respuesta fue aún más fulminante que la de la máquina de Transmilenio.

—No, joven, no tenemos recargas. Pruebe en la tienda de abajito, de pronto allá tienen.

Ya eran las 4:25 p.m. Caminé unas seis cuadras hasta encontrar la tienda en donde podría recargar los $100. Entré un poco malgeniado. Lo primero que hice fue ubicar la máquina de recargas para tener la certeza de que allí sí servía, pero me advirtieron:

—No señor, se nos acabaron las recargas. La plataforma está caída desde las 2:00 p.m.

Faltaba un cuarto para las 5:00 p.m. y no encontraba dónde recargar. Como la tarjeta verde no la aceptan en las estaciones de la Caracas, decidí caminar y no desesperarme más. Así encontré una tienda que tenía en la puerta el logo de Tu Llave.

—Señor, ¿de casualidad tiene recargas del SITP?

—No, hermano, ¿quiere que le diga la verdad? Hemos tenido muchos problemas con esa vaina y ya no vendemos recargas. Eso no es negocio.

Desmotivado, salí de la tienda de nuevo a la universidad. Mientras subía por la 45 veía cómo algunos buses del SITP seguían pasando vacíos y pensé que quizá por la desinformación y la inestabilidad de la plataforma la gente no se ha apoderado del sistema. Cualquiera se puede quedar varado por $100, que además tiene en el bolsillo.

 

*Las crónicas en este espacio han sido escritas para El Espectador por estudiantes de la revista Directo Bogotá de la Facultad de Comunicación y Lenguaje de la Pontificia Universidad Javeriana. /

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