Víctimas de bombazo en barrio Quirigua piden ser reparadas

Este martes, en la plazoleta de este barrio, al noroccidente de Bogotá, se conmemorará un aniversario más del brutal atentado.

Un homenaje para recordar una fecha de terror. Hace 25 años un carro bomba explotó en el corredor comercial del barrio Quirigua, al noroccidente de Bogotá. Ese sábado 12 de mayo de 1990, la avenida estaba atiborrada de personas que hacían compras, en vísperas al Día de la Madre, inocentes de los planes que ejecutarían los sicarios del cartel de Medellín. A las 4:15 p.m. un automóvil Fiat 147 cargado con 100 kilos de dinamita estalló, 17 personas murieron (siete de ellas eran niños) y 150 más fueron lesionadas. La guerra del narcotráfico contra el Estado cobraba sin meditación la vida y tranquilidad de las personas, amedrentando, entre otras razones, para que el Gobierno eliminara la extradición. Ese día, otros dos carros bombas explotaron, uno en el sector de Niza, en la capital, y otro en Cali, 13 personas más perdieron la vida.

Este martes, en la plazoleta de la transversal 94 con calle 80C, la Alcaldía de Engativa y el Centro de Memoria, Paz y Reconciliación invitaron a una jornada de conmemoración de este atentado terrorista. Allá estarán algunas víctimas y sobrevivientes del bombazo, que después de 25 años, insisten en llamar la atención de las autoridades para que esclarezcan quiénes son los responsables de este episodio, y así puedan tener acceso a la justicia y la reparación, ausentes y esquivas hasta hoy.

“En estos 25 años no hemos recibido ninguna ayuda de parte del Gobierno ni del Distrito, asegura Campo Euribe Bareño, uno de los sobrevivientes del bombazo. Su consultorio odontológico sigue quedando a escasos seis metros de donde explotó el carro bomba. Bareño guarda en su memoria imágenes devastadoras, como la muerte de una pareja que compraba en el almacén de tejidos San Miguel la ropa para la primera muda del bebé que esperaban. Las imágenes van y vuelven, como la del médico amigo que durante dos horas le sacó vidrios incrustados de la cabeza.

“La verdad, no esperamos mucho de las conmemoraciones, menos cuando vienen de políticos, siempre se han apoderado de las tragedias para sus fines, por eso espero que esta vez este acto no se preste para eso”, afirma Bareño y anota que el desfile de políticos empezó en 1990, ocho días después del atentado, cuando Juan Martín Caicedo Ferrer, alcalde electo de Bogotá los visitó y trajo una volqueta de bloques de cemento de una demolición que no sirvieron para reconstruir las fachadas afectadas porque se necesitaban otros materiales.

El siguiente sábado estuvo César Gaviria, en campaña para la Presidencia, y les prometió créditos y ayudas. El crédito consistía en que los bancos les prestarían cuatro millones para pagar a 10 años, tres de los cuales no iban a tener intereses. Pero la promesa nunca se materializó. La salida que encontraron para arreglar los negocios y casas afectadas fue la plata que vecinos y filántropos recogieron en una cuenta del Banco Central Hipotecario y repartieron entre los afectados. Así, han escuchado varios ofrecimientos incumplidos.

“No solo se cumplen 25 años del atentado, también 25 años de las promesas politiqueras de que nos van ayudar y nos van a indemnizar. Estoy casi seguro de que como estamos en épocas de elecciones más de un político llegará con ese propósito, buscando votos”, dice Mauricio Varela, padre de Sandra Carolina, de 10 años, muerta en el atentado.

“Seguimos esperando a que se haga justicia, por lo menos que la Unidad de Víctimas nos reconozca. No creemos que se trató solo de Pablo Escobar, ahí hubo mucha gente untada. Pero nunca han investigado a fondo”, señala Adriana González, hermana de Angélica González, de ocho años, una de las 17 víctimas. Como ella, otros familiares creen que su crimen debe ser elevado por la Fiscalía como de lesa humanidad, para que se reviva su investigación y reparación como sucedió el 25 de noviembre de 2009 con el atentado al Avión Avianca y otros 20 más, que ordenó en los 80 y 90 Pablo Escobar y los carteles del narcotráfico.

“Como aquí se trató de personas humildes y de clase popular no ha pasado nada. ‘La Ley de Víctimas solo cubre reparaciones de víctimas del conflicto armado no de terrorismo’, nos dijeron pero otros casos similares con personas poderosas sí se han movido”, sostiene Lilia Ovalle, madre de Diana Sugey Ovalle, de 12 años, asesinada ese día. Una vez más las víctimas del bombazo del barrio Quirigua se reunirán para recordar a sus muertos. De paso volverán a pedir que este caso sea reconocido con la dignidad que merece sin que los políticos de turno busquen réditos de su dolor.

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