Volvió el testigo de la historia

Luego de estar bajo la custodia de la Universidad del Rosario por quince años, este monumento histórico vuelve a las manos de la Gobernación de Cundinamarca.

El Palacio San Francisco está ubicado en la avenida Jiménez con carrera Séptima. / Gabriel Aponte
El Palacio San Francisco está ubicado en la avenida Jiménez con carrera Séptima. / Gabriel Aponte

El pasado miércoles, la Gobernación de Cundinamarca presentó los trabajos de restauración y refacción del Palacio San Francisco, una edificación que desde 1557 ha sido testigo y protagonista de las transformaciones más importantes del espacio público bogotano.

Corría el siglo XVI cuando los padres franciscanos construyeron un complejo de casas, en lo que hoy es la avenida Jiménez entre carreras Séptima y Octava, que les sirvió de convento por más de 300 años. Allí se instaló esta congregación hasta que en 1861, aplicando una de sus políticas anticlericales, el presidente Tomás Cipriano de Mosquera decidió que la pequeña urbanización pasaría a manos del Estado y se convertiría en la sede de la Gobernación de Cundinamarca.

En 1917, el terremoto acabó con el antiguo convento, por lo que el entonces gobernador, Rafael Escallón, decidió que allí se construiría un edificio moderno. La obra comenzó en 1918, bajo la dirección del francés Gastón Lelarge, y finalizó en 1933, a manos del arquitecto colombiano Arturo Jaramillo; quince años después de su inauguración, los muros del Palacio San Francisco fueron abrasados por el fuego del Bogotazo. Sin embargo, la Gobernación siguió operando allí.

Así fue hasta el año 1996, cuando la gobernación de Leonor Serrano decidió entregar el palacio en comodato a la Universidad del Rosario y trasladar su personal a la sede actual, ubicada en la avenida El Dorado. Hace un año, el contrato venció y la Gobernación retomó la edificación.

Al comienzo hubo una confrontación mediática entre el ministro de Vivienda, Germán Vargas Lleras, y el gobernador Álvaro Cruz. El primero quería que allí funcionaran su ministerio y el de Trabajo. Sin embargo, Cruz se negó y decidió hacer del San Francisco un palacio de ciencia, tecnología y cultura.

El primer paso para su reapertura fue una operación de limpieza. Varias zonas de la edificación que no fueron aprovechadas por la universidad, estuvieron ocupadas por las ratas y los insectos.

Posteriormente se hicieron varios estudios que demostraron que unas terrazas construidas durante los años 60 afectaban la estructura e impedían el cumplimiento de la normativa sobre sismorresistencia, por eso fueron demolidas.

Para los restauradores fue una sorpresa ver que en el primer piso y el segundo de la edificación, a pesar de los destrozos del Bogotazo y el paso del tiempo, la arquitectura conserva las decoraciones de yeso del taller del artista y ornamentador suizo Luigi Ramelli. Para su arreglo, sólo fueron necesarios pequeños retoques de pintura.

Otro de los arreglos más importantes que se hicieron fue el de la escultura del presidente José Vicente Concha, modelada por Gustavo Arcila Uribe y fundida en Barcelona en 1936. La lluvia y el descuido habían borrado sus rasgos. Incluso, las filtraciones de agua tenía a “Don Concha”, como lo llaman los restauradores, a punto de caer. Hoy, gracias a un equipo de cinco mujeres, la estatua tomó su color original.

A pesar del éxito de la primera etapa de la restauración, aún hay cosas por hacer. Tres óleos realizados en 1927 por el bogotano Ricardo Gómez Campuzano, que representan a Antonio Nariño al frente del ejército del sur y escenas de su paso por los Andes, sufren por la humedad y los hongos. El antiguo recinto de la Asamblea Departamental está en ruinas y el tercer piso se mantiene como lo dejó la Gobernación en 1996.

La meta de la administración departamental es entregarles el próximo año a los cundinamarqueses un espacio a la vanguardia de los principales centros culturales de América Latina.

 

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