Distrito comprará 1.400 buses

Volvo y Scania se “muestran los dientes” en licitación de Transmilenio

Fabricantes de buses presentaron observaciones. Volvo, con sus buses diésel, puso en tela de juicio a su directo competidor: Scania y sus buses de gas. En caso de tener razón, lo sacaría de la competencia y la ciudad tendría por 12 años más sus articulados.

Se requieren 1.400 buses nuevos para renovar los actuales. / El Espectador

Mientras en la ciudad hay casi consenso sobre la importancia de abrirles las puertas a las tecnologías limpias en el transporte masivo, en medio de la licitación que adelanta el Distrito para comprar 1.400 buses nuevos y reemplazar los viejos de las fases I y II de Transmilenio, se libra una batalla de pesos pesados. Se trata de los fabricantes Volvo, que con sus buses diésel ha dominado las troncales durante 18 años, y Scania, que en esta oportunidad ofreció buses de gas, aunque también fabrica buses diésel.

(LEA: ¿La hora del gas en licitación para renovar la flota de Transmilenio?)

A la licitación, que dividió la compra en seis contratos, se presentaron siete consorcios para proveer los buses al sistema. Para garantizar la seriedad de sus propuestas, cada uno debía adjuntar un acuerdo de compra con algún fabricante. Fue así como el proceso se dividió en tres bandos: tres proponentes con buses diésel; tres, con buses de gas, y uno, con buses eléctricos. Casi todos aspiran a quedarse mínimo con tres de los contratos que están en disputa.

 (LEA: Siete empresas buscan proveer los nuevos buses de Transmilenio)

Sin embargo, en medio de la evaluación de las ofertas que adelanta Transmilenio, Volvo se jugó una carta por defender su mercado: presentó una solicitud al Distrito en la que, en resumen, dice que su competencia estaría violando las condiciones de la licitación. Su reclamo tiene un objetivo claro: dejar por fuera de la competencia a Scania, en una licitación que tiene en juego casi $2 billones.

Volvo defiende su mercado

Desde que nació el sistema, Volvo ha dominado con sus buses las troncales de Transmilenio, al ser el fabricante de seis de cada diez articulados en la ciudad. Sin embargo, hoy ve amenazado su mercado. La petición de ambientalistas y políticos de apostar por las tecnologías limpias en el transporte público puso a esta empresa en desventaja, cuando el Distrito accedió a conceder más puntaje a quienes ofrecieran buses eléctricos o de gas, vehículos que ellos no pueden o no quieren fabricar.

(Las alternativas para renovar la flota de Transmilenio)

Ante esto, tal parece que su estrategia, más allá de ofrecer buses más baratos, ahora se concentra en revisar las condiciones de la licitación, para buscarle el quiebre a su competencia directa: el fabricante Scania que, pese a fabricar también buses diésel, aprovechó el reclamo ambientalista para ofrecer buses impulsados por gas natural. Ese punto de quiebre parece haberlo encontrado.

Al menos, así se lo hizo saber a la gerente de Transmilenio, mediante una observación enviada el pasado 19 de septiembre, en la que hizo un recuento de las posibles irregularidades en las que estaría incurriendo su competencia. Independiente de si Volvo tiene o no razón, el asunto es que, si logra que Scania quede inhabilitada, prácticamente se convertiría en el único proveedor en la ciudad, alargando por 12 años más la presencia de buses diésel en el sistema masivo.

(Buses eléctricos para Transmilenio: una contrarreloj)

En la carta, a modo de introducción, puso sobre la mesa un asunto que calificó de “trascendental para el futuro y la confiabilidad del sistema”: sus dudas sobre la capacidad financiera de tres de los oferentes, que los hubiera dejado por fuera de concurso, y cómo Scania los respaldó para ponerlos de nuevo en el juego. “La licitación tiene reglas aplicables tanto a proponentes como a fabricantes, que buscan garantizar la libre competencia y las mejores ofertas para la ciudad, de proponentes técnicamente capaces y financieramente sólidos”, dice el oficio.

Para justificar sus dudas se concentró en una de las exigencias financieras, establecidas en el pliego de condiciones: la carta de crédito stand-by, documento con el cual un banco garantiza a Transmilenio los recursos para no interrumpir la compra de buses, en caso de que el contratista incumpla. Aunque todos los consorcios la presentaron, según Volvo, su sorpresa y preocupación apunta a que lo hubieran hecho, incluso, “proponentes que, dada su precaria situación financiera (que es de público conocimiento), no tenían posibilidad, por sí mismos, de obtener en el mercado bancario las mencionadas garantías”.

Sin decirlo directamente, es evidente que se refiere a los consorcios Masivo Bogotá, Express del Futuro y SI2018, que se presentaron al proceso como clientes de Scania. Entre los miembros de estos oferentes hay empresas propietarias de tres operadores del SITP, que están al borde de la quiebra. Esto, según algunos analistas, sería la evidencia de la poca capacidad para participar en un negocio multimillonario como la compra de buses.

Es bajo esta situación que Volvo se refiere al papel de su competencia. “La información que tenemos es que Scania, como fabricante de tres oferentes, respaldó de manera directa o indirecta las cartas de crédito stand-by. Llaman la atención que esas tres ofertas las presentaron para los mismos contratos y las cartas de dos de ellas las emitió el mismo banco (BPN Paribas), en el mismo local (Nueva York), el mismo día (31 de agosto) y con cuatro minutos de diferencia”.

Este supuesto respaldo a oferentes sin capacidad económica, señala, fue una estrategia de Scania para no participar como oferente, pues en caso de haberlo hecho se hubiera enfrentado a la cláusula que limita a un contratista a vender más de 620 buses en esta licitación. En este punto, vale aclarar, es lo que está haciendo la empresa denunciante con sus tres clientes, que participan en el proceso.

Sin embargo, hay una diferencia: “Scania desvirtuó su calidad de fabricante para asumir riesgos y obligaciones propias de un oferente. En nuestra opinión, esta conducta viola las reglas de la licitación y constituye un acto de competencia indebida frente a los demás fabricantes, ya que, en observación a dichas reglas, Volvo do Brasil Veículos no aceptó respaldar cartas de crédito de ningún proponente”.

Por esta situación, resalta que habría un incumplimiento del pliego de condiciones ya que, por un lado, los oferentes no estarían acreditando su capacidad financiera; Transmilenio no estaría en capacidad de verificarla y Scania, que de manera directa o indirecta respaldó las cartas de crédito, estaría violando la prohibición según la cual “los fabricantes no pueden emitir una garantía ni pueden asegurar ni respaldar el capital del proponente”.

Ante este panorama, pidió a Transmilenio, “en aras de la transparencia del proceso y de la confiabilidad del sistema que, a la mayor brevedad y antes de que las ofertas sean habilitadas, haga las averiguaciones que correspondan para aclarar esta situación y tomar las medidas que correspondan”.

Observación desconcertante

La respuesta de Scania no se hizo esperar. El 24 de septiembre remitió un oficio a Transmilenio, en la que, sin referirse a Volvo, no solo desestimó sus observaciones, las calificó de desconcertantes y sin fundamento, sino que señaló que obedecían a la molestia por la decisión de su empresa de haberle apostado al medio ambiente, al ofrecer buses de gas en la licitación. “Al parecer, nuestros competidores no han tomado bien esta decisión. Somos creyentes en el libre mercado y la sana competencia, pero es claro que algunos no comparten el mismo criterio. Al parecer se han acostumbrado a acaparar el mercado, tal como ha venido sucediendo en los últimos 15 años”.

Sin ahondar en los señalamientos, Scania explicó que desde el comienzo estudió las condiciones del proceso, que le permitían participar como proponente o fabricante, y que con su decisión no ha transgredido la regulación al ofrecer su producto a los distintos proponentes. “Aquellos clientes decidieron libremente vincular flota Scania a sus propuestas, tras un análisis técnico, económico —además medio ambiental— estructurando propuestas que cumplieran las exigencias del proceso. Lo anterior tiene sustento en que acreditaron la capacidad financiera en los términos del pliego de condiciones”.

Aparte de resaltar el desgaste que una observación como esta podría generar en la administración, criticó el hecho de poner en tela de juicio el prestigio de la entidad financiera que respaldó las cartas de crédito y a proponentes que cumplieron las reglas del proceso. “Entendemos que lo expuesto por Volvo responde a una opinión, por lo que frente a todo lo manifestado Scania sólo puede señalar que seguirá atento al desarrollo del proceso, procurando que resulten adjudicatarias las mejores ofertas y esperando poder vincular al sistema una flota a gas en el futuro próximo”, concluyó.

El pleito está casado y el Distrito, al tanto. Será Transmilenio el que tendrá que analizar las denuncias y la defensa de estos fabricantes. El desenlace de esta pelea de pesos pesados será clave para saber si Bogotá se alista para un cambio en su transporte masivo o no. El 2 de noviembre, a las nueve de la mañana, se tiene prevista la audiencia pública de adjudicación, y el 16 de noviembre será la suscripción del contrato.

817801

2018-10-13T21:00:00-05:00

article

2018-10-14T11:16:02-05:00

[email protected]

none

Alexánder Marín Correa ([email protected]) / @alexmarin55

Bogotá

Volvo y Scania se “muestran los dientes” en licitación de Transmilenio

75

10195

10270