Vuelve el Ciclo Paseo Cachaco, ¿pero qué es ser cachaco?

Unas 2.000 personas rodarán con atuendos de los años treinta y cuarenta. Organizadores del evento y expertos en identidad bogotana y moda explican el concepto.

El casaco —una chaqueta impermeable rellena con algodón en el interior— era la típica prenda que compraba quien llegaba a Bogotá, a principios de 1800. Como se conseguía a bajo costo en los almacenes de segunda mano, se convirtió en el abrigo del provinciano y del asalariado. Para no parecerse a ellos, la élite de la ciudad comenzó a usar gabardinas e intentó copiar el acento de los sesentones ingleses. De ahí la erre arrastrada. En 1840, esa vida cosmética y de buenas formas adquirió una denominación: cachaco.

Cachaco era quien vestía con traje de paño oscuro y sombrero de ala ancha o falda hasta los tobillos, a lo europeo, y repartía agradecimientos por todo. Luego, a finales del siglo XIX, llegó el mito de que Bogotá era la Atenas sudamericana. El rótulo de la ciudad como faro cultural de la región, a pesar de que, por ejemplo, no había producido música ni literatura urbana.

Para tomar distancia del protocolo y del barniz, un grupo de amigos bogotanos creó en 2011 el Ciclopaseo Cachaco, un evento en el que la gente rueda en bicicleta por la ciudad con atuendos de los años 30 y 40.

El ciclopaseo

Es la sexta edición de un evento que, según sus organizadores, busca cambiar el imaginario tradicional del concepto: cachaco es quien nació en Bogotá y tiene poder. Para ellos, cachaco es el que cuida y disfruta de la ciudad, venga de donde venga. Quien llegó y aprendió a lidiar con una forma de ser: el estrés, la frialdad, la desconfianza y busca vincularse a la ciudad.

Se trata de un recorrido patrimonial que inicia en la Avenida Jiménez con Carrera Séptima a las 12:00 del día y pasará por sitios emblemáticos como el Parque Nacional, la Quinta de Bolívar y el teatro Jorge Eliécer Gaitán, hasta llegar a un destino que, como es costumbre, no es revelado por los organizadores. En el cierre, que se realizará sobre las 4:00 de la tarde, habrá un concierto que combinará sonidos tradicionales y urbanos: desde bambuco hasta folk punk.

También se premiarán los mejores atuendos. Los organizadores y representantes de las marcas aliadas —la mayoría son tiendas de bicicletas— serán los jurados y entregarán premios como accesorios para bici, marcos, candados y bonos para cenar en pareja. “La pinta debe ser acorde con la bicicleta. Queremos que la gente lleve vestuario de la época, no que sea hípster”, apunta Toto Serrath, uno los organizadores.

En suma, quien mejor personifique a Van Gogh o alguno de sus cuadros, recibirá siete entradas para la muestra itinerante “Van Gogh Alive”, en la que exhiben cerca de mil dibujos y 900 pinturas del artista.

¿Qué es ser cachaco?

Para Fabio Zambrano, docente de la Universidad Nacional experto en identidad bogotana, el cachaco ha sido una figura excluyente por tradición. Si en la colonia la élite española marginaba a la población indígena, a mediados del siglo XIX el cachaco se consideraba blanco y a quienes provenían de otras regiones indígenas. El delirio de grandeza se extendió con la denominación de la Atenas sudamericana, aunque “lo cierto es que mientras Bogotá pasaba del tranvía de mulas al tranvía eléctrico, Buenos Aires abría la primera línea del metro. Y mientras aquí se cantaba “La gata golosa” (un pasillo campesino), en Argentina y Brasil se cultivó música urbana: el tango y la samba, opina el docente.

Para él, de la ficción de Bogotá como faro cultural se pasó a la cultura ciudadana. “La administración pública creó un imaginario que hoy está reducido a cruzar por la cebra. Ahora tenemos 10.000 habitantes de calle a la deriva y no sabemos qué hacer con ellos. Seguimos sin construir identidad, todavía es etérea”, considera. El problema de identidad sería el mismo desde la Colonia: hay un desprecio por aceptar un origen humilde. “La ficción también dice que la ciudad culta se daña cuando llegan migrantes, pero toda ciudad exitosa los atrae”.

A pesar de la aversión, sostiene que la sociedad bogotana es más laica desde los años 60, lo que ha permitido, por ejemplo, que sea una de las ciudades en el mundo con mayor acogida en los métodos de control natal.

Serrath, uno de los organizadores del Ciclopaseo, dice que con la iniciativa proponen una nueva forma de ser cachaco: alguien que se estresa menos a bordo de la bicicleta, quien piensa en el medioambiente y ayuda a mejorar la movilidad. También señala que entra a suplir la falta de eventos propios de la ciudad:“Tenemos un Festival de Verano, pero no es algo tan representativo para la gente, como sí lo es Rock al Parque. Por eso creamos un evento de ciudadanos para ciudadanos”.

La estética cachaca

El frío y el carácter conservador de la sociedad bogotana influyeron en el atuendo cachaco. En los años 20 y 30, se impusieron los cánones de la moda europea, pero con los colores de la ciudad: gris, negro, marrón. Para Rocío Arias Hofman, experta en moda y periodista, no se puede hablar de una estética cachaca, porque nunca hubo un sello propio: era el vestuario de cualquier ciudad en época de invierno. En buena parte del siglo XX, el diseño quedó en manos de costureras y sastres, que copiaban los trajes de revistas europeas traídas por mujeres bogotanas de élite.

Sólo fue en los setenta cuando surgieron los primeros diseñadores en la ciudad, con figuras como Olga Piedrahita, Hernán Zajar y Ricardo Pava. Las escuelas de moda, entretanto, aparecieron apenas hace 15 años. Arias explica que hace cinco años una nueva camada de diseño independiente consolidó la confección en la ciudad. En ese momento, asegura, se fortalecieron los lenguajes diversos y la cuota local.

Bogotá ahora es la ciudad con mayor consumo de moda y de fábricas textiles en el país. También es la que tiene más diseñadores independientes. “Algunos jóvenes que pasaron por la Escuela Arturo Tejada, incluso estudiantes de literatura y arquitectura se fueron a estudiar a los sitios claves de Europa y Estados Unidos. Regresaron muy pulidos en lo técnico y conceptual. Ahora marcas como Juan, Laura Laurens y Manuela Álvarez tienen mucho que contarle a Milán”.

Frente al Ciclopaseo, Arias opina que es un espacio para apreciar la moda. Sin embargo, dice que “iría vestida de cachaca contemporánea, el lenguaje propio que están construyendo. El aporte real a la moda internacional”.