Vuelve el Festival Hippie

Bandas legendarias, como los Flippers, se presentaran en el parque de los hippies, en la carrera séptima con calle 60, para rendirle un homenaje a este movimiento.

Alfonso ‘Pocho’ Pérez /Luis Ángel

Con su pelo parado, sus pantalones y gafas amarillos y su arete en la oreja izquierda, Alfonso Pérez, más conocido como Pocho, llama la atención a donde quiera que vaya, sobre todo cuando cuenta que tiene 62 años y que aún se considera uno de los integrantes del movimiento hippie que surgió en Bogotá en la década de los sesenta y que mañana celebrará su festival en la localidad de Chapinero, en el parque ubicado en la calle 60 con carrera Séptima, más conocido como el parque de los hippies.

Este evento, que se realiza desde 2011 y que es organizado por el Distrito, busca recuperar la historia de este movimiento, que para muchos significó la apertura a las libertades individuales en el país. Bandas, como los Rockings, donde Pocho toca la batería, y los emblemáticos Flippers harán parte de este día, que además contará con la presencia de grandes personalidades del hippismo, como Doctor Rock. También habrá exposición de artesanías y mucha información de lo que sus seguidores llaman la “contracultura”.

Mauricio Jaramillo, alcalde de Chapinero, cuenta que la iniciativa ya es reconocida como un acto de integración y de construcción de la memoria de un espacio tan emblemático como este. “En la recopilación que se ha hecho, se cuenta que en la década de los sesenta, un grupo de jóvenes llamados “los melenudos”, que tenían influencia de los movimientos que se gestaban en Estados Unidos, se tomaron, en el buen sentido de la palabra, este parque. Aquí expresaban lo que pensaban, a través de manifestaciones artísticas como la música. Ellos arreglaron este lugar y se apropiaron para bien de él”, expresa Jaramillo.

El paisaje de personas con pelo largo, camisas de flores, pantalones bota campana, collares y los infaltables instrumentos musicales empezó a ser más común, aunque no por eso dejaba de ser impactante. Estos jóvenes transgredieron las costumbres de los “cachacos” de corbata y guantes, que estaban tan atados a la formalidad y a sus tradiciones conservadoras y se vieron “amenazadas” por primera vez por este movimiento. Eran decenas de personas las que visitaban el parque de los hippies cada día. “A veces la gente se escandalizaba, porque no es una mentira que se consumía marihuana y que a veces era tanto la emoción de los encuentros, que alguna mujer se destapaba”, dice entre risas Pocho, quien cree que gracias al hippismo, las actuales generaciones tienen tantas libertades.

Este músico bogotano asegura que fue fácil dejarse seducir por esas nuevas ideas. La música de la época empezó a cautivarlo hasta que él mismo, con visitas frecuentes al parque, decidió mezclarse con este nuevo mundo, que para muchos va más allá del amor y la paz. Esta corriente nació en San Francisco, Estados Unidos, en la década de los sesenta, y según cuenta Sandra Milena Ramírez, investigadora de este movimiento, el hippismo “fue concebido por sus integrantes como una revolución en contra del mundo material, la violencia, las actitudes marcadas por las generaciones anteriores”.

Avalaban el consumo de drogas, sobre todo de la marihuana, y el sexo libre, así como también el aborto y la libertad de cultos. Muchos de esos debates aún siguen vigentes. Cuando se habla de hippismo, se nombra un estilo de vida, experimentos artísticos, expresiones políticas, posturas antigubernamentales. En el caso de Estados Unidos, la lucha se direccionó contra la guerra en Vietnam.

Según Pocho, en este país las posturas cambiaron y se adecuaron al contexto criollo. Se rechazaba con vehemencia el cordón umbilical entre Estados Unidos y Colombia, a pesar de que se adoptaran muchas corrientes culturales. Pero, principalmente, los hippies criollos iban en contra de la doble moral de la sociedad colombiana. “Para nosotros era absurdo que en Bogotá las personas hablaran todo el tiempo de la familia y las buenas costumbres, cuando sabíamos que nada de eso se practicaba. Uno se enteraba de que algún papá era infiel, que la mamá era alcohólica, que los hijos salieron ladrones. Pero ante el mundo, siempre debían ser una familia de bien”, afirma Pocho.

Todas estas discusiones y debates ocurrían en este espacio, por medio de la tradición oral y del periódico alternativo Olvídate, donde la poesía, la música, el teatro y los ensayos políticos convivían y les daban vida a estos temas, en medio de una sociedad conservadora.

Tanto para el Distrito como para los que se autodenominan hippies, este movimiento fue muy significativo, no solo en Bogotá, sino también en las demás ciudades. Por eso su afán de conmemorarlo y acabar con los prejuicios y los estigmas de “locos y marihuaneros”. Aunque eso poco le importa a un verdadero hippie. Pocho, por ejemplo, dice que jamás olvidará su visita al festival de rock Ancón, en Medellín, no solo por lo emblemático que fue para esa generación, sino también porque allí tuvo que acostumbrarse a ser blanco de críticas, después de que las señoras de la región corrían detrás de ellos con biblias y camándula en mano para que “se les saliera el diablo”.