Vulnerables por el agua

Según el Acueducto, la ciudad tiene agua para abastecerse hasta 2022, cuando llegará al límite de la capacidad en sistemas como Chingaza, de donde proviene el 70% del líquido que consumimos. La calidad depende del río Bogotá.

El miércoles en la tarde, el Acueducto de Bogotá tuvo que informar que habría cortes de agua en el 70% de la ciudad. El anuncio generó preocupación entre los ciudadanos. No era para menos. La medida afectaría a unos cinco millones de bogotanos que en los últimos años no habían sufrido una interrupción en el servicio de semejante magnitud. Finalmente, la empresa pudo reparar la falla que causó el problema y el daño no duró siquiera un día, pero recordó la vulnerabilidad de los ciudadanos ante la falta del líquido vital. ¿Qué fue lo que falló y por qué se solucionó tan rápido? ¿Cuál es el límite de abastecimiento de agua para Bogotá?

La principal planta de tratamiento que envía a los bogotanos el 70% de agua que consumen diariamente se llama Francisco Wiesner y está ubicada en La Calera. El líquido que allí se trata proviene del sistema del páramo Chingaza y corre por una tubería de unos 40 kilómetros de extensión hasta llegar a Wiesner, donde le retiran las impurezas.

Luego de pasar por los filtros y la desinfección, el agua sale de la planta de tratamiento y pasa por unas compuertas que deben permanecer abiertas para que el líquido entre a unos túneles y pueda ser distribuido por Bogotá. El miércoles en la mañana la Empresa de Acueducto se encontró que las cadenas (guayas) que sostienen las compuertas se habían roto y esta especie de portón había caído e impedía que las aguas siguieran su camino hacia la capital.

Quien cuenta la historia es Mauricio Jiménez, encargado de la red matriz del Acueducto. Dice que la empresa tuvo que determinar un plan con tres puntos principales: el arreglo de la compuerta, la distribución de agua para Bogotá en carrotanques y el manejo de la distribución de la segunda planta, que provee el 28% del líquido a los capitalinos. “Incrementamos el caudal de salida de agua de la planta de Tibitoc de 4,5 a 7,5 metros cúbicos por segundo, con lo que la disminución en el servicio en la ciudad no fuera del 70% sino del 50%”.

En cuanto al arreglo, a las 10:30 de la noche del miércoles ya había sido terminado y desde la 3:00 de la mañana los tanques volvieron a llenarse para continuar con la distribución. El último gran daño del que se tiene registro en la ciudad ocurrió en 1997, cuando los túneles del sistema Chingaza se rompieron luego de un derrumbe por la falta de mantenimiento y se cortó la provisión de agua, lo que se sumó a la temporada de verano y las pocas reservas que había en los embalses.

Ahora, asegura Jiménez, el Acueducto analiza qué acciones se pueden implementar para evitar este tipo de fallas. En 1997 tuvieron que establecerse mantenimientos anuales a los túneles. Por el momento, la gente puede estar tranquila de que le llegará el agua para ducharse, ir al baño y comer. Pero el punto máximo de saturación —como lo llama el encargado de la red del Acueducto— llegará entre 2021 y 2022. Después tendrían que ampliarse la red para abarcar sistemas como el páramo de Sumapaz.

En este momento el agua que consume la capital subirá a unos 20 metros cúbicos por segundo. Actualmente consume 15,5 metros cúbicos por segundo.

Sin embargo, para Jiménez, la preocupación por el agua se debe más a la calidad. Señala que si los problemas del río Bogotá (una de las fuentes de agua de la ciudad) se incrementan, se puede complicar el asunto. Es decir, estaríamos en aprietos antes de 2021. La inquietud del futuro de esta cuenca se debe sobre todo a los desarrollos urbanísticos y la ganadería que proliferan en ciertos tramos de su recorrido.

Así que, aunque esta vez los cortes de agua sólo afectaron a la ciudad por algunas horas, cuando se había previsto que sería al menos un día y medio, el asunto recordó la conciencia sobre el consumo sostenible en los hogares. “El agua no es un recurso ilimitado, es un recurso que se tiene que cuidar desde las fuentes hasta el uso racional si queremos abastecer a las futuras generaciones”, dice Jiménez.

 

 

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@VeronicaTellez

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