¿Y dónde están los capos del Bronx?

El Espectador conoció el balance de capturas de miembros de los ganchos tras la intervención del Bronx. Pese a que hay veinte personas en esa lista, no están los jefes criminales.

Desde el operativo del Bronx, el 28 de mayo, han capturado a 20 personas presuntamente relacionadas con las estructuras delincuenciales del centro. / Óscar Pérez
Desde el operativo del Bronx, el 28 de mayo, han capturado a 20 personas presuntamente relacionadas con las estructuras delincuenciales del centro. / Óscar Pérez

La intervención de la Policía, la Fiscalía y el Distrito, en un primer momento, generó aplausos. Tres meses después, el silencio y la calma ocupan esas tres cuadras que llegaron a estar dominadas por el terror, del que también fueron víctimas decenas de niños. Sin embargo, con el paso de las semanas empezaron a aparecer los cuestionamientos. Además de que no se sabe qué va a pasar con los cientos de habitantes de calle que se dispersaron por la ciudad, se desconoce también qué sucedió con las mafias y los capos que controlaron y propiciaron esa “zona de despeje” del crimen.

Justo eso fue lo que le preguntó el concejal progresista Hollman Morris al general Hoover Penilla, comandante de la Policía Metropolitana. El Espectador conoció la respuesta oficial, que incluye la lista de personas que fueron capturadas durante y luego del operativo en esa plaza del centro. Una cosa sobresale: si bien la institución respondió con veinte nombres a la pregunta de cuántos cabecillas del microtráfico han sido capturados, solo tres de ellos pueden ser considerados, de alguna manera, miembros relevantes de las estructuras, según la misma información entregada por la Policía. El resto son integrantes rasos o medios.

Entre los “relevantes” está Teodulio Arango Montoya, alias Teo, capturado el 28 de mayo, en el operativo. Según el informe de la Policía, el caldense de 34 años habría sido el cabecilla de finanzas en el Bronx. Sin embargo, los delitos por los que lo procesan son la fabricación de explosivos y el tráfico de armas. En días posteriores fue detenido su supuesto jefe de seguridad, Luis Alfonso Jaramillo.

El día de la toma del Bronx también fue capturado Rónald Rodríguez Pacanchique, alias Flaco, un hombre de 35 años al que las autoridades tienen como el jefe de un expendio en Tunjuelito, al servicio del gancho Mosco, y a quien procesan, junto a otras seis personas, por secuestrar a dos detectives del CTI, el 26 de mayo de 2015.

Ese día, según la reconstrucción de los hechos que hizo la Fiscalía, el par de agentes llegaron al Bronx en busca de Wilson Fernando Núñez, quien había sido reportado como desaparecido. Contactaron a dos campaneros en busca de información. La situación se salió de control y los agentes fueron secuestrados por sujetos vestidos de payasos que los llevaron a una casa conocida como Amarillo. Uno de los disfrazados era el Flaco, quien les mostró un revólver y les dijo que iban a jugar a la ruleta rusa. Los torturaron por cuatro horas, antes de dejarlos ir: fueron asfixiados con cables, intimidados con un machete y amenazados: “Los vamos a picar y a meter en costales”.

Hasta el Flaco llegan los capturados con cierto rango en las organizaciones. Otra persona a la que la Policía relaciona con el secuestro de los agentes del CTI es Blanca Henao. Ella, a quien señalan como administradora de un expendio del gancho Mosco, fue capturada el 1 de junio, por su presunta responsabilidad en el tráfico de drogas. Sin embargo, ese mismo día la Fiscalía solicitó que se le retirara la medida de aseguramiento y un juez ordenó su libertad. El Espectador pudo establecer que al menos otros dos de los veinte capturados quedaron libres luego de que se determinó que su captura fue ilegal.

Las capturas continuaron el 22 de junio, cuando la Policía allanó la olla de Cinco Huecos, en Los Mártires. Allí capturó a dos mujeres y dos hombres, quienes siguen encarcelados a la espera de que se les procese por tráfico de drogas y de armas. Entre los demás arrestados hay once personas a quienes la Policía presenta como sayayines de los distintos ganchos, es decir, hacían parte de los cuerpos de seguridad que con violencia imponían el orden en el Bronx.

Esa figura del “sayayín” (hombres fuertemente armados, con amplios sistemas de comunicación y que dominan redes de campaneros) llegó desde Pereira al Bronx en 2008, de la mano de Rigoberto Arias Castrillón, alias Rigo, quien había hecho carrera criminal en las Auc, bajo la tutela de Carlos Mario Jiménez, alias Macaco, y que luego de la desmovilización paramilitar creó la banda La Cordillera. Su grupo se expandió en el Eje Cafetero, desde donde decidió expandirse a Bogotá.

En el Bronx comenzó una disputa con los dos supuestos capos de entonces: los medio hermanos César González, alias Homero, y Óscar Alcántara, alias Mosco. La disputa fue tan sangrienta que se sentaron a negociar y se repartieron la plaza. En 2013 cayeron esos tres supuestos capos. Sin embargo, solo Rigo fue condenado, a 8 años, por concierto para delinquir. Como lo contó El Espectador en mayo, los otros dos fueron absueltos. Homero quedó libre y Mosco está detenido en su casa, pero no por ser el jefe del Bronx que mostraron las autoridades, sino por haber asesinado, en 1997, a Luis Obregón, alias Caleño, señalado entonces por la Policía como el capo del Cartucho.

En 2013, además, fueron capturadas otras 30 personas, señaladas de ser miembros de esas estructuras. La mayoría llegaron a acuerdos con la justicia y obtuvieron condenas de entre 4 y 9 años. Algunos ya están en libertad condicional. El concejal Hollman Morris sostiene que le parece inaudito que no se conozca el organigrama de esas estructuras, ni los nombres de sus cabecilla, y más “en un país que tiene experiencia en la lucha contra el narcotráfico, y con ciudades como Medellín o Cali, donde tienen identificados a los cabecillas”. El Espectador buscó respuesta a estos cuestionamientos en la Policía Metropolitana, pero no la obtuvo. En plata blanca, la situación de hoy es similar a la de 2013. Muchos miembros rasos de las estructuras han sido capturados, mientras que los capos siguen en la calle.