Zapateros, asfixiados por los chinos

En los últimos cinco años, el volumen de zapatos proveniente de China se cuadruplicó, pasando de 3,6 a 14,4 millones de pares.

En 1988, la familia de Ángel Varón salió a las calles del Restrepo ofreciendo zapatos de cuero. Durante la década de los noventa, el negocio prosperó: “ iba muy bien, pero desde 2007 se empezaron a caer las ventas. Antes vendíamos hasta 40 mil pares de zapatos al año y ahora si acaso vendemos 5 mil”. En tan solo ocho años, cuenta Orlando Arias, dueño de otro local en el mismo barrio, su negocio de calzado pasó de vender 1000 pares en 2000 a 80 mil en 2007. Sin embargo, en los últimos años, las cosas han dado marcha atrás: “la mayoría de comerciantes en el Restrepo estamos igual. Yo ya despedí al 70% del personal porque he vuelto a vender lo mismo: 1000 zapatos”.

La Secretaría de Desarrollo Económico (SDE) lo admitió: en la ciudad se están cerrando dos o tres fábricas de calzado cada día. Y al concordar con la difícil situación por la que está pasando el gremio de calzado, los líderes de Restrepo, San Benito, Isla del Sol, Villapinzón y Chocontá convocaron a diferentes centrales obreras y a todos los trabajadores que hacen parte de la cadena productiva del cuero para que se manifestaran pacíficamente. Desde el jueves en la mañana alrededor de siete mil trabajadores le exigieron al gobierno “medidas eficaces de protección para evitar que continúen cerrando empresas”.

La pelea está casada contra el zapato chino: “los zapatos chinos de cuero los venden a $10 mil, contra eso no se puede competir. Yo producía en el Restrepo 4 mil pares y en 2012 solo saqué 500 al mercado. Luego de tener 45 empleados, pasamos a 12”, señala Ermes Camargo, empresario del sector. Las microempresas también están estancadas “empezamos haciendo zapatos para niño hace un año. Vendemos a $15 mil el par para obtener algo de ganancia. Ya estamos quebrados porque los chinos venden a $30 mil la docena”, dice Alberto Monroy.

Los manifestantes le solicitaron al gobierno prolongar el decreto 0074 de 2013, que impone un arancel de cinco dólares por un par de zapatos importados o por un kilo de confección durante un año. Algunos fueron más allá y le pidieron al presidente Juan Manuel Santos que aumente el arancel de cinco dólares a 10 o 13 dólares. Si esto se hiciera, dicen, se reactivaría de inmediato la fabricación de calzado. Eso sí, siempre y cuando la subfacturación y el contrabando sean controlados en la ciudad.

Para Carlos Simancas, secretario distrital de Desarrollo Económico, subir el arancel sería solo una medida transitoria: “en estos momentos la producción de 2200 pares de zapatos con los cuales contribuye Bogotá a los 110 millones que produce el país está en peligro por la competencia desbordada y los bajos precios de los productos chinos. En defensa, el gobierno nacional tomó como el arancel de los cinco dólares, lo cual es un medida transitoria y no estructural ni profunda”.

En la manifestación protestaron empleadas de servicio, obreros, vendedores de zapatos, fabricantes,: “estamos comprometiendo 6 mil empleos directos y todos los indirectos que están asociados al campo de las confecciones. No podemos dejar caer una de las industrias históricas y culturales más importantes de Bogotá. Hay 600 unidades productivas y cada día se están cerrando dos o tres fábricas ”, dice Simancas.

En los últimos cinco años, el volumen de zapatos proveniente de China se cuadruplicó, pasando de 3,6 a 14,4 millones de pares. A la capital llegaron 1’604.103 pares de zapatos importados desde el país asiático en 2012 por un valor inferior a $2 mil pesos el par. De hecho, alrededor de 2’700.000 pares se registraron en menos de $4 mil pesos, según cifras de la Secretaría de Desarrollo Económico. Las estadísticas del gremio de calzado en el Restrepo señalan que en lo que va de 2013 han ingresado 32 millones de pares de calzado provenientes de Asia.

Las recomendaciones que el Distrito le sugiere al gobierno nacional para evitar el colapso en la producción de calzado son: “mayor eficiencia en la administración de aduanas; implementar sistemas modernos de inspección de mercancías y sistemas de información que permitan monitorear los precios internacionales de referencia de determinados bienes”.

De momento el Distrito está listo para el implementar el proyecto “potenciar zonas de aglomeración de economía popular”, que consiste diseñar estrategias que sean útiles para aumentar la productividad de los pequeños productores de calzado y marroquinería del Restrepo ampliado. Desde este sector se produce el 40% de calzado en la ciudad y de las fábricas asentadas en este barrio dependen 3 mil empleos directos. La producción anual del sector está calculada en 2,2 millones de pares de zapato al año.

Otra ayuda que prometió la Secretaría de Desarrollo Económico tiene que ver con los insumos que se girarán desde el Centro de Servicios Empresariales (ZASCA), que se inaugura en agosto. Para este proyecto, la Organización de Naciones Unidas invirtió 2 millones de dólares. Sin embargo, advierte Simancas, “no hay que ser demagógicos. Esto puede absorber una parte de los productores, pero no a toda la población que está vinculada en el sector manufacturero. La exposición de la economía bogotana y colombiana al exterior requieren de unos ritmos y de una política específica para no dejar en la calle y en la pobreza a muchas familias”.