En el siglo XXII podría ocurrir una colisión con la Tierra

2018: ¡Vamos a dos asteroides!

La Agencia Espacial del Japón y la NASA intentarán otra hazaña de la ingeniería y la ciencia aeroespacial: con una sonda del tamaño de una nevera y otra tan grande como un carro recolectarán muestras de la superficie de dos enormes rocas estelares.

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Los asteroides pueden haber sido esenciales para la formación de los océanos. También es posible que arrastraran hasta aquí las primeras semillas de la vida. Pero al mismo tiempo representan una amenaza girando sobre nuestras cabezas a miles de kilómetros de distancia. Las evidencias sugieren que el impacto de un asteroide hace 66 millones de años produjo la extinción de tres cuartos de las especies de plantas y animales en la Tierra, la llamada extinción masiva del Cretácico-Paleógeno o, coloquialmente, el fin de la era de los dinosaurios.

Esas son razones más que suficientes para querer estudiarlos. Las agencias espaciales cuentan con sistemas de monitoreo continuo de asteroides que evalúan las posibilidades de futuros impactos con la Tierra. El sistema Sentry de la NASA ha identificado 680 asteroides cercanos a la Tierra que son potencialmente riesgosos. Nuestra mejor defensa contra esta amenaza no es enviar a Bruce Willis y a Ben Affleck al espacio. Es aprender tanto como podamos sobre los asteroides, y 2018 es un año crucial para hacerlo.

Este año, las sondas Hayabusa 2, de la Agencia Espacial del Japón (JAXA), y Osiris-REx, de la NASA, alcanzarán dos asteroides con el objetivo de recolectar muestras y devolverlas a la Tierra. Esta proeza de la ingeniería aeroespacial está apenas precedida por la misión Hayabusa, también de JAXA, que en noviembre de 2005, después de grandes dificultades, logró recolectar muestras del asteroide 25143 Itokawa, un objeto rocoso de apenas 350 metros de diámetro que se encuentra en la lista de asteroides riesgosos para la Tierra, y las devolvió a nuestro planeta tras un accidentado aterrizaje en el desierto alrededor de la base de Woomera, en el sur de Australia.

En julio de 2018, su sucesora, Hayabusa 2, espera llegar a 162173 Ryugu, un asteroide rocoso de menos de un kilómetro de diámetro que da una vuelta alrededor del Sol cada 473 días en una órbita promedio un poco más grande que la de la Tierra. A bordo de Hayabusa 2 viaja un pequeño módulo de aterrizaje (poco más grande que una caja de zapatos) desarrollado por las agencias espaciales de Francia (CNES) y Alemania (DRL), que efectuará análisis del suelo del asteroide, y tres pequeños vehículos (róvers) Minerva que recorrerán su superficie recolectando imágenes y registrando temperaturas. El sistema de recolección de muestras (SMP) almacenará las partículas de polvo expuestas por un proyectil diseñado para producir un cráter de unos cuantos metros de diámetro en la superficie de Ryugu. Las cámaras en los distintos módulos del proyecto monitorearán el asteroide hasta finales de 2019 y se espera que las muestras regresen a la Tierra antes de finalizar el año 2020.

En agosto de 2018, Osiris-REx alcanzará 101955 Bennu, un asteroide con alto contenido de carbono de poco menos de 500 metros de diámetro. Bennu es célebre porque se estima que tiene una probabilidad de 1 en 2.700 de colisionar con la Tierra hacia finales del siglo XXII, pero también porque su composición indica que se trata de un objeto muy antiguo y precede la época de formación de la Tierra.

Osiris-REx es más pequeño que un automóvil. Cuenta con un avanzado sistema de comunicaciones y una serie de instrumentos para estudiar el asteroide en muchas frecuencias del espectro electromagnético. Su sistema de recolección de muestras (Tagsam) está compuesto por un brazo robótico de tres metros y medio de longitud con un cilindro en su extremo. Osiris-REx está diseñado para acercarse lentamente a Bennu, a 10 centímetros por segundo, menos que la velocidad de una persona caminando. Cuando el cilindro haga contacto con la superficie del asteroide, liberará un chorro de nitrógeno gaseoso, removiendo muestras de polvo y rocas que se almacenarán en su interior.

Osiris-REx cuenta con suficiente nitrógeno para hacer tres intentos de recolección. Cada uno toma menos de cinco segundos. El cilindro será almacenado en una cápsula de retorno que será liberada por Osiris-Rex cuando regrese a la órbita de nuestro planeta en 2023.

Ninguno de los dos asteroides tiene suficiente masa para que la fuerza de gravedad pueda atrapar las respectivas sondas. Por eso cada maniobra será un ballet de ingeniería de precisión que apenas podemos imaginar a través de las imágenes que nos puedan transmitir estas dos misiones. Las muestras que puedan recolectar Hayabusa 2 y Osiris-REx no solamente serán valiosas para descifrar la historia de nuestro sistema solar. También serán la prueba del gran esfuerzo de miles de ingenieros y científicos y del increíble alcance de la creatividad humana.

Contando objetos voladores

Hay más de 750.000 objetos hasta ahora descubiertos que orbitan alrededor del Sol. Su clasificación está regulada por el Centro de Planetas Menores (MPC), una organización bajo el auspicio de la Unión Astronómica Internacional (IAU).

Cuando se descubre un nuevo objeto, la MPC se encarga de comprobar que no corresponde a un objeto conocido, y cuando se comprueba que se puede predecir su trayectoria, el objeto recibe un número de identificación permanente. La persona que hizo el descubrimiento está invitada a sugerir un nombre que se juzga en un panel de astrónomos de la IAU. Estos nombres tienen que ser pronunciables en algún idioma, tener menos de 16 caracteres, no tener un carácter ofensivo y ser diferentes a los nombres ya existentes. No se aceptan nombres de mascotas ni denominaciones con fines comerciales.

Cuando estos objetos se encuentran más cerca del Sol que la órbita del planeta Júpiter, se los llama asteroides. El más grande de ellos es Ceres, un objeto esférico de roca y hielo de aproximadamente 945 kilómetros de diámetro, poco menos que la distancia entre Cali y Riohacha. Los asteroides son importantes para los astrónomos porque constituyen fósiles del proceso de formación del sistema solar y contienen información clave sobre la formación y evolución de nuestro planeta.

 

 

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