Cambiar la forma de alimentar al ganado no nos salvará del cambio climático

La creencia de que alimentar al ganado con pasto en vez de granos es más benéfico para el medio ambiente fue finalmente refutada

Neil H / Flickr

Se cree que las vacas que eran alimentadas con pastos naturales, y no con granos o concentrados tenían un impacto menor en la emisión de dióxido de carbono.  No es así. Este argumento acaba de ser desestimado por un grupo de investigadores de la Food Climate Research Retwork, de la Universidad de Oxford en el Reino Unido.

La ganadería extensiva es responsable por 14.5 por ciento de las emisiones de gases de efecto invernadero en el mundo. “Comer carne o tomar leche de ganado alimentado con pastos no resuelve el problema de la huella de carbono. Solo una reducción en el consumo podría hacer eso”, dijo Pete Smith, de la Universidad de Aberdeen en Estados Unidos, a la revista Science.

Vacas, cabras y otros animales emiten gases como el óxido de nitrógeno, dióxido de carbono y gases metano en cantidades que han cambiado la atmosfera significativamente. Estas emisiones se han mantenido por largo tiempo. A medida que más personas tiene acceso a carne regularmente, más aumenta la demanda, junto con largas hectáreas para el pastoreo y grandes instalaciones para la cría de ganado.

La gran mayoría de animales para el consumo humano como pollos, cerdos y vacas crecen con base en una dieta de granos en galpones o criaderos, sin acceso a pastos. Quienes proponen este sistema argumentan que es una manera eficiente de mantener intactos los ecosistemas que se verían afectados si se aplicara la ganadería en ese territorio.

Pero estos sistemas también contaminan las aguas con amoníacos, patógenos y antibióticos. Peor aún, como los rumiantes desarrollaron estómagos diseñados para digerir pasto, cuando consumen soya o maíz generan mayor cantidad de emisiones de gas.

Por eso se propuso que dejar pastar al ganado era una mayor opción para el medio ambiente. Las plantas tomarían el CO2 a través de sus hojas y lo convertirían en oxígeno, mientras los desechos de los animales abonarían la tierra. Esta creencia es precisamente la que desmitifica el estudio publicado en la revista Grazed and Confused.

Argumentan que no hay evidencia de que el ganado alimentado con pastos haga una diferencia, sino que contribuye de todas maneras a la emisión de dióxido de carbono, pues cuando muchos animales habitan un terreno, hacen peso sobre la hojarasca y los suelos, aplacando las plantas e impidiendo la absorción de carbono y la posterior conversión en oxígeno. Según el estudio, el secuestro de carbono del que son capaces las plantas no es suficiente para equilibrar las emisiones de carbono de los rumiantes.

“Al final, la solución real es reducir el consumo mundial de carne”, dijo Tim Benton, un estudioso de la agroecología sostenible de la Universidad de Leeds, en Inglaterra, a la revista Science. “Nuestra creciente demanda de carne está llevando al planeta hacia una dirección insostenible. Ninguna forma de pastoreo va a cambiar eso”.