Ciencia, en la cuerda floja por la separación de Gran Bretaña de la Unión Europea

La decisión de ese país, donde se genera casi 7 % de la producción científica mundial, tiene preocupados a los investigadores. Grandes proyectos, que dependen de la colaboración externa, pueden estar en vilo

Sólo entre 2007 y 2013, investigadores de Reino Unido recibieron 8.800 millones de euros de la UE.  / iStock
Sólo entre 2007 y 2013, investigadores de Reino Unido recibieron 8.800 millones de euros de la UE. / iStock

A principios de marzo de este año, cuando había quedado en firme la realización de la votación para que Reino Unido permaneciera en la Unión Europea (UE), Jo Johnson, ministro de Ciencia, pronunció un discurso en la Universidad de Cambridge, en el que lanzó una advertencia: “El Brexit será una puñalada para la ciencia”, al tiempo que ratificó que nueve de cada diez científicos estaban en contra de la medida.

Sus palabras, sin embargo, no tuvieron mucho eco en la población. Tampoco las tuvieron las de varios investigadores y hasta ganadores del Premio Nobel, que incluso días antes de que se hiciera el referéndum, insistían en que la iniciativa de separarse de la UE podría ser perjudicial. Pocos les hicieron caso y ahora, cuando ya la suerte está echada, el futuro de ese sector, clave en la producción científica de todo el mundo, se tambalea en una cuerda floja.

Así, al menos, lo replican académicos británicos que prevén un gran recorte en el presupuesto para investigación y una interrupción en el flujo de científicos entre Inglaterra y el resto de los países. “Un día negro para la ciencia”, lo llamó Paul Boyle, rector de la Universidad de Leicester. “Este es un mal resultado para la ciencia británica (...) que se nutre de las ideas y de las personas y reduce al mínimo las barreras”, aseguró al diario The Guardian Paul Nurse, premio Nobel de Medicina. “Esto va a ser muy perjudicial”, le dijo a la revista Nature Jonathan Butterworth, físico de la University College de Londres. Él, por ejemplo, trabaja en el experimento ATLAS, del Colisionador de Hadrones.

La preocupación de todos ellos se sustenta en unas cifras contundentes: Reino Unido es el responsable de 6,9 % de la producción científica global y allí se reúne 3,3 % de los investigadores del planeta gracias a acuerdos de cooperación. De hecho, 30 % de ellos no tiene nacionalidad británica y la mayoría (más de 30 mil) proviene de países de la Unión Europea. Números que podrían venirse a pique cuando la financiación se interrumpa. ¿Por qué? Esencialmente porque ello obligaría a frenar el flujo de colaboraciones y reduciría la entrada de recursos para investigar.

En otras palabras, hoy el Reino Unido, que produce 15 % de los artículos más citados del mundo, financia buena parte de sus científicos con dinero de la UE. Sólo entre 2007 y 2013, según dijo hace unos meses Robert Lechler, presidente de la Academia de Ciencias Médicas, recibieron cerca de 8,8 millones de euros del organismo europeo. Por otro lado, ese país aportó a la UE unos 5,4 millones de euros para investigación en el resto de naciones.

Pero más allá de esos dígitos, lo que más parece inquietar a los científicos es que grandes programas de investigación se interrumpan por cuenta del Brexit. El mejor ejemplo es el Horizons 2020, que fue pactado hace tres años y reúne a 15 países.

Como escribe en Agencia Sinc Eduardo Oliver, del Experimental Imperial College, en el mejor de los escenarios Gran Bretaña tendrá que firmar convenios puntuales para acceder a esos programas o para permanecer en los grandes proyectos europeos, como el CERN o el Human Brain Project, acaso la iniciativa más grande para desentrañar los secretos del cerebro humano.

 

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