¿Cómo era Colombia cuando el hombre llegó a la Luna? 

Así vieron el alunizaje los indígenas Yanacona en 1969. Este y otros recuerdos que marcaron a las personas hace 50 años.

Collage con las tendencias colombianas en 1969. Diana Carolina Velasco y Gabriela Martínez.

Cali, de colores vivos y protestas

En la casa de los Pinzón Murcia, el sol de mediodía a veces venía acompañado de protestas que colapsaban la Calle Quinta de la ciudad y obligaban al padre a ir por los niños a la escuela antes de la hora habitual. Su hija, Yessenia, estudiaba con las monjas, así que su uniforme era un vestido blanco de pliegues perfectos que debía cubrirle las rodillas. Sin embargo, Yessenia y sus amigas llevaban siempre en la maleta hilo y aguja para hacer más corta la falda en cuanto salían del colegio. La moda de la época eran las minifaldas, y a sus 10 años de edad ya querían usarlas. También se utilizaban los colores vivos, las balacas en la frente, los pantalones de “terlenca” con la bota más ancha posible y los zapatos de plataforma.

 El día del alunizaje, Yessenia se sentó con su familia y amigos frente al televisor, era esa “cajita mágica como de 9 pulgadas que tenía a todos concentrados en el centro de la sala”. La transmisión se hizo sin cortes comerciales, a blanco y negro, y con un comentarista que explicaba en español toda la hazaña que se desarrollaba en inglés. Mientras Neil Armstrong y Edwin Aldrin caminaban sobre la superficie de la Luna, Yessenia y sus amigos observaban atentos a la caja mágica: “nosotros veíamos por el televisor cómo el señor caminaba por la Luna y luego salíamos a la calle a mirar la Luna, y decíamos “ahí está, en ese punto de allá está caminando el astronauta” y volvíamos a entrar a la casa a ver el televisor. “Toda la noche hicimos lo mismo”. (Lea también: Sputnik-1, el primer “round” de la guerra espacial)

 La Luna más de cerca 

La venta de televisores para avistar la llegada a la superficie lunar estaba acompañada de frases como “vea segundo a segundo en este soberbio televisor la más grande proeza del hombre”. Marcas como Phillips, Sharp, Singer, Magnasonic, Motorola y Sylvania ocupaban la publicidad de la prensa ofreciendo televisores de 23 pulgadas por un promedio de $6.450 con la facilidad de diferirlo a 20 cuotas de $352 mensuales. Esto equivaldría a un costo de $5’435.832 y cuotas de $296.653 mensuales actualmente.

 

El Instituto Nacional de Radio y Televisión, Inravisión, ofrecía “sus ojos en la luna al mismo tiempo que los ojos de los astronautas” en el canal 7 con transmisión directa Vía Satélite; desde el lanzamiento de la nave el miércoles 16 de julio hasta la vuelta a la Tierra el jueves 24 de julio de 1969. Entre esas fechas, la más esperada era el domingo 20 con el alunizaje y su trasmisión directa a las 2:30 p.m. y a la medianoche, hasta el lunes 21 con el inicio de la caminata lunar. (Le puede interesar: Apollo 11: La imaginación siempre fue primero: de Galileo a Star Trek )

 El alunizaje para los indígenas Yanacona

En el corazón del Macizo Colombiano se encuentra el resguardo Ríoblanco, a unas cuatro horas de Popayán. Allí, los indígenas Yanacona, como Ari Campo, vivieron el alunizaje de una forma distinta, en la Colombia rural que para la época no tenía televisión. En ese momento Campo tenía diez años y se dio cuenta de la llegada del hombre a la Luna por medio de sus mayores, quienes se reunieron en una tienda a escuchar por radio el minuto a minuto del acontecimiento. La emisora sintonizada era La Voz de los Andes, de Ecuador.

Mientras escuchaban la transmisión, los comentarios se dividían en dos bandos: por un lado, estaban aquellos que pensaban que era un atrevimiento, pues Armstrong no podía creerse un dios como para transgredir a la deidad femenina que representa la Luna para los Yanacona: “yo escuchaba ideas como ¿qué dirá la Luna? ¿por qué la pisan? En el mundo andino el pisar tiene dos connotaciones: contactar o dañar, pero como la imagen era de un zapato en la Luna podía ser visto como un daño”. Por otro lado, estaban quienes contestaban tales opiniones diciendo que en vez de criticar, se debía valorar el hecho como un avance tecnológico, ya que los ‘atrasados’ eran ellos.

De aquella disputa Ari nunca escuchó una conclusión. Al día siguiente, en la única escuela del pueblo, él y sus amigos comentaban e imaginaban cómo era la nave espacial, ya que Ari solo pudo ver fotos del suceso a sus 15 años, cuando salió del resguardo hacia la ciudad. (Le sugerimos: Las mujeres que nos llevaron a la Luna)

 

Bogotá, la capital polarizada 

Juan Manuel Pavía vivía en el cuarto piso de un edificio residencial de la calle 68 en Bogotá. Con tan solo diez años, ya era testigo de la necesidad que tenían las personas de identificarse con un color: “todo el mundo le pedía a uno posición política, rojo o azul, rojo encendido que eche humo o azulito camándula, yo siempre elegí el rojo de mi papá”. Durante esa época, el presidente era Carlos Lleras Restrepo, un liberal que estaba en el poder gracias al recordado Frente Nacional. 

Juan Manuel pertenecía a la clase media de la capital, por lo que en su casa contaba con todos los electrodomésticos, entre ellos el televisor de tubos. Aquel televisor debía conectarse y esperar a que se calentara por completo y luego acomodar la antena según lo buena o mala que estuviera llegando la imagen proyectada. A través de ese aparato, Juan Manuel vio el alunizaje en la casa de su amigo Juan Silva: “había problemas con la señal de sonido que llegaba más lenta. Era un fin de semana y estaba todo el mundo en función de eso, unos muñequitos brincando y poniendo la bandera en la Luna”. Después del suceso, Juan Manuel creció en un país que pasó de la radio a la televisión. 

Entre acuerdos y desacuerdos 

 
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Diana Carolina Velasco y Gabriela Martínez

Aparte de la tensión política y mientras los astronautas se enfocaban en su preparación para ir a la Luna y volver a la Tierra con éxito, en Colombia el cambio de tarifas y condiciones de los buses de transporte público aquejaba a la comunidad y a las centrales obreras. Los titulares decían “escoja su bus,  pues se establecieron tarifas diferenciales según el modelo del bus en que viajaría, que oscilaban de 45 a 60 centavos, tanto así que hubo paro nacional hasta que en la negociación, después de 25 horas seguidas de diálogo entre el presidente Lleras y las Centrales Obreras, se logró un acuerdo para revisar las tarifas de los buses.

El mundo estaba conmocionado por la noticia de que un ser humano llegara a la Luna y esperaba ser testigo de ese suceso. Acercándose el mes del viaje, la Asociación de Trabajadores de la TV (Acotv) entró en paro por el reemplazo de personal colombiano y utilización de recursos extranjeros y no nacionales para la producción de programas televisivos. Se acordó el fortalecimiento de la televisión pública nacional para generar opinión alternativa a la privada, licitaciones públicas e incremento de la programación en vivo. 

1969 fue el año en que Colombia tuvo dos presidentes. El entonces designado presidencial, Julio César Turbay Ayala, asumió la presidencia por ocho días mientras Lleras se reunía con el presidente Nixon en Estados Unidos para el Plan de Acción Interamericano en la OEA, y discutir cuestiones de economía, relaciones comerciales y desempleo. 

Nariño y Telecom 

 
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Diana Carolina Velasco y Gabriela Martínez

Jairo Benavides tenía siete años cuando el primer ser humano llegó a la Luna. Vivía en el pueblo La Unión, en Nariño, y el único televisor de la cuadra lo tenía el empleado de Telecom. Esta persona prestó su casa el día del alunizaje para que tanto Jairo como sus vecinos fueran testigos del hecho. Uno de los que no asistió fue el abuelo de Jairo, pues le dijo a su nieto: “eso es mentira, el hombre nunca ha llegado a ninguna parte, algo le colocarán para que parezca que llega”. Sin embargo, Jairo fue a la casa del vecino a ver la transmisión. Todos quedaron en suspenso cuando Neil Armstrong bajaba de la nave para pisar la Luna. Al día siguiente, en la escuela el tema de conversación era quién vio y quién no. 

Así como Jairo vio el suceso gracias a Telecom, las comunicaciones en el pueblo se manejaron por medio de esa empresa hasta los años 80. Cuando Jairo salió de su pueblo para estudiar en la Universidad del Valle y debía enviar un telegrama citando a sus familiares en un día y hora concretos para que contestaran su llamada desde una cabina de Telecom. Durante la llamada era muy común que se fuera la señal, así que se debía agendar otra llamada, caso similar a lo que ocurría cuando las cabinas estaban ocupadas a la hora de la cita. 

Sueños al alcance 

Las loterías llenaban las páginas de los periódicos. Se encontraba publicidad de loterías cada dos o cuatro páginas; loterías a nivel nacional como la Lotería de Santander, Manizales, Bogotá, Guajira, Medellín, del Quindío, del Cauca; o loterías de fútbol como Totogol. Muchas veces el premio mayor alcanzaba un millón de pesos, equivalente a 842 millones de pesos hoy. Con frases como “prepárese para nadar en plata” se motivaba al público a comprar billetes del Sorteo Extradoble de Colombia por $20 ($16.000 hoy) para tener la esperanza de ganarse 15 millones de pesos, hoy $12.640 millones aproximadamente. 

Frases como “haga suyo el mundo” y “triunfe usted también” ponían a prueba la motivación para estudiar en institutos y academias nacionales e internacionales. Se ofrecían carreras como secretariado, contabilidad, dibujo, costura y confección, inglés e, incluso, reportería y periodismo. 

Mientras se preparaban viajes al espacio, se calculaban las órbitas lunares y se ultimaban detalles para el alunizaje. Las aerolíneas y cruceros ofrecían viajes haciéndolos parecer al alcance de cualquier colombiano del común. Imaginar un viaje a París, Hong Kong, Singapur, Hawai, Nueva York, Inglaterra o Francia, era un lujo, incluso hoy lo sigue siendo.    

Tendencias y productos 

 
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Diana Carolina Velasco y Gabriela Martínez

Gillette lanzaba el primer desodorante en aerosol y Alka-Seltzer ya se usaba para la indigestión, comprar cigarrillos Piel Roja por docenas era “darse gusto” y con Cigarrillos Andino “estar frescos y ser finos” era pertenecer a “una generación que busca lo mejor”; en licores el Ron Medellín añejo, Cervezas Andina, Aguila y Club Colombia eran populares. La Keratina tan famosa hoy, en 1969 era Glatt crema alisadora porque “la moda es cabello liso… por eso Glatt es la moda”. Las publicaciones de moda en ropa y peinados eran a color. En la Sección Femenina de El Espectador se hablaba de tendencias europeas; para hombres, trajes y abrigos en Bogotá, y para mujeres faldas, sombreros, blusas con mangas largas, estampados, colores pasteles y pelo largo. Singer era líder en electrodomésticos como máquinas tejedoras, máquinas de coser, televisores, estufas, neveras y estéreos; y se promocionaban las calculadoras electrónicas silenciosas de mesa como una novedad de última tecnología. 

Juegos y pasatiempos 

El fútbol, con la Copa América, y torneos nacionales, con el Deportivo Cali como campeón. El ciclismo, con la XIX Vuelta a Colombia (ganada por Pablo Hernández) y la Vuelta al Táchira. Las corridas de toros, el boxeo y el ajedrez (con Carlos Cuartas) eran los deportes que ocupaban las páginas de la sección de deportes del periódico que siempre se resaltaba en letras rojas. 

Para el entretenimiento y la diversión, los toreros de España y Colombia se unían para las temporadas de toros en el país. Se hizo el IX Festival de Cine con películas norteamericanas, francesas, rusas y también producciones colombianas que se proyectaban en los tradicionales teatros Olympia, El Cid, Embajador, Teatro Faenza, Teatro México y Libertador en Bogotá. Algunas de las películas más recordadas eran La noche del adiós, Ratas del desierto, Morir por su amor, Dios como te amo, Ana Karenina, Sor Ye-ye y Espera la oscuridad. En música, Armando Manzanero y Los Picolinos se presentaban en el Hotel Tequendama, mientras los espectáculos de mariachis mexicanos se ofrecían en otras parte del país. Al mismo tiempo, Harold llegaba a Bogotá con canciones como Ayer y hoy, Ámame y Presiento; Fabiano con Zingara y Yo te amo, te amo, te amo, y Sandro con Quiero llenarme de ti.    

Esa era la Colombia de 1969, la misma que se maravilló de ver caminar un hombre en la Luna la noche del 20 de julio, cuando se conmemoraban 159 de la Independencia.

*Estudiantes de Comunicación Social-Periodismo