Estudio en la revista de Royal Society

El banco de rostros que recordamos es de hasta 5.000 caras

Con base en la evidencia, psicólogos de la Universidad de York estimaron que el cerebro humano puede identificar entre 1.000 y 10.000 amigos, familiares o famosos.

Existe una gran diferencia entre nuestra capacidad para reconocer rostros familiares y desconocidos./ Getty Images

Al parecer, no hay excusa científica para que un viejo amigo no lo reconozca en la calle tras años sin verse. Tendría razón en ofenderse, puesto que el cerebro de una persona promedio puede identificar hasta 5.000 rostros conocidos. Así lo sugiere una investigación hecha por psicólogos de la Universidad de York, en Reino Unido.

Esta estimación es pionera entre los estudios de reconocimientos de rostros. Porque, ante el sinnúmero de artículos sobre cómo funciona el cerebro frente a caras conocidas y desconocidas, nadie se había aproximado a estudiar cuántas podía reconocer. Bajo esa sospecha nació este artículo, publicado en la revista científica de la Royal Society. (Lea acá: Reconocimiento facial: peligros de una tecnología en auge)

Para responder “¿cuál es la cantidad de caras que la gente realmente conoce?”, los psicólogos convocaron a 25 estudiantes de las universidades de Glasgow y Aberdeen, ambas en Escocia. De ellos, 15 eran mujeres y 10 hombres; con una edad promedio de 24. Todos fueron expuestos a evidencia durante seis horas.

En ese tiempo los participantes llevaron a cabo dos tareas. La primera fue recordar por una hora el número de caras conocidas que pudieran. Es decir, viejos amigos, compañeros de trabajo, familiares y conocidos. Luego debían hacer lo mismo pero con rostros famosos como actores, músicos, estrellas del deporte, políticos, etc.

La otra tarea fue identificar rostros a partir de fotografías. Los psicólogos les mostraron las caras de 3.441 figuras públicas en dos fotos distintas (es decir, un total de 6.882 imágenes). En caso de que identificaran ambas, el resultado era un reconocimiento “consistente”.

Con esa información, los expertos midieron la capacidad de recordación de los participantes. Para ello definieron que conocer un rostro significa ser “capaz de formar una imagen mental clara de la cara o creer que la reconocería si la viera”. Con esa dinámica, analizaron primero la velocidad con la que nombraron rostros y cómo esa capacidad fue disminuyendo a lo largo de un par de horas. De allí estimaron un punto en el que los estudiantes no iban a recordar más, dado el límite de tiempo.

Luego, pusieron a prueba la capacidad de recuperar sus memorias y reconocerlas mediante señales como fueron las imágenes. La combinación de esos datos les permitió calcular una relación entre las que recordaban y las que reconocían realmente. Así, teniendo como base la proporción de aquellas que mencionaron por sí solos, los psicólogos estimaron que las personas saben reconocer aproximadamente 5.000 rostros, con un rango que abarca de 1.000 a 10.000 entre todos los asistentes. (Lea también: “Sólo tres de cada diez colombianos reconocen la tristeza”)

Esto, consideraron los autores, se debe a la evolución humana. A pesar de que la cifra suene alta, una capacidad de 5.000 caras refleja la importancia social de reconocer a los amigos entre los enemigos y otro tanto de rostros más. Lo particular es que, de acuerdo con el director de la investigación, Mike Burton, “existe una gran diferencia entre nuestra capacidad para reconocer rostros familiares y desconocidos. Las personas son sorprendentemente malas para verificar una cara real con una identificación con foto, y aún así reconocemos a nuestros amigos y colegas en una amplia gama de condiciones”, sostuvo para el diario británico The Guardian.

No obstante, se estima que alredor del 2 % de la población humana tiene problemas de reconocimiento facial, bautizado por la ciencia médica como “ceguera facial” o prosopagnosia. La cuestión es que, teniendo en cuenta la vida de nuestros antepasados, 5.000 caras podría sonar exagerado. De hecho, en la naturaleza hay ejemplos de ello.

Las arañas con su veneno confunden a sus enemigos. Según Burton, a pesar de que estos insectos no pretendan comerse a un caballo, hay ocasiones en las que dirigen su veneno “por error” a un animal de semejante tamaño. Pero ese poder de reconocimiento facial, teniendo en cuenta la cifra revelada, podría aportar a mejorar la tecnología que hoy existe en el tema.