El banco que rastrea las huellas de mamíferos

Por más de 10 años biólogos de la Universidad Javeriana han tomado el molde de 1.500 pisadas de estos animales. Una guía que sirve para entender los retos que tiene Colombia para no perder su diversidad.

Germán Jiménez es biólogo de la Universidad de los Andes, con doctorado en Ciencias Biológicas de la Universidad Javeriana. / Fotos: Cristian Garavito

En uno de los salones de biología de la Universidad Javeriana, Germán Jiménez, profesor de la Facultad de Ciencias Básicas, acomoda con cuidado varias piezas de yeso sobre una mesa. Aunque algunas tienen tintes rojizos y en otras aún hay señales de tierra, todas tienen algo en común: en ellas está marcada la huella de alguno de los grandes y medianos mamíferos de Colombia. Rastros de pisadas de jaguares, dantas, pumas y venados conforman el Banco de Huellas de Mamíferos que, dentro de poco, hará parte del Museo de Historia Natural de la Javeriana.

“Desde hace unos diez años nos empezamos a dar cuenta que había mucha información que se recogía en campo sobre la fauna silvestre colombiana, pero no existía una base de datos con qué respaldarlo”, explica Jiménez. “Entonces pedimos a la Vicerrectoría académica que nos aprobara la idea de crear el Banco de Huellas”.

Foto: Huellas de un puma (Puma concolor) y de un jaguar (Panthera onca), en yeso.

Lo primero que tuvieron que hacer para empezar el proyecto, fue viajar a ocho zoológicos del país y sacar el molde de 100 huellas de mamíferos que se encontraban tras las jaulas. Bautizadas como “huellas tipo”, estos moldes se convirtieron en la colección de referencia para saber si las que se recogen en campo son, efectivamente, las de las especies que se cree.

Después, a punta de acampar, recorrer a pie varios territorios del país y contar con la ayuda de 25 estudiantes de pregrado, cinco de maestría y uno de doctorado, el banco se fue alimentando. Hoy tiene 1.500 huellas de 23 especies de mamíferos que están asociadas al lugar y altura donde se encontró la pisada, sus medidas y la fecha en que fue localizada. Una base de datos que, según explica Jiménez, se ha convertido en una “película que hemos podido ver a lo largo del tiempo”. Pues allí donde la mayoría sólo ve una pisada, él es capaz de leer los movimientos de los grandes felinos, descifrar cuáles son sus principales amenazas y cuánto podía llegar a pesar el animal que dejó el rastro. Detrás de las piezas en yeso que tiene sobre su mesa, hay historias de conservación, del por qué se cazan los jaguares, y hasta una que involucra a paramilitares.

Solo siguiendo las huellas el equipo ha podido concluir que los grandes felinos son los que más han sufrido desplazamientos. En los llanos orientales, debido a la presión por la ganadería, la agricultura y la presencia de proyectos petroleros, los pumas empezaron a trepar por las cordilleras para quedar, de alguna manera, aprisionados entre ellos. “Esto genera muchos problemas porque tienen mayor competencia para buscar a sus presas e incrementa los conflictos entre ellos, que son muy territoriales. Es peligroso porque condenan a los animales a muertes innecesarias”, cuenta el biólogo.

Las huellas de los jaguares, por su parte, han empezado a disminuir cerca de la Sierra Nevada de Santa Marta, pues estos animales son depredadores y nadie quiere tener alguno como vecino. Su cercanía a los humanos empieza a prender las alarmas de las comunidades y muchos terminan cazándolos para no perder su ganado.

Sin embargo, una de las cosas que más parece preocupar a Jiménez es que recientemente reportaron la pisada de un león. “Es la huella más grande de la que se tiene conocimiento y corresponde a una amenaza, porque en el pasado, cuando los paramilitares tenían mucho poder, trajeron especies exóticas de grandes carnívoros. Entre ellas el león, que es una de las cinco especies más grandes del género pantera”, explica mientras acomoda sobre la mesa una huella “tipo” de león tomada en el zoológico, junto a la del puma, evidentemente más pequeña. “Compare tamaños. Las especies exóticas como estas, tienen la capacidad de desplazar a las nativas, porque un jaguar o un tigrillo nunca se les enfrentarían”.

Problema que, además de poner en riesgo la supervivencia de los felinos nativos y por ende la de muchas otras especies que dependen de ellos, desvía los recursos de conservación de la fauna silvestre hacia los animales exóticos.

¿Cómo se saca una huella?

Entre los biólogos que se dedican a estudiar los animales, los mastozoólogos –que estudian los mamíferos – parecen ser los que la tienen más difícil. Como a los detectives, a estos investigadores les toca aprender a seguir pistas: la presencia de presas o alimento, el popó que dejan en el camino o tener la suerte de encontrarse con una huella del animal.

Por esto, para Jiménez, “cada huella que se encuentre, así sea una sola, es un tesoro”, pues se puede durar varios días en campo y regresar sin ninguna información. “Yo en mi tesis de maestría, que hice en Costa Rica, me recorrí alrededor de 250 kilómetros a pie y 1.900 kilómetros en vehículo, en unos 200 días, y sólo encontré 500 huellas. Eso da una idea de lo difícil que es,” cuenta.

Y es que para sacar el molde de una huella de mamífero, no sólo basta con encontrarla, ya que muchas veces la calidad de la tierra no permite que la obtengan directamente. Entonces, cuando se encuentran una pisada, deben inventarse un “sustrato” para que el piso sea más moldeable, esperar que el mamífero – que debe pesar más de 3 kilos – pase por ahí, y verter el yeso odontológico sobre la huella.

Marcas que, sumadas unas a otras, sirven para saber qué decisiones debería estar tomando el país en términos de conservación. “Finalmente estas especies no sólo son objeto de estudio”, agrega Jiménez, “sino parte de lo que llamamos patrimonio natural, que debemos amar, así como amamos el fútbol”.