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1 Feb 2016 - 1:54 a. m.

El descubridor del GPS del cerebro

Edvard I. Moser ganó el Premio Nobel de Medicina en 2014 por robarles a las neuronas el secreto de los mapas internos que crean para saber cómo nos movemos y orientamos espacialmente.

Pablo Correa

La única condición de Edvard Moser a los organizadores del Simposio Internacional de Neurociencias de la Universidad del Rosario, que se llevará a cabo este martes, fue que lo ayudaran a coordinar una visita al Parque Nacional Natural Chingaza, a 45 minutos de Bogotá. Había leído sobre los páramos de Colombia y no quería regresar a Noruega sin conocerlos.

Moser compartió en 2014 el Premio Nobel de Medicina con su esposa, May-Britt, y el neurocientífico John O’Keefe. El comité del premio resaltó que su trabajo, “el descubrimiento del sistema de posicionamiento del cerebro”, representaba “un cambio de paradigma en nuestra comprensión de cómo los conjuntos de células especializadas trabajan juntos para ejecutar las funciones cognitivas superiores”.

Este neurocientífico noruego es lo más parecido a un hacker en neurociencias. Su tarea desde hace 25 años consiste en romper el código con el que las neuronas crean representaciones del mundo que nos rodea. Las “células de rejilla” que descubrió en 2005 han sido comparadas con el sistema de posicionamiento (GPS) que hoy usamos en los celulares y carros para trazar nuestra posición. Él cree que entender a fondo estas células podría abrir nuevos caminos en la comprensión de nuestra mente y sus funciones más complejas.

Moser es director fundador del Centro para la Biología de la Memoria de la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología y el Instituto Kavli de Neurociencia de Sistemas.

¿Cómo se involucró en el estudio del cerebro?

Empecé estudiando psicología y muy pronto descubrí que no me gustaba, que estaba más interesado en el funcionamiento del cerebro. Visité profesores de la facultad y pregunté si había alguien que supiera algo del cerebro. Había uno o dos solamente. Los contacté. Comencé realizando estudios de comportamiento en ratas, tratando de entender el origen de la hiperactividad. En el mismo instituto había un grupo trabajando en las bases neuronales del aprendizaje y la memoria. Eso realmente me interesó.

¿Cuál es la tarea de las células rejilla que usted descubrió?

El cerebro tiene su propio mapa interno del ambiente que nos rodea, y ese mapa contiene nuestra posición. Mientras nos movemos en el ambiente, nuestra posición también cambia en ese mapa interno del cerebro. Esto a menudo se compara con un GPS. Y, en efecto, la representación interna de donde estamos parados se actualiza en gran medida como un GPS. Cuando manejas un carro, al GPS sólo le importan la distancia y la dirección. Así es el mapa que crean las células rejilla. Esas células usan información visual, pero también nuestros músculos, para actualizar la posición.

¿Cómo se almacena esa información en el cerebro?

Hay diferentes tipos de células. Una de las más importantes es la célula rejilla, descubierta en 2005 y la base por la que nos dieron el Premio Nobel. Tenemos unas 700.000 de ellas en el cerebro. Cada una se activa en cierta posición. Es un sistema de coordinación que contiene información sobre distancia y dirección. Pero adicionalmente, años más tarde descubrimos las células de borde, que se activan dependiendo de los límites del ambiente en el que estemos. Por ejemplo, en esta sala, unas se activarán respecto a la pared de enfrente, otras por la lateral. Indican dónde se detiene el ambiente local. Los bordes son muy importantes para que las células rejilla sepan dónde estamos

¿El cerebro es, entonces, una máquina que produce su propia realidad y no un reflejo de lo que nos rodea?

El cerebro usa la información que viene a través de los sentidos, pero creo que la mayor parte de lo que hace es resultado de actividad intrínseca. En este caso, de la ubicación espacial. Estamos ante un código que hace el cerebro. Es creado por el cerebro. Eso es lo que encuentro fascinante, es lo que mantiene mi interés en las células rejilla, porque tenemos un ejemplo perfecto de un patrón que construye el cerebro. Si lo entendemos, podríamos entender cosas sobre cómo funciona la corteza cerebral.

¿Cual ha sido su momento más emocionante como científico?

El descubrimiento de las células rejilla fue importante. Pero no fue sólo un momento. Fue un proceso gradual.

Hay un gran debate en torno a superproyectos como la Brain Initiative, con la que se pretende mapear el cerebro a niveles nunca alcanzados hasta ahora. ¿Está de acuerdo con esos enfoques?

Creo que son importantes. Ha logrado la atención política y Obama lo ha apoyado. El dinero no es suficiente, pero es importante. Brain Initiative es un gran esfuerzo para dar grandes pasos en las neurociencias.

¿Qué tan lejos estamos de entender el cerebro?

Eso tomará un tiempo (risas).

¿Dónde están las dificultades?

La dificultad es el número de células involucradas y las conexiones. Mucha de la información está en las conexiones. En el cerebro tenemos 100.000 millones de neuronas y cada una tiene 10.000 conexiones con otras células. La información está distribuida entre algunas de ellas y es muy difícil de identificar.

¿Qué hace uno después de ganarse un Premio Nobel?

Sigo interesado en las células de posicionamiento. No quiero dejar esa área. Nos ha dado una ventana para ver cómo funciona la corteza cerebral. Quiero entender cómo es ese patrón, cuál es la interacción entre las células.

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