El final del camino de la sonda Rosetta

La misión de la Agencia Espacial Europea (ESA) que llevó al primer vehículo espacial construido por los humanos a alcanzar un cometa y depositar una sonda en su superficie concluye este viernes 30 de septiembre.

Rosetta terminará sus operaciones y permanecerá sobre la superficie del cometa 67P/Churyumov–Gerasimenko, un trozo de hielo y roca del tamaño de la isla de Providencia. / ESA

El viaje de la sonda Rosetta, la misión de la Agencia Espacial Europea (ESA) que llevó al primer vehículo espacial construido por los humanos a alcanzar un cometa y depositar una sonda en su superficie, llega a su final este viernes 30 de septiembre.

Luego de un descenso controlado, Rosetta terminará sus operaciones y permanecerá sobre la superficie del cometa 67P/Churyumov–Gerasimenko, un trozo de hielo y roca del tamaño de la isla de Providencia que en este momento se encuentra en algún lugar entre las órbitas de Marte y Júpiter, alejándose del Sol a más de 100 veces la velocidad de un avión comercial.

Después de superar recortes en el presupuesto, considerables obstáculos técnicos y el retiro de la NASA del proyecto, la travesía espacial de Rosetta comenzó el 2 de Marzo de 2004 con su lanzamiento desde el Centro Espacial de Kourou en la Guyana Francesa.

Es la materialización del esfuerzo de cientos de científicos que buscaban continuar las observaciones hechas por Giotto, la sonda que logró aproximarse a casi 600 kilómetros del núcleo del cometa Halley durante su paso cerca a nuestro planeta en 1986, y diseñaron una misión para continuar el estudio el origen del agua en la Tierra y la presencia de moléculas precursoras de la vida en el Sistema Solar midiendo directamente la composición del núcleo de un cometa. 

Luego de recorrer más de 6.5 miles de millones de kilómetros, Rosetta alcanzó al cometa 67P en Agosto de 2014 para nunca más alejarse de él. Antes de su llegada, habíamos tomado muestras de la cola que desarrollan los cometas cuando se deshacen en su trayectoria hacia el Sol, habíamos observados sus núcleos y hasta los habíamosimpactado violentamente con otras sondas. Pero nunca antes habíamos observado en detalle su superficie. Nunca habíamos registrados los chorros de gas que se liberan mientras el cometa se acerca al Sol o habíamos medido su gravedad, muy débil para mantener a Rosetta en órbita, ni registrado de cerca su campo magnético. Tampoco nos habíamos posado sobre su superficie.

El 12 de Noviembre de 2014, Philae, una sonda dotada de 10 complejos instrumentos de medición pero con apenas el tamaño de un pequeño refrigerador, se separó de Rosetta con rumbo a la superficie del cometa, marcando un hito de la tecnología espacial y protagonizando uno de los episodios más emocionantes de la exploración científica en los últimos años.

Tras un descenso solitario desde 22 kilómetros de altura, los sistemas de anclaje fallaron y Philae rebotó sin control hasta alejarse a más de un kilómetro de la superficie, ahogando los gritos de euforia de los técnicos de la ESA y dejando al mundo expectante al desarrollo de los eventos que muchos se atrevieron a comparar con el equivalente de la llegada del hombre a la Luna para esta generación.

No fue hasta 2 días más tarde cuando la ESA reveló al mundo la primera imagen tomada desde la superficie de un cometa. Philae revelaba la riqueza de la oscura superficie de un mundo de roca y hielo, pero también confirmaba el agridulce destino de la sonda. Philae aún funcionaba, pero se encontraba en una posición que no permitía recargar sus baterías, dejando a los científicos apenas unas decenas de horas para hacer las primeras mediciones directas del núcleo de un cometa y transmitirlas a la Tierra a través de Rosetta.

A pesar de numerosos esfuerzos para mover la sonda y llevar sus paneles solares a una mejor orientación, Philae entró en hibernación tras 64 horas de mediciones sin que nadie supiera aún su ubicación exacta en la superficie del cometa.

Aunque Philae apenas volvió a entrar en funcionamiento por unos breves instantes. Sin embargo, los científicos aún continúan analizando los datos que logró recolectar. Hoy sabemos que esa región del cometa está cubierta por una capa de material granular depositado sobre una placa de hielo compacto. Entre los materiales identificados por Philae en esa región se encuentran 16 compuestos orgánicos, cuatro de los cuales se identifican por primera vez en un cometa. La presencia de esas moléculas en un cometa, un objeto que es una reliquia de la formación del Sistema Solar, implica que los procesos de formación de materiales precursores de formas de vida han sucedido en nuestra vecindad durante mucho tiempo.

Mientras tanto, Rosetta continuaba observando de cerca al cometa, revelando cada vez más detalle de su superficie y registrando los chorros de gas y polvo que expulsaba mientras se acercaba al Sol. El análisis de la composición de los gases emitidos por el cometa ya evidenciaba que el agua en el cometa es sustancialmente diferente a la del agua en los mares de la Tierra, sugiriendo que es muy poco probable que estos se haya formado por el impacto de cometas como el 67P, cómo se aceptaba hasta entonces. Este resultado devuelve la atención hacia los asteroides como fuentes primarias del agua en nuestro planeta, algo que intentará demostrar la misión OSIRIS-REx de la NASA al recoger muestras del asteroide Bennu en 2018.

Cada minuto que los instrumentos científicos de Rosetta registran el núcleo del cometa obtenemos pistas fundamentales que algún día, probablemente no hoy ni mañana, harán parte del rompecabezas que constituye entender cómo se forma un sistema planetario como el nuestro y se forman planeta en donde florecen formas de vida tan diversas como las que existen en la Tierra. Pero Rosetta no es inmune al ambiente hostil por el que ha viajado durante los últimos años y desde que comenzó a alejarse del Sol, en Agosto de 2015, inició la última etapa de su viaje junto al cometa.

Mientras se aleja más allá de la órbita de Marte, Rosetta es cada vez es más difícil de maniobrar y sus paneles solares logran recolectar menos energía para mantener sus operaciones y continuar la comunicación con la Tierra. Por eso se decidió que su suerte sería terminar su viaje interplanetario sobre el cometa, ejecutando una última maniobra que lo llevaría a posarse sobre su superficie a la misma velocidad que una persona camina por un parque.

El canto de cisne de Rosetta llegó a comienzos de este mes cuando las imágenes tomadas durante las maniobras de aproximación a menos de 3 kilómetros sobre el cometa revelaron la posición exacta de Philae, encajada en una grieta con una de sus patas apuntando hacia arriba, tal y como lo habían imaginado los científicos que la había buscado durante meses. Era la conclusión perfecta para una historia que ha mantenido los ojos del mundo en un cometa durante su travesía por el
Sistema Solar, demostrado al mismo tiempo la creatividad y la tenacidad de los humanos decididos a explorarlo.

Rosetta no está diseñada para aterrizar y es muy poco probable que sobreviva al descenso. Pero seguirá registrando hasta sus últimos segundos los detalles de Ma’at, una zona rica en pozos que emiten chorros de polvo que se convertirá en la última morada del vehículo espacial. Será el final de un apasionante viaje interplanetario, pero será el comienzo de una aventura para los científicos que comprender las valiosas observaciones. Será el final de la travesía de la misión que acercó a nuestro entendimiento uno de los mundos de hielo y roca que de vez en cuando surcan nuestro firmamento. Será apenas un capitulo de la historia de quienes han decidido explorar e intentar entender el universo, no solamente temerlo.

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