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5 May 2016 - 12:23 a. m.

El lugar que la NASA declaró como capital mundial de los relámpagos

El lago Maracaibo, en el estado de Zulia (Venezuela), recibió ese título por parte de la agencia estadounidense debido a las 297 tormentas eléctricas que se presentan allí cada año. Datos serán claves para analizar el aumento de la temperatura.

Redacción Ciencia

Así se ven los rayos en Maracaibo. / / Flickr - Fernando Flores
Así se ven los rayos en Maracaibo. / / Flickr - Fernando Flores

Este martes, la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio (NASA), le otorgó a la localidad de Ologá, ubicada sobre el lago de Maracaibo (Venezuela), un título que desde hace años estaba esperando: la capital mundial de los relámpagos.

El anuncio lo hizo luego de verificar, con compañía de las universidades de Maryland y de Alabama, un número récord: 297 tormentas eléctricas al año en promedio.

El fenómeno natural era conocido por toda Venezuela. Sin embargo, la región que tenía el título era la cuenca del río Congo, en África.

Para poder hacer ese registro, científicos de las tres entidades tuvieron que monitorear datos a los largo de 16 años. Lo hicieron con un sensor de rayos que por nombre lleva Lightning Imaging Sensor (LIS) y que está ubicado en el satélite Tropical Rainfall Measuring Mission (TRMM).

“Hasta esta investigación, creíamos que ninguna zona le quitaría el trono a África Central como la número uno de los relámpagos. Pudo determinarse que era el lago de Maracaibo gracias al minucioso análisis realizado", le dijo a la cadena BBC Richard Blakeslee, científico de la NASA. Él estuvo al frente del estudio, publicado en uno de los boletines de la Asociación Estadounidense de Meteorología.

Según relata Blakeslee, solo hasta el final de la investigación fue posible percatarse de la pequeña diferencia que ubicaba como ganadora a la localidad de Ologá.

Pero más allá del título que ganó Venezuela y de los ingresos que puede generar ese fenómeno debido al turismo, toda la información que recopilaron los expertos tiene una gran importancia científica.

Como cuenta Blakeslee, los relámpagos y las tormentas eléctricas pueden ser un buen indicador para medir cómo está cambiando la temperatura de determinado lugar. El fenómeno, explica, es un componente que puede tener en cuenta el Gobierno a la hora de trazar políticas públicas.

 

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