Su proyecto ganó una de las convocatorias de Colciencias

El matemático que quiere predecir los crímenes de Bogotá

Francisco Gómez Jaramillo ha trabajado toda su vida analizando datos. Con modelación y predicción matemática, este bogotano está trabajando con el Gobierno para anticiparse a los delitos que puedan ocurrir en la capital.

Antes de volver a Colombia, Gómez estaba en Bélgica, donde trabajaba con el Coma Science Group. / Cristian Garavito

Los bogotanos reconocen sentirse inseguros en las calles. Esa percepción está infundada en los 14 hurtos que se producen cada hora, los 2,7 homicidios que se registran diariamente y los 66 casos de lesiones personales denunciadas cada día en la capital. Esos indicadores, acumulados por la Secretaría de Convivencia y Seguridad, no son solo datos para Francisco Gómez Jaramillo. Con base en ellos, este matemático con título de ingeniero de sistemas de la U. Nacional está tratando de predecir el crimen mediante inteligencia artificial.

Se trata de un proyecto de modelación matemática, antes llamado invención de red o procesamiento de imágenes o de audio. La práctica, explica Gómez, consiste en caracterizar un fenómeno. “Hay zonas peligrosas en la ciudad, en algunos de esos sitios ocurren muchos crímenes. Eso ya nos habla de un patrón espacial de ocurrencia, pero hay más patrones y las técnicas de aprendizaje de máquina nos pueden ayudar a caracterizarlos mejor y anticiparnos a ellos”, dice.

Gómez, de 39 años, es amante de la tecnología y la informática. Un geek, como él mismo se considera, que combinó su pregrado de ingeniería con la matemática pura. Mientras lo hizo, descubrió que su pasión era resolver problemas con la ayuda de los números; es decir, matemáticas aplicadas.

Con su primer trabajo hizo sus primeros pinos en la inteligencia artificial. Antes de que los buses de Transmilenio hablaran indicando “próxima parada”, la hora y la fecha, hace 15 años Gómez probaba sistemas de seguimiento satelital en estos buses. Su objetivo era optimizar la planta de conductores que trabajan en el sistema con el fin de ahorrar costos.

Por esa época conoció a uno de sus mayores maestros: Eduardo Romero. Con él aprendió a entender patrones detrás de imágenes médicas y a predecir, a partir de esa información, cómo un patólogo navega en el microscopio para llegar a un diagnóstico. El problema, que le valió su doctorado, era construir un robot que leyera imágenes de muestras de biopsias, las uniera como un rompecabezas y, sin un profesional especializado, supiera cuáles tejidos observar mientras el resto de información se carga en todos sus planos.

Con esos conocimientos fue a la Universidad de Lieja, en Bélgica, donde participó del Coma Science Group. Su trabajo allí se parecía más a la ciencia ficción. Estudiaba la conciencia por medio de imágenes de resonancia que mostraban la actividad cerebral de pacientes en coma. Gómez y su equipo predecían si el sujeto iba o no a recuperarse de los daños neurológicos con los que llegaba. “Era un trabajo como en la serie Dr. House. Nos llegaban pacientes de todo el mundo y yo debía caracterizar el patrón que demostraba su nivel de conciencia, para luego defender ese resultado frente a un comité compuesto por abogados, filósofos e ingenieros, entre otros”.

Allí duró cuatro años hasta que de tanto pensar en sus padres decidió regresar a Colombia. Antes de volver se preguntó “¿qué sé hacer yo? A mí me gusta hacer análisis de datos y me gusta la montaña, entonces me devolví a hacer ecología computacional”. Se puso a trabajar con biólogos para entender las adaptaciones de las formas de las hojas frente a cambios ambientales y en esas estaba cuando la Secretaría de Convivencia y Seguridad lo contactó. No sabían qué hacer con la pila de datos sobre crímenes y el miedo concentrado en la ciudadanía.

Así que, teniendo a la mano índices de inseguridad, reportes al 123, informes de Medicina Legal, comentarios en redes sociales, imágenes de Google Street View y tendencias de crímenes, empezó a construir un modelo que precisara patrones. Esa información es analizada por un algoritmo que define una serie de características de los lugares, las horas y las modalidades en las que se podría producir un crimen. En este caso es una máquina quien los define, cuidándose de sesgos.

“Este tipo de tecnología funciona como nuestro sistema visual. Nuestras neuronas se encargan de traducir la información que vemos de manera jerárquica para después hacer representaciones. El truco está en entrenar a una máquina para que pueda hacer lo mismo y tome, finalmente, una decisión”, explica el matemático quien a final del año pasado presentó el proyecto a Colciencias. Se ganó $3.000 millones para desarrollar el proyecto junto a la compañía de matemáticas aplicadas Quantil y la Secretaría.

Gómez hoy ya tiene algunos avances para actuar. Sus caracterizaciones incluyen lugares donde la basura, los grafitis, las ventanas rotas y la poca iluminación aumentan las probabilidades del miedo al crimen, homicidios, delitos al patrimonio con uso de violencia y riñas.

En palabras de Gómez, “el miedo en modelación es la medida que tú le das a la probabilidad de que te pase algo. Los escenarios se cuantifican en una escala de 0 a 1”. Esos números arrojan pistas para resolver este problema que no pretende agarrar más ladrones ni darle indicaciones a la Policía, sino precisar “dónde posiblemente ocurriría un crimen y anticiparnos a ello a través de asignación de recursos”.

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2019-06-25T09:33:29-05:00

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Camila Taborda/ @camilaztabor

Ciencia

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