El primer atlas global de las bacterias del suelo

Tras tomar muestras de bacterias presentes en 237 ecosistemas, un equipo de científicos de varios países creó una lista con las 500 especies más abundantes de los suelos del mundo. Varias no habían sido descritas aún.

Científicos de 18 países participaron en la elaboración del atlas de bacterias. Pixinio

Un gramo de suelo contiene miles de especies y millones de células de bacteria. La inmensa mayoría de la biomasa viva de la tierra está formada por las comunidades de bacterias que viven en el suelo. Un estudio publicado en la revista Science reduce la inmensa diversidad de comunidades microbianas del suelo a una lista de 500 especies de bacterias que pueden encontrarse de manera abundante en suelos de todo el mundo. Esta recopilación abre la puerta a nuevas investigaciones centradas en el estudio y manipulación de estos microbios.

“Nuestra lista contiene información taxonómica pero también de las preferencias ambientales –como si viven en zonas áridas o prefieren suelo con bajo pH– de estos microorganismos. Muestreamos suelos de 237 ecosistemas en seis continentes y 18 países. Para analizar la comunidad bacteriana de los suelos usamos técnicas de secuenciación masiva de ADN, generamos información sobre todas ellas e identificamos las más comunes y dominantes a escala global”, le dijo al portal Agencia Sinc Manuel Delgado Baquerizo, autor principal del articulo e investigador en la Universidad Rey Juan Carlos de España, que actualmente trabaja en la Universidad de Colorado en Boulder (EE.UU).

Tras este primer análisis, detallaron las preferencias ambientales de estas especies dominantes y las agruparon en grupos ecológicos. Así generaron un atlas de las especies de bacteria más dominantes en todo el mundo. “Piensa que estos atlas han estado disponibles para plantas y animales por siglos, pero esta información no existía para bacterias, incluso para los grupos más comunes y dominantes”, enfatiza el científico.

Varios de los coautores del artículo trabajaron de manera independiente en la recolección de suelos en zonas distintas del mundo durante los últimos 5 a 10 años. De este modo unieron esfuerzos para caracterizar la comunidad bacteriana y analizaron las propiedades de estos suelos de manera estandarizada en los laboratorios de la Universidad de Western Sídney (Australia) y de la Universidad Rey Juan Carlos.

Bacterias totalmente desconocidas

La mayoría de especies de bacteria no han sido descritas aún, no coinciden con los registros genéticos existentes y nunca han sido cultivadas en laboratorio. “Es increíble lo poco sabemos sobre las comunidades de bacterias que viven en nuestros suelos. ¡La mayoría no tienen ni nombre! Es como si entráramos en un bosque y no supiéramos cual es la especie de árbol mayoritaria o la función que desarrolla esta especie en el ecosistema”, añade Noah Fierer, coautor del estudio y profesor en la Universidad de Colorado en Boulder.

Este estudio demuestra que el 2% de estos microbios a engloba más de la mitad de las poblaciones de bacteria en cualquier suelo de nuestro planeta. “Las comunidades de bacteria siguen una dinámica muy parecida a la de la riqueza: unas cuantas personas engloban la mayor parte de la riqueza existente en la tierra”, indica Baquerizo.

Las muestras se recogieron de ecosistemas terrestres van desde zonas desiertas a bosques tropicales o ecosistemas polares situados en todos los continentes excepto la Antártida. Con este análisis se podrá predecir agrupaciones de bacterias dominantes del suelo utilizando información ambiental, un paso adelante fundamental para poder elaborar mapas de distribución de estos organismos a nivel global.

“De manera general sabemos que los microbios del suelo son fundamentales para procesos ecológicos claves como la producción agrícola, la fertilidad del suelo y el secuestro de carbono. Sin embargo, no sabemos que especies concretas están detrás de muchos de estos procesos”, explica el investigador de la URJC.

Con este trabajo se abre la puerta a centrar recursos en entender mejor la identidad y funcionalidad de estas especies. “En el futuro, una vez sepamos que hace cada especie y podamos cultivarlas en nuestros laboratorios, podríamos usar especies claves para potenciar la producción agrícola o generar suelos más fértiles o ricos en carbono (fundamental para manejar el cambio climático)”, concluye.

 

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