En Arecibo se cierra una ventana al cielo

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El telescopio más grande del planeta, y una de las herramientas científicas más importantes de la historia, quedó semidestruido luego de 57 años de operación. Así desapareció un instrumento icónico que marcó la ciencia de la segunda mitad del siglo XX.

Una de las piezas principales del sistema de defensa de la Tierra contra el impacto de asteroides quedó permanente desmantelada. También se cerró una ventana para observar la estructura de la galaxia y el sistema solar, los campos magnéticos interestelares y las ondas gravitacionales. Se apaga una poderosa antena para enviar mensajes al confín del universo. El amanecer del 1° de diciembre encontró la estructura del observatorio de Arecibo en Puerto Rico, el telescopio más grande del planeta, colapsada. Es la dramática conclusión para uno de los instrumentos científicos más importantes de la historia, que luego de 57 años de operación, recortes de presupuesto, el destructivo paso del huracán María en 2017 y el azote de dos terremotos, en 2019 y 2020, queda semidestruido.

Arecibo nació como un sistema de detección de armas nucleares durante la Guerra Fría. Estaba diseñado para detectar las perturbaciones producidas por los misiles balísticos cuando entran en la atmósfera terrestre y eso lo convertía en el radar más sensible del mundo. Cada vez que los telescopios robóticos que periódicamente sondean el cielo en luz visible e infrarroja identificaban un objeto peligroso por su potencial impacto con la Tierra, Arecibo era la herramienta que permitía descifrar su ubicación, tamaño y forma. No hay en este momento ningún otro instrumento que lo pueda reemplazar en esa tarea. Y tampoco hay otro que se le pueda comparar, aunque China continúa el desarrollo de su telescopio esférico de quinientos metros de apertura (FAST).

Como una inmensa antena de televisión satelital, el telescopio de Arecibo se extendía dentro de una depresión geológica producida por la erosión de las rocas sedimentarias, una cavidad natural lo suficientemente grande para albergar la plaza de Bolívar, el Palacio de Justicia, el Capitolio Nacional y el Palacio Liévano del centro de Bogotá. Su plato principal, de 305 metros de diámetro, estaba compuesto por casi 39 mil paneles de aluminio que reposaban sobre una malla de cables de acero tensados. “Todo en Arecibo era abrumador... su altura, su tamaño, su profundidad, la forma en que sobresalía de las colinas circundantes, su capacidad de llegar a los planetas vecinos con su radar”, comenta Tim Robishaw, astrofísico del Observatorio Radiofísico del Dominio (DRAO) en Canadá, quien hizo su tesis de doctorado en Arecibo midiendo campos magnéticos interestelares.

Con el telescopio de Arecibo se descubrieron los pulsos del sistema binario de estrellas que fueron la primera indicación de la existencia de las ondas gravitacionales en 1974. Se hizo la primera imagen de un asteroide en 1989. Se descubrieron los primeros planetas por fuera del sistema solar en 1990. Se observaron casquetes polares en Mercurio, montañas en Venus y se desentrañaron algunos de los secretos de la atmósfera de la Tierra. Pero para muchos siempre será el telescopio desde donde Jodie Foster intentaba contactar civilizaciones extraterrestres en la película Contacto o el escenario de la escena final de la película Goldeneye, en donde Pierce Brosnan, en la piel de James Bond, quedaba colgado del receptor del telescopio.

El receptor estaba en una plataforma de 820 toneladas suspendida a 150 metros del fondo del plato por 18 cables de acero sostenidos por tres torres de concreto de 100 metros de alto. Uno de los cables secundarios se rompió en agosto y produjo un corte de 30 metros en el plato principal. A comienzos de noviembre uno de los cables principales se rompió, desgarrando un nuevo agujero en el plato y dejando en precaria situación la estructura. Aunque la Fundación Nacional de Ciencias de Estados Unidos (NFS) había decidido desmantelar el observatorio después de una segunda ruptura de cables el 19 de noviembre, la comunidad de astrónomos se había movilizado para enviar peticiones que permitieran mantener vivo el Observatorio. “Innumerables estudiantes aprendieron a usar un radiotelescopio en Arecibo, era un instrumento de observación y de formación de nuevos astrónomos”, señala Snezana Stariminovic, profesor de la Universidad de Madison en Wisconsin, quien usaba Arecibo para estudiar la estructura del gas en la Vía Láctea.

El 1° de diciembre, la plataforma del receptor se precipitó hacia el suelo, destruyendo los instrumentos que contenía y abriendo un inmenso boquete en el plato principal. Aunque la decisión de la NSF lo había condenado a la demolición controlada para devolver el lugar a su estado natural, el telescopio no sobrevivió lo suficiente para permitir un cambio de planes. Su decaimiento corrió en paralelo a la crisis en la que está sumida la isla de Puerto Rico, hundida por la deuda y la depresión económica, expuesta a los desastres que no tienen nada de naturales. Con la destrucción de Arecibo desaparece un instrumento icónico que marcó la ciencia de la segunda mitad del siglo XX. Si cabe alguna reflexión, no hay mejores palabras que las de Joshua Goldston Peek, investigador del Instituto Científico de Telescopios Espaciales (STScI), también formado en Arecibo: “La ciencia no es algo que ocurre naturalmente. Ocurre gracias a personas profundamente dedicadas a lugares asombrosos. Ocurre en lugares como Arecibo”.

*Astrofísico colombiano del Instituto Max Planck en Heidelberg, Alemania.

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