En música, el SARS-CoV2 no parece tan agresivo: así se escucha el nuevo coronavirus

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Científicos del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) tradujeron la estructura molecular en notas de instrumentos relajantes. Esta técnica podría ayudar a los investigadores a encontrar anticuerpos que, ya sonificados, coincidan con su secuencia musical.

Seguro has visto más de una vez el aspecto del SARS-COV2, el virus que hasta este miércoles suma 1.513.358 casos confirmados y 88.415 muertes a nivel mundial. Pero nunca has escuchado cómo suena su estructura molecular. Esa fue la tarea en la que se concentraron algunos científicos del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT), traduciendo en notas músicales sus proteínas, conocidas por su aspecto como espigas. (Vea aquí toda la información sobre coronavirus).

Estas espigas, que son las proteínas en forma de punta que sobresalen de la superficie del virus formando una corona, están compuestas por combinaciones de aminoácidos. En cada uno de esos aminoácidos los científicos aplicaron la técnica de la sonificación. En palabras más simples, asignaron una nota en una escala músical a cada una con el fin de obtener una partitura musical de la proteína completa. 

 

Esos sonidos que está escuchando: las campanas, los instrumentos de viento y las cuerdas son en la vida real las moléculas responsables de invadir las células del organismo. Claro, el volumen de las notas y la duración de esta pieza músical fueron intervenidas por los científicos del MIT. Pero, además de relajarlos, ¿para qué les sirve a ellos esta grabación?

Teniendo una secuencia musical basada en la estructural molecular del SARS-COV2, los investigadores pueden "encontrar sitios en la proteína donde los anticuerpos o medicamentos puedan unirse, simplemente buscando secuencias musicales específicas que correspondan a estos sitios. Esto, dicen los investigadores, es más rápido y más intuitivo que los métodos convencionales utilizados para estudiar proteínas, como el modelado molecular". Así lo explicó la revista Science News. 

Esa búsqueda también puede realizarse a partir de una gran base de datos de otras proteínas sonificadas. Si se compara la sencuencia musical obtenida a la luz de la proteína espiga con otras, "podría ser posible encontrar una que pueda adherirse a la espiga, evitando que el virus infecte una célula", agregaron los investigadores para el mismo portal. Por ahora la pieza que han diseñado, utilizando como base instrumental un koto japonés para las notas principales, está abierta a cualquier oyente que busque un alivio en medio de la pandemia. 

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