“Esta pandemia nos recordó que todavía somos animales”, Isabel Behncke, bióloga evolutiva

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Isabel Behncke se ha dedicado a analizar el comportamiento de los animales sociales en diferentes circunstancias y cree que desde la biología evolutiva se puede comprender las causas de la pandemia y la reacción de la humanidad ante la contingencia sanitaria.

El virus SARS-CoV-2 lleva entre la humanidad un poco más de ocho meses. Desde entonces, todo tipo de sensaciones se han despertado en la sociedad: el egoísmo, la cooperación y el miedo ante la incertidumbre. Para la bióloga y antropóloga evolucionista Isabel Behncke, son los instintos naturales que, como animales sociales en “cautiverio”, se han despertado ante la contingencia sanitaria. El coronavirus no solo afectó la normalidad en el mundo entero, sino que también logró recordarle a la humanidad una idea para no olvidar más: aún somos vulnerables y como especie animal debemos respetar los ecosistemas que nos rodean. Esta fue su reflexión en diálogo con El Espectador. (Vea aquí toda la información sobre coronavirus)

Como bióloga evolucionista ha estudiado el comportamiento de los primates en cautiverio. ¿Ha encontrado similitudes con el comportamiento de los seres humanos en la cuarentena?

Nosotros como seres humanos somos animales: somos mamíferos y somos primates. Como animales sociales tenemos necesidades en común con otras especies, y una de las principales es el movimiento físico, que es un primer obstáculo cuando se está en cautiverio, y si esto lo comparamos con la situación de aislamiento, vemos que los seres humanos no nos estamos moviendo en términos de ejercicio físico, no estamos recibiendo la luz del sol, no estamos pasando tiempo afuera y eso nos trae problemas de salud mental y física. El contacto social es otra de las características que no solo tienen los primates, sino otros animales sociales, y cuando se encuentran enjaulados empiezan a desarrollar conductas repetitivas y autodirigidas.

Por ejemplo, en el caso de grandes carnívoros, como los tigres, empiezan a dar vueltas alrededor de la jaula, o el caso de los loros, que dentro de la jaula se arrancan las plumas. En nosotros los seres humanos hay símiles que se han incrementado en la cuarentena, como cuando usamos el teléfono y no necesariamente estamos interactuando con otros, viendo noticias o en redes sociales, sino que simplemente pasamos repetitivamente los contenidos. Estos son ejemplos de conductas autorrepetitivas que tienen una pequeña dosis de la estimulación.

La importancia de los rituales sociales como conciertos, misas o partidos de fútbol.

La categoría de los rituales sociales colectivos en personas ha estado ausente y son importantes para los seres humanos, pues como animales sociales les permite sentirse parte de un grupo más grande. Este tipo de actividades las vamos a necesitar, pero aún no podemos, dependiendo del lugar del mundo donde estemos y el avance de la epidemia en ese sitio. Sin embargo, en términos de apertura gradual sí vamos a necesitar hacer rituales sociales en grupos más pequeños, como comer juntos con amigos y familia.

La amistad en los humanos tiene rasgos muy parecidos a la amistad en otros primates, son relaciones cercanas con individuos que no están emparentados genéticamente y se mantienen a largo plazo a través de actividades conjuntas cara a cara. Igual que los primates cuando se acicalan unos a otros, nosotros nos sentamos a tomar el té o cerveza con amigos. Son actividades que no solo tienen que ver con el intercambio de información con el lenguaje, sino que estamos dedicando tiempo a actividades cara a cara. Eso nos hace mucha falta, y es algo que puede ir haciéndose progresivamente, dependiendo del lugar donde estemos. Lo vamos a necesitar para la salud mental de las personas, por lo menos juntarse afuera a conversar y caminar.

¿Qué tan importante es el contacto físico y cómo podemos compararlo con la relación de los animales en cautiverio y los seres humanos en cuarentena?

Para los animales sociales el tocar es muy importante, porque la piel es un órgano cognitivo y los animales conocen el mundo a través del sentido del tacto y nosotros también. Hay un estudio muy famoso en primates en los años 60, en el que se mostró cómo a los bebés primates sí les hacía falta el tacto de la mamá, aunque tuvieran las mejores condiciones de alimentación y no pasaran frío, y las consecuencias se vieron a corto y largo plazo, pues cuando crecían no sabían relacionarse con otros, no tenían conductas sexuales apropiadas y vivían con un alto nivel de estrés. Esto es importante pensarlo para los infantes y los más pequeños, por los desórdenes de desarrollo. Obviamente los adultos tenemos más capacidad de resiliencia frente a interrupciones relativamente a corto plazo. (Puede leer: Listo el primer atlas de primates de Colombia)

Estudios muestran el desarrollo de cooperación o egoísmo en animales. ¿La pandemia estimuló este tipo de conductas en los seres humanos?

Hemos visto grandes ejemplos de ambas conductas. En la naturaleza vemos cooperación y conflicto en todas partes, existen las dos en el mundo de las plantas, animales y en los humanos en distintos niveles: desde familias a instituciones y países. Un ejemplo de cooperación en las instituciones es cómo la ciencia ha cooperado en investigaciones y hay también competencia entre los diferentes laboratorios que estudian el virus, es decir, hay de las dos. En el caso de los animales, hay conflictos cuando hay escasez, que pueden ser por comida o por acceso a recursos reproductivos. El miedo también es muy importante considerarlo, porque como animales sociales tenemos la particularidad de que nos proyectamos en el futuro y la sensación de incertidumbre aumentó el estrés y con ello las conductas de conflicto con los individuos que pertenecen a grupos que se perciben como el “otro”. Nosotros tenemos una psicología tribal, que se ha visto evidenciado en la pandemia.

Uno de sus principales temas de estudio ha sido la importancia del juego en los animales. Muchas de estas actividades de ocio se han visto afectadas por el aislamiento. ¿Cómo el ser humano las ha logrado reemplazar?

El juego se expresa de muchas formas distintas. Por suerte hay muchas maneras en las que se puede jugar dentro de la casa, pero lo que hemos perdido es el rango de actividades lúdicas al aire libre. Algunas de las categorías de juego colectivo son generalmente afuera y eso lo hemos perdido, que son actividades muy importantes y necesarias para nuestra salud. Pero lo cierto es que tenemos actividades dentro de la casa. Una de las más evidentes es el humor, un componente del juego. Como animales sociales con lenguaje simbólico jugamos haciendo memes y videos, así nos reímos y procesamos los sentimientos negativos con el humor.

Reírse de lo oscuro es un mecanismo del juego para procesar las circunstancias. Hay otra categoría de elementos de juego dentro de la casa, que tiene que ver con los juegos más calmados que ocupan el tacto, como cocinar o arreglar el jardín. Estas tienden a ser actividades placenteras, en las que las personas ocupan activamente las manos. Creo que no es coincidencia que estemos ocupando la falta de estímulo de afuera, trayendo estas actividades a la casa. Otro tipo de juego en la casa es el consumo y la producción de cosas creativas como la ficción, en lecturas o el cine; los mundos imaginarios son un subgrupo de tipos de juego.

¿Los animales en cautiverio también desarrollan estrés y ansiedad en momentos de presión?

Los animales en cautiverio, al igual que nosotros, sufren de ansiedad y de estrés. El estrés aumenta el cortisol y las consecuencias en la conducta se desarrollan de distintas maneras: como conductas agresivas, miedo o congelamiento, es decir, cuando los animales dejan de moverse en relación a un estímulo. Los trastornos de ansiedad se ven en animales encerrados, como un perro que queda sin su grupo humano o cualquier animal social. Los seres humanos sufrimos de lo mismo.

¿Es correcto decir que este aislamiento sería una especie de cautiverio para los humanos?

De alguna manera sí, porque estamos encerrados. Pero no enteramente -lo que diría es que es un cautiverio particular porque estamos encerrados físicamente, pero tenemos imaginación, cultura que compartimos con otros seres humanos, y tecnologías de conexión, que nos permiten explorar y tener cierta libertad. Es una muestra de que si bien estamos en cautiverio, tenemos también libertades, y hay en este una paradoja interesante. (Le puede interesar: Los chimpancés pueden enseñar activamente tareas complejas a sus crías, según estudio)

Desde sus conocimientos como bióloga evolutiva y antropóloga, ¿Cómo podemos entender las causas de esta pandemia?

Esta no es ni la primera pandemia ni será la última en la historia humana. Los virus están en todos los ecosistemas y han existido desde el comienzo de la vida celular en la Tierra. Nuestro sistema inmunológico ha coevolucionado con distintos tipos de virus, algunos más letales que otros. Ahora en esta pandemia vemos un ejemplo de zoonosis, es decir, cuando un virus pasa de un animal no humano a un humano. Las probabilidades de que esto ocurra aumentan cuando tenemos más interfase con ecosistemas que están dañados.

Mientras mayor pérdida de ecosistemas tengamos, mientras más ecosistemas destruidos haya, mientras tengamos actividades nocivas como los mercados mojados donde se cazan animales salvajes y se venden para el consumo, aumentarán las probabilidades de otras zoonosis en el futuro. Una estrategia fundamental para prevenir futuras pandemias es mediante estrategias de conservación de la naturaleza, en las que nos tomemos en serio la idea de que necesitamos ecosistemas saludables y dejemos por lo menos una porción de la naturaleza en paz.

¿Cuál es la principal enseñanza que deja la pandemia?

Creo que lo principal es que esta pandemia nos recuerda que todavía somos animales, y lo digo de una buena forma. Somos, de hecho, un animal muy particular, pues estamos explorando fuera de nuestra propio planeta, incluso en medio de una pandemia. Eso es una paradoja muy humana. Pero también la pandemia nos reveló el orden oculto de las cosas, y con eso me refiero a que somos parte de la naturaleza y que no podemos, ni debemos, olvidarnos de nuestra casa, o sea el planeta Tierra, y la red de la vida, porque somos parte de ella. Esta pandemia nos muestra las interrelaciones ecológicas y sociales de manera muy vivida.

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