Grandes hombres y mujeres de ciencia que fallecieron en 2019

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Este año 2019 termina con varias pérdidas para la ciencia y la divulgación. Grandes académicos del campo de la física, la química y la botánica hacen parte del grupo de personas que murieron. Aquí rescatamos algunos de los más destacados.  

Sydney Brenner, el Nobel surafricano

(13 de enero de 1927 – 5 de abril de 2019)

Uno de sus grandes descubrimientos fue la del ARN mensajero, una molécula intermediaria que lleva la información de los genes a las proteínas. Pero fueron sus trabajos con el gusano C.elegans los que le dieron el Premio Nobel de Medicina en 2002.  

Este pequeño invertebrado se ha usado desde entonces como animal modelo en muchas investigaciones sobre la biología del desarrollo y la genética debido a su morfología sencilla y transparente y ha propiciado muchos de los descubrimientos de estos ámbitos. Murió el pasado abril a los 92 años.

David J. Thouless y los núcleos atómicos

(21 de septiembre de 1934 – 6 de abril de 2019)

En los años 70 usó junto a Michael Kosterlitz la topología, una rama de las matemáticas, para describir las fases de transiciones de la materia. Este procedimiento hizo que les otorgasen el premio de la academia sueca.

Thouless fue miembro de la Royal Society, de la American Physical Society, la Academia Estadounidense de las Artes y las Ciencias, y miembro de la Academia Nacional de Ciencias de EE. UU. 

 Recibió el Premio Wolf de Física en 1990.

Nils John Nilsson, el pionero de la robótica y la inteligencia artificial

(6 de febrero de 1933 – 22 de abril de 2019)

Formó parte del equipo que en 1968 construyó a ‘Shakey’, un robot que fue capaz de formar un modelo de su entorno a partir de datos obtenidos por un sensor. Este hito tuvo gran influencia en el desarrollo de tecnologías posteriores.

Pero su labor en IA es ampliamente reconocido por inventar el algoritmo de búsqueda ‘A*’ y el STRIPS (Stanford Research Institute Problem Solver), un generador de planes automatizado que sigue siendo la base de muchos algoritmos. Murió a los 86 años.

Paul Greengard, el Nobel por revelar los secretos de la dopamina

(11 de diciembre de 1925 – 13 de abril de 2019)

Cuando se licenció en matemáticas y física, decidió tomar el camino de la biofísica en lugar del de la fabricación de armas nucleares por el que se decantaron la mayoría de sus colegas.

Sus estudios se centraron en el funcionamiento de las neuronas y sus conexiones, la sinapsis. En concreto, descubrió cómo la dopamina y otros neurotransmisores transmitían su mensaje dentro de las células cerebrales, lo que le valió el Nobel de Fisiología en el año 2000.

Utilizó el dinero del galardón para crear un premio para mujeres científicas en la investigación biomédica e impulsar sus carreras. Falleció el pasado abril a los 93 años.

Eduard Punset, el divulgador estrella en español

(9 de noviembre de 1936 – 22 de mayo de 2019)

Posteriormente ejerció como asesor económico de Europa del Este tras la caída del Muro de Berlín, pero sobre todo fue reconocido por su labor divulgativa a través de su programa de televisión Redes que transmitió TVE desde 1996 hasta 2014.

Como divulgador, Punset escribió numerosos libros y publicaciones de economía y ciencia, pero también de autoayuda y crecimiento personal por los que recibió numerosas críticas. Aun así, es reconocido como uno de los grandes divulgadores españoles.

Murray Gell-Mann, el padre de los quarks

(15 de septiembre de 1929 – 24 de mayo de 2019)

El investigador es conocido por poner nombre a los ‘quarks’, única partícula subatómica que interaccionan con las cuatro fuerzas fundamentales: gravedad, electromagnetismo, interacción nuclear fuerte y débil). El nombre fue tomado de la novela Finnegans Wake, de James Joyce.

Gell-Mann también se interesó por la ‘cadena de relaciones’ que conectaba las leyes universales de la física con sistemas complejos como la economía y la cultura humana. Precisamente, en su libro El quark y el jaguar, describió “esos dos aspectos de la naturaleza: por un lado, las leyes físicas subyacentes de la materia y el universo, y por otro, el rico tejido del mundo que percibimos directamente y del que formamos parte”.

Mitchell Feigenbaum y las reglas del caos

 (19 de diciembre de 1944 – 30 de junio de 2019)

Descendiente de inmigrantes judíos polacos y ucranianos, se doctoró en física y trabajó en el Laboratorio Nacional de los Álamos. Se dedicó principalmente a buscar las ‘reglas’ en la teoría del caos y fue quien descubrió los llamados números de Feigenbaum, dos constantes que aparecen en sistemas físicos y matemáticos que tienen un comportamiento irregular.

En 1983 fue galardonado por la Fundación MacArthur y en 1986 recibió el prestigioso Premio Wolf en Física.

Suzanne Eaton, la biólogoa molecular que fue asesinada

(23 de diciembre de 1959 – 2 de julio de 2019)

Sus investigaciones se basaban en la biología del desarrollo y usaba como modelo la mosca de la fruta Drosophila melanogaster. También fue una de las líderes que fundaron el Instituto Max Planck de Biología celular, molecular y Genética en Dresde, Alemania.

La bióloga desapareció el 2 de julio, tras ser vista tocando el piano en el vestíbulo del hotel en Creta donde asistía a una conferencia. Unos días después la policía griega encontró su cadáver asfixiado dentro de un búnker abandonado de la Segunda Guerra Mundial.

Judit Bar-Ilan y la estadística de la ciencia

(1958 – 16 de julio de 2019)

Realizó numerosos estudios sobre la cuantificación de las publicaciones académicas, citaciones y revisiones por pares y buscó vías alternativas a este sistema de la evaluación del impacto y la visibilidad de los artículos.

Su labor fue reconocida cuando se le otorgó la Medalla Derek de Solla Price. Murió a los 61 años.

Kary Mullis, el bioquímico negacionista

(28 de diciembre de 1944 – 7 de agosto de 2019)

Este método revolucionó el campo y es usado a diario en los laboratorios para multiplicar las muestras de ADN. Se usa en la identificación del origen de muestras de sangre o saliva en la ciencia forense, para secuenciar genes humanos y de otros organismos en las ciencias biomédicas o en el ámbito de la biología evolutiva. Gracias a ella, obtuvo el Premio Nobel de Química en 1993.

Aunque fue un científico muy reconocido, también fue muy polémico al negar en repetidas ocasiones el cambio climático. También desechaba la idea de que el VIH causa el sida y afirmaba creer en la astrología. Murió a los 74 años víctima de una neumonía.

Robert Provine, el psicólogo de la risa

(11 de mayo de 1943 – 17 de octubre de 2019)

En uno de sus estudios halló que normalmente los seres humanos no se ríen a causa de un momento de humor sino que lo hacen sobre todo para estrechar lazos sociales. Trabajó con la prestigiosa neuróloga italiana Rita Levi-Montalcini.

Fue un gran defensor de la divulgación científica y apareció en televisión y otros medios en numerosas ocasiones, incluido en el programa Redes de Eduard Punset.

Murió a los 76 años víctima de un cáncer linfático.

Victoria Ann Funk, la botánica internacional

(26 de noviembre de 1947 – 22 de octubre de 2019)

Realizó expediciones botánicas por todo el mundo, donde recogió más de 12.000 especímenes.

Sus investigaciones se centraron en la evolución y la biogeografía de las plantas de las tierras altas de América del Sur y trabajó en lugares cuya flora es muy poco conocida, como en el Volcán Arenal en Costa Rica.

Murió a los 71 años.

Bogaletch Gebre, la microbióloga activista

 (Inicios de 1960 – 6 de noviembre de 2019)

Su padre le prohibió tener una educación, pero se escapó de su casa y asistió a una escuela misionera. Unos años más tarde logró estudiar microbiología y fisiología en Jerusalén y en la Universidad de Massachusetts Amherst (Estados Unidos) gracias a una beca.

En este país creó la organización benéfica ‘Desarrollo a través de la educación’ para impulsar las escuelas secundarias y universidades de Etiopía. Cuando obtuvo su doctorado en epidemiología, volvió a su país de origen donde fundó, junto a su hermana, KGM Etiopía para proteger los derechos de las mujeres.

La organización se centró en la prevención de la mutilación genital femenina y de los secuestros de mujeres jóvenes para forzarles al matrimonio, ambas prácticas comunes en la zona. En 2010 fue considerada por el periódico ‘The Independent’ como “la mujer que comenzó la rebelión de las mujeres etíopes”.

Murió a la posible edad de 66 años.

Margarita Salas, la gran dama de la ciencia española

(30 de noviembre de 1938 – 7 de noviembre de 2019)

Gracias a ella, CSIC obtuvo la patente más rentable de la historia cuando aisló la enzima phi29 ADN polimerasa y marcó el comienzo de aplicaciones innovadoras para las pruebas de ADN.

Recibió numerosos galardones a lo largo de su trayectoria. Uno de los últimos, fue el Premio al Inventor Europeo de 2019 y la Medalla Echegaray de la Real de la Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. Otros galardones fueron la Medalla Mendel, el Premio Rey Jaime I, el Premio Nacional Ramón y Cajal y el Premio L’Oreal UNESCO.

En una entrevista publicada el año pasado en Sinc, Salas hablaba de su interés en seguir trabajando en el laboratorio y nos confesaba su sueño para la ciencia española: “Dinero. Ahora mismo es un desastre, y el dinero es la mejor forma de demostrar que se valora la ciencia”.

 

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