Estará en Bogotá, Bucaramanga y Santa Marta
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"Hagamos conexiones, no bebés": encuentro con Donna Haraway

La autora de culto y feminista estadounidense estuvo conversando con la bióloga Brigitte Baptiste y la antropóloga Kristina Lyons en Bogotá. La autora del “Manifiesto Cyborg” dio luces para pensar cómo relacionarnos con otras especies en un planeta en decadencia.

“Enredando ecologías, conocimientos y parentescos” fue una conversación entre Brigitte Baptiste, Kristina Lyons y Donna Haraway,. / Idartes

No es poca cosa que la bióloga y feminista Donna Haraway esté en Colombia. El esfuerzo reunido de la Escuela de Estudios de Género de la Universidad Nacional, el Departamento de Antropología y de Estudios Culturales de la Javeriana, la Escuela de Ciencias Humanas de la Universidad del Rosario, el Departamento de Antropología de la Universidad de Magdalena y el Departamento de Filosofía de la Universidad Industrial de Santander logró que una de las pensadoras vivas más importantes en las discusiones sobre ecología, cambio climático, ciencia ficción y feminismo llegara a uno de los países más biodiversos del mundo.

En los ochenta, su Manifiesto cyborg propuso una reflexión sobre ser hombre, mujer, animal o máquina, pues no existe distinción entre la vida natural y la tecnología. Se convirtió en un texto de culto y desde entonces, Haraway ha estado en el centro de las discusiones sobre medio ambiente, feminismo y globalización.

La feminista aterrizó en el país de las geografías imposibles, el segundo país en donde más líderes ambientales son asesinados, el país en donde se discute si erradicar con glifosato o no las miles de hectáreas de coca que inundan los campos y que alimentan la demanda de Norteamérica y Europa, el escenario en donde se discute si hacer minería a gran escala o no en el páramo de Santurbán, el país en donde casi el 48 % de su territorio (la Amazonia) es “sujeto de derechos”, un país que es 100 % vulnerable al cambio climático, según el IDEAM. ¿Cómo entender nuestro papel en esas discusiones? ¿Cómo relacionarnos con otras especies para vivir en un mundo que parece caminar hacia su propia destrucción? ¿Cómo reconocer nuestra responsabilidad en la destrucción planetaria y a la vez nuestro papel urgente para salvarlo?

Brigitte Baptiste, exdirectora del Instituto Humboldt, sirvió de par y traductora de las ideas de Haraway al caso colombiano, y la antropóloga Kristina Lyons hizo las preguntas punzantes. Vale la pena rescatar algunos apartados de la conversación que tuvo lugar el pasado martes, en el teatro Jorge Eliécer Gaitán de Bogotá, frente a un aforo casi completo.

Las tres científicas comenzaron por poner en la mesa el “problema” del páramo de Santurbán y los varios actores en juego: pequeños mineros que piden que se respete su derecho a trabajar, comunidades de agricultores que saben que si se limita la minería también se limita la actividad agrícola, empresas mineras que quieren explotar oro a gran escala, una ciudad (Bucaramanga) que de manera masiva se manifestó en defensa del agua y legisladores que invitan a negociar una solución.

Haraway contó una anécdota: cuando veía la TED Talk de Baptiste, titulada “Nada es más queer que la naturaleza”, el traductor de Youtube arrojó: “Nada más puro que la naturaleza”. ¿Es realmente la naturaleza pura? O, mejor aún, ¿hay acaso una solución o explicación pura para un problema? “Una solución pura desposeería a una u otra comunidad de sus tierras y las sometería a un estado de violencia. Esto no solo tiene que ver con fuerzas de seguridad, sino, por ejemplo, con cambio climático o su relación con el agua. Les pongo el ejemplo de Santa Cruz, la ciudad en la que vivo, considerada una especie de santuario, porque las fuerzas policiales locales se rehúsan a cooperar con agentes federales de inmigración de Trump (…) a la vez es un centro de producción agrícola a gran escala, de la modificación genética para crear fresas gordas y lujuriosas. Son factores que reproducen las condiciones para la sequía, el cambio climático, la guerra”.

Hizo una invitación a reconocernos como parte de muchos sistemas de conexiones. Por lo mismo, nuestra presencia en el mundo no es inocente: “¿Cómo podemos pensar en tiempos de urgencia sin los mitos autocomplacientes del apocalipsis, cuando cada fibra de nuestro ser está entrelazada, incluso es cómplice, en las redes de procesos planetarios?”, se pregunta.

“Voy a poner un ejemplo. Las personas indígenas del norte, que están más expuestas a los efectos del cambio climático, hablan de la respiración de las aguas, del aire, de los suelos y los bosques. Sila, que en inglés no tiene traducción, es un concepto para entender cómo funcionan las relaciones del mundo. Algunos científicos hablan de cambio climático, algunos indígenas hablan de sila. Y aunque ambas partes comparten la misma preocupación, pareciera que estos conceptos se repelen, casi magnéticamente, en vez de crear zonas de contacto. Para enfrentar a los poderes que quieren sacar la última gota de petróleo antes de que haya demasiada resistencia como para seguir intentándolo hay que buscar roces reales, conceptuales, lingüísticos”, señaló.

Pareciera entonces que conceptos como “minería responsable” y “extractivismo sostenible” tratan de resolver esas aparentes paradojas. Para Haraway, el problema es más complejo: “Hay un concepto que es la justa transición. Tiene que ver con pensar un futuro para los trabajadores de, digamos, las minas de carbón, los transportadores y mineros, los ingenieros y demás, así como de los medios de producción de energía, bien sean combustibles fósiles, gas natural, hidroeléctricas. ¿Qué constituye, entonces, una transición justa hoy?”, se pregunta.

Un buen ejemplo, mencionado por Lyonss para el caso colombiano, es el fracaso de las transiciones que comunidades cocaleras proponen al cultivo de la hoja.Haraway propuso una perspectiva para el caso del oso Chucho, que se debatió ayer en audiencia pública en la Corte Constitucional y que abrió el debate sobre los animales somo sujetos de derecho. (En contexto: El oso Chucho agita el debate sobre los derechos de los animales)

“¿Cuáles son las ciencias de lo osuno de ese oso? No se está discutiendo la vida de los osos, sino de ese oso en particular, crecido en cautiverio. Algunas personas creen que la única vida buena es la vida libre, natural. Pero ¿ese oso pertenece a esa vida? Este oso es otro tipo de ser que no necesariamente representa a los osos de Colombia. Tal vez la responsabilidad no está en el oso, sino en las personas que no pueden mantenerlo en un ambiente de cautiverio. No hay una discusión sobre los osos, sino una pregunta sobre cómo ese oso se convierte en Chucho. A lo mejor el acto original de violencia fue sacarlo de un ambiente natural o separarlo de las comidas que comían sus ancestros, por ejemplo. ¿Cuál sería la justa transición para Chucho? ¿Morir? ¿Vivir en la naturaleza y morir allá por no saber cómo vivir fuera de cautiverio?”.

El talento de Haraway para dejar preguntas poderosas en el aire es innegable. Tal vez el momento más emotivo fue cuando Baptiste y Haraway hablaron del placer y el amor como una herramienta para entender cómo funcionan esas conexiones profundas y emotivas entre las especies que habitamos este planeta. "Estamos en una época indudablemente autoritaria, tanto en Brasil como en Colombia, EStados Unidos, Turquía, Polonia, etc. Los poderes presidenciales están abiertos a una hiperexplotación e hiperconcetración de la riqueza. Y porque soy bióloga se, estoy segura, de que hay científicos en rebelión abierta contra estos poderes. Hay que darle la vuelta a la narrativa de que los movimientos son pequeños (...) No solo necesitamos sino que anhelamos conexiones con deseo (lust). No es un concepto filosófico, ese deseo es un concepto biológico. Sobre la práctica del amor, contaré una anécdota, cuando era una "bebé feminista" conté en mi grupo feminista sobre lo excitada que estaba al volver de una conversación sobre conexiones eléctricas, y hubo un silencio extraordinario. En un grupo dedicado a combatir la perversión, yo era perversa. Pero juro que mi amor por la biología se siente así, y esto es verdad para todas las personas", dijo la estadounidense.

"Alexander von Humboldt fue uno de nuestros apasionados científicos que no dejó de conectar o emocionarse con la ciencia. Tal vez la pasión en una perspectiva relacional del mundo es la que nos abre unos espacios distintos a los de otras narraciones. Las naracciones de los pueblos amazónicos por ejemplo, que son profundamente eróticas. Todo el tiempo nuestros héroes ancestrales y fuentes de vida copulan ideas, engendran mundos constantemente cambiantes, llenos de disfrutes y dolor. Lo grave es cuando la complejidad del mundo por los hechos de la evolución y al experimentación constante debe dar paso a la simiplicad para gobernar", mencionó Brigitte. 

Tal vez eso quiera decir Haraway con su famosa frase "Make kin, not babies" (Hagamos parentescos, no bebés). Entender nuestra presencia en el mundo como parte de un ecosistema, como una serie de conexiones invisibles y poderosas, y de una responsabilidad ética y política con el mundo que le dejamos no solo a generaciones futuras de humanos, sino a ríos, bosques, hongos, microbios. Una frase de su más reciente libro, "Antropoceno, Capitaloceno, Chthuluceno: Haciendo parentescos", lo resume: "Debemos dejar de ponernos más allá de otras especies y darnos cuenta de que ninguna especie, ni siquiera nuestra propia arrogante que finge ser buenas personas en los llamados guiones occidentales modernos, actúa solo; Los conjuntos de especies orgánicas y de actores abióticos hacen historia, del tipo evolutivo y de otros tipos también".

*La traducción de las palabras de Donna Haraway es humilde y mía. Pido excusas si hay palabras que no contienen el significado de lo que quiso decir en inglés. 

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2019-08-08T15:32:32-05:00

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2019-08-08T18:18:05-05:00

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Helena Calle / @helenanodepatio

Ciencia

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