¡Houston, el águila ha alunizado!

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Lo que sucedió a las 9:56 pm de Colombia el 20 de julio de 1969 quedó registrado de distintas maneras. Fue el día en que el humano pisó por primera vez la Luna.

Del momento en que el hombre llegó a la Luna se ha dicho mucho. Se sabe, por ejemplo, que la “araña” alunizó a las 20:17 GET (Hora Estándar De Georgia) en el “Mar de la tranquilidad”, y que Neil Armstrong tuvo que cambiar manualmente la dirección del alunizaje porque iban directo a un cráter. Lo hizo cuando sólo les quedaban 30 segundos más de combustible restante.

De lo que hizo Michael Collins, el solitario astronauta que se quedó orbitando la Luna en el Columbia, el módulo de mando, no se registró tanto. Pero más tarde supimos, por lo que les dijo a varios medios, que contrario a lo que se creyó, “no se sintió el hombre más solitario del universo”. Que tenía casi 18 planes alternos en caso de que algo saliera mal. Ninguno de ellos era suicidarse. 

Lo que sucedió a las 9:56 pm (hora Colombia) el 20 de julio de 1969, quedó registrado de distintas maneras: en los audios de la caja negra, en los archivos de la Nasa, y en los periódicos del mundo. Pero, sobre todo, quedó registrado en las cabezas de los que tienen los años y aún la memoria para recordarlo. Fue el día en que los límites del universo traquearon. El día en que más televisores se sintonizaron. El día en que Richard Nixon, en ese entonces presidente de Estados Unidos, hizo la primera llamada a la Luna.

“Neil y Buzz, les estoy hablando por teléfono desde la sala Oval en la Casa Blanca. Y esta sin duda tiene que ser la llamada telefónica más histórica jamás realizada. Simplemente no puedo decirles lo orgullosos que estamos todos de lo que han hecho. Para cada estadounidense, este debe ser el día más orgulloso de nuestras vidas. Y para la gente de todo el mundo, estoy seguro de que también ellos se unen a los estadounidenses para reconocer lo que es una hazaña”, dijo lanzándole una pulla a la Unión Soviética con el triunfo que les daba la delantera en la carrera espacial.

A la par, en Colombia, el presidente Carlos Lleras Restrepo instalaba el Congreso y en el Club de Exalumnos de la Universidad de los Andes se hacía un “desfile de último grito” bautizado en honor al día: “Lanzamiento Apollo 11”. En la sede de El Espectador se hacía una competencia de perros pastores alemanes en la cancha deportiva, pero la emoción por el alunizaje les ganó a los competidores y entraron a las oficinas, con perros “a bordo”, a seguir la transmisión en directo.

El coronel (r) Raúl Gutiérrez recuerda tener tres años y haber visto la transmisión del alunizaje en Popayán (Cauca). Sus papás lo llevaron a donde unos vecinos, donde sí había televisores, para verlo: “Esa noche salimos a la calle y yo voltee a la Luna tratando de ver a los astronautas, en mi inocencia de niño, creí que alcanzaría a verlos”.

El día que el hombre llegó a la Luna se dijeron muchas cosas. Algunos religiosos rezaron con el miedo de que el momento en que Armstrong pisara la Luna, la Tierra dejara de existir. Otros creyeron, en cambio, que la magia de la Luna, esa que la hizo objeto de los poetas, quedaría destruida. Pero la magia de la Luna siguió. Y no sólo eso. A esta se sumó el asombró de todos aquellos que aún recuerdan cómo el hombre llegó a la Luna.

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