Hoy muere la sonda Rosetta de la Agencia Espacial Europea (ESA)

La primera nave espacial enviada a un cometa concluyó su misión después de dos años de viajar con él. La ESA ve como un éxito científico esta maniobra histórica.

Ilustración de la sonda Rosetta aproximándose al cometa. / Wikimedia

El viaje de la sonda Rosetta, una nave espacial algo más grande que un refrigerador, llegó a su fin hoy. Esta misión, dirigida por la Agencia Espacial Europea, es considerada histórica porque se trata del primer vehículo espacial en posarse sobre un cometa, depositar una sonda en su superficie —llamada Philae— y acompañar al cometa en su viaje hacia el sol.

Durante estos días, los ingenieros de la Agencia Espacial Europea (ESA) prepararon un último adiós para lograr que Rosetta llegue a una fosa del cometa 67P/Churyumov-Gerasimenko, donde podría estar la clave para descifrar el origen de la vida en el sistema solar.

Enviarán la señal a la nave a través de un software que obliga a Rosetta a apagarse. Pero durante ese proceso, y mientras la sonda desciende controladamente, enviará imágenes que permitirán retratar las fosas activas de un cometa.

La travesía espacial de Rosetta comenzó el 2 de marzo de 2004, con su lanzamiento desde el Centro Espacial de Kourou, en la Guyana Francesa. Tuvo que superar varios obstáculos: recortes en el presupuesto, trabas técnicas y el retiro de la NASA del proyecto.

Pese a esto, después de recorrer más de 6.500 millones de kilómetros, Rosetta alcanzó el cometa 67P, un trozo de hielo y roca que tiene el tamaño de la isla de Providencia, en agosto de 2014.

Más tarde, en noviembre de 2014, la sonda Philae se separó de Rosetta con rumbo a la superficie del cometa, lo que marcó un hito en la exploración espacial y protagonizó uno de los episodios más emocionantes para la ciencia.

Como explica el astrofísico Juan Diego Soler, los cometas ya habían sido estudiados antes: se habían tomado muestras de la cola que desarrollan cuando se deshacen en su trayectoria hacia el sol y se habían observado sus núcleos, “pero nunca antes habíamos observado en detalle su superficie. Nunca habíamos registrados los chorros de gas que se liberan mientras el cometa se acerca al sol o habíamos medido su gravedad, ni registrado de cerca su campo magnético”.

Philae, sin embargo, tuvo que pasar por muchos tropiezos mientras permanecía en el cometa. Estaba en una posición que le impedía recargar sus baterías y, aunque tomó unos datos, fue un dolor de cabeza para los ingenieros de la Agencia Espacial Europea (ESA).

Gracias a esos datos, hoy se sabe que esa región del cometa está cubierta por una capa de material granular y placas de hielo. Como dijo Soler, entre los materiales identificados se hallaron 16 compuestos orgánicos, cuatro de los cuales se identificaron por primera vez en un cometa. Y la presencia de esas moléculas es una reliquia para saber cómo fue la formación del sistema solar.

Como aseguró el jefe de la oficina de coordinación de la ESA, Fabio Favata, “durante la misión, los científicos están inmersos conduciéndola y planificándola. Ahora van a estar ocupados durante años”, explicó.

En agosto de 2015, la nave Rosetta inició su última etapa junto con el cometa desde que comenzó a alejarse del sol. Según Favata, se aproximan muchas más misiones que harán de 2018 un año copado.

dad explosiva y los efectos inmediatos de la estrella. Más adelante, la nave Juice aprovechará la tecnología desarrollada para Rosetta y, cuando se lance en 2022, será la primera misión europea con destino al planeta Júpiter que estudiará la aparición de mundos habitables en gigantes gaseosos.