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Humanos convertidos en abono, el compostaje como nueva ceremonia funeraria

Aunque en occidente hay generalmente dos opciones para disponer los cuerpos de quienes fallecieron (entierro o cremación), en Washington se ha creado y avalado el primer centro de compostaje humano que quiere ofrecer una alternativa única para convertirlos en abono. Se espera que el espacio, llamado “Recompose”, abra sus puertas en 2021.

Así luciría el espacio en donde las familias y amigos podrían llevar los cuerpos de los fallecidos para ser transformados en abono.Imagen digital de MOLT Studios - Tomada de Twitter: @recomposelife

Recompose, una compañía que espera iniciar operaciones en Seattle (Washington) en 2021, se define a sí misma como el primer espacio en el mundo de compostaje humano, por medio del cual se pueden convertir los restos humanos en abono a través de un proceso llamado “recomposición” o “reducción orgánica natural”.

El proyecto surgió como parte de un innovador estudio de la Universidad de Washington, que pretendió probar la eficacia del compost creado a partir de los restos humanos. Entonces, un grupo de investigadores, diseñadores, y legisladores del estado de Washington aunaron esfuerzos durante años para lanzar un proyecto de ley que hiciera del compost humano una realidad. La ley entrará en vigencia en mayo del 2020.

Tras el proceso legal, el paso por el Senado y la aprobación por unanimidad en un Comité de Protección al Consumidor de la Cámara, el gobernador demócrata del Estado, Jay Inslee, firmó el pasado mes de mayo la ley por medio de la cual se podrá hacer compostaje en instalaciones autorizadas a partir de cadáveres humanos, de cuya descomposición resultará una tierra rica en nutrientes. Es un hecho histórico. Washington es ahora el primer estado en permitir el compostaje humano.

Karina Spade es la Gerente y fundadora de la empresa de compostaje humano, a la que llamó “Recompose”. La idea se le ocurrió mientras estudiaba en la universidad y se dio cuenta de que no se habían explorado todas las formas de disponer de nuestros cuerpos después de la muerte. Entonces, pensó que su idea podía ser una alternativa útil y práctica, en la que se mantenía el potencial que pueden tener los cuerpos al ser devueltos a la tierra; por lo que se asoció con la profesora de agricultura orgánica y sostenible de la Universidad del Estado de Washington, Lynne Carpenter-Boggs, y juntas comenzaron a hacer del compost humano una realidad.

¿En qué consiste el compostaje humano?

El proceso se basa en los principios tradicionales de entierros naturales o “verdes”. Pero tiene lugar dentro de unos recipientes especiales, reutilizables, a los que llamaron “Vessels”, en los que será enterrado el cuerpo. Ese recipiente está compuesto de oxígeno, nitrógeno y materiales vegetales como alfalfa, paja y astillas de madera que facilitan la rápida descomposición. La combinación estimula la actividad microbiana, encargada de eliminar las bacterias y virus del cuerpo en alrededor de 30 días (un tiempo mucho más corto que el proceso natural).

Una vez el proceso de compostaje es completado, los familiares y amigos del fallecido son invitados a tomar partes del suelo abonado para que lo usen para crear nueva vida en sus jardines.

El proyecto ya cuenta con más de 7.000 personas en su lista de correos que quieren participar del proceso una vez hayan fallecido.

Para verificar si el proceso era seguro y efectivo no solo para los animales de al granja, sino para los humanos en general, seis individuos donaron sus cuerpos a la Universidad Estatal de Washington, en donde se adelantó la investigación conjunta.

Impacto medioambiental

El proceso de “Recomposición” busca ser también una alternativa más amigable con el medio ambiente que enterrar cuerpos embalsamados en ataúdes o acudir a la cremación. Este proceso requiere de una cantidad de energía ocho veces menor a la de los métodos tradicionales, y por cada persona se ahorraría el equivalente a mil kilos de dióxido de carbono.

Sin embargo, más allá del medio ambiente, para su fundadora el proceso es una forma de cambiar la relación que tenemos con el proceso de la muerte. “Para algunos, es una forma de devolver al ciclo natural los nutrientes que tenemos en nuestros cuerpos cuando morimos, incluso si es solo un poco. Es mejor eso a quemarlos o enterrarlos en el suelo”, asegura a WBUR. “Podemos tener lugares en nuestras ciudades en donde seamos más conscientes de la relación con la muerte y donde pensemos en la mortalidad como un ciclo natural”, insiste.

Incluso, el centro de Recomposición, plantea la posibilidad de que las familias incluso puedan participar en el proceso. El espacio contará con cuartos para que las familias puedan pasar un tiempo extra con el cuerpo, también podrían participar en el lavado del cuerpo y su colocación en el “vessel”. Después del mes de compostaje, se podrán llevar el abono que deseen.

Sin embargo, el proyecto también tiene sus detractores, en especial, la iglesia católica, que lo considera como un proceso “indigno”. También la Asociación de Directores de Funerarias de Washington han mostrado su descontento.

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- Redacción Ciencia

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