La imaginación siempre fue primero: de Galileo a Star Trek

Son varias las personas que soñaron con llegar a la Luna antes de que, hace 50 años, la misión Apollo 11 lo convirtiera en una realidad. Aquí un breve relato sobre aquellos que nos hicieron viajar a esta con la mente.

La Luna ilustrada por Galileo Galilei.ESA

Desde siempre la imaginación humana ha conquistado mundos lejanos. Siempre vamos primero con la mente antes que con las máquinas o la tecnología. Eso pasó con Galileo Galilei, Johannes Kepler, Julio Verne, Stanley Kubrik, H.G. Wells y otros que convencieron a lectores, cinéfilos y oyentes de que había otros mundos por descubrir. (Lea acá: Sputnik-1, el primer “round” de la guerra espacial)

Aunque la Luna fue considerada por muchos siglos como un cuerpo en el reino celeste que solo podríamos apreciar a la vista, el físico Italiano Galileo Galilei fue el primero en cambiar nuestra imagen mental sobre este reino inalcanzable. Utilizando un telescopio, el astrónomo italiano fue el primer humano en detallar que los distintos matices de grises que pueden observarse en el satélite responden a la textura de su superficie. En otras palabras, Galileo descubrió que la Luna estaba plagada de cráteres y planicies que pueden apreciarse en diferente tonalidad. Con un fino y delicado pulso, el sabio italiano detalló sus hallazgos en su libro Sidereus Nuncius (El mensajero sideral) publicado en 1610. En esta misma obra, el físico nos dio a conocer que la Luna no es la única luna del sistema solar. Después de observar a Júpiter con el telescopio, Galileo apreció cuatro puntitos brillantes en las cercanías del planeta que identificó correctamente como Lunas y les dio nombre ( Ío, Europa, Ganímedes y Calisto). Actualmente, cualquier persona que cuente con un telescopio casero puede maravillarse de la misma manera que lo hizo Galileo hace 400 años.

 
La Luna ilustrada por Galileo Galilei
ESA

Los primeros viajes

Todo parece indicar que el matemático alemán Johannes Kepler fue el primero que plasmó en la literatura un imaginario viaje a la Luna. En su obra El sueño o la Astronomía de la Luna, publicada en 1634, el sabio Europeo hizo uso de una lógica matemática impecable para relatar un viaje a Levania (la Luna) de la mano de un misterioso demonio. Entre las numerosas descripciones que ofrece del satélite, entre las que incluye aspectos físicos y fenómenos como los eclipses. Kepler menciona: 

“Allí nos recogemos rápidamente en cuevas y lugares oscuros … El aspecto de las estrellas fijas en Levania es del todo semejante al nuestro …  Levania consta de dos hemisferios, el de Subvolva y el de Privolva. El uno disfruta continuamente de su Volva (La Tierra) que para sus habitantes hace las veces de nuestra Luna; el otro, por el contrario, está eternamente privado de la vista de la Volva”.

Es una obra que vale la pena leer, y podría ser considerada la primera novela de ciencia ficción. El sueño de Kepler termina: “A este punto llegué en mi sueño. Un estrépito repentino de viento y lluvia me despertó y borró a la vez el final del libro traído de Frankfurt.  Así pues, dejé al demonio narrador y a sus oyentes, Duracoto el hijo y Fiolxhilde la madre, con sus cabezas tapadas como estaban y, al volver en mí, hallé que en realidad tenía yo cabeza y cuerpo liados en la almohada y las mantas”.

 
Portada de "El Sueño o la Astronomía de la Luna de Johannes Kepler".
Archivo

También fuimos a la Luna de la mano de Julio Verne (1828-1905) gracias a su imaginación y a un gigantesco cañón que tenía una potencia tal que podía impulsar una nave en forma de proyectil contra la cara de la Luna, como después lo recreó Georges Meliés a comienzos del siglo XX en una película basada en la novela de Verne.

 
Viaja a la Luna, de Julio Verne.
De Henri de Montaut - Wikimedia Commons

En el libro, publicado primero por capítulos en el periódico "Journal des débats politiques et littéraires", Verne ratifica la hipótesis que las guerras son la madre de los grandes desarrollos científicos. De la Guerra de Secesión en los Estados Unidos, creó el Gun-Club, heredero de la tradición militar de la academia de West Point, y el cañón Columbiad, una colosal máquina con la que un grupo de curiosos se inventó un viaje a la Luna. “Se sabe de la Luna todo lo que las ciencias matemáticas, la astronomía, la geología y la óptica pueden saber; pero hasta ahora no se ha establecido comunicación directa con ella”, dijo el presidente Barbicane del Gun Club para motivar a los 1833 miembros de la cofradía.

Sin embargo, la imaginación del escritor francés se alimentó de charlas e investigaciones con científicos para responder preguntas tales como las que el Gun Club le hizo en la novela al Observatorio de Cambridge: ¿cuál es la distancia a la Luna?, ¿cuánto tiempo demoraría un proyectil hasta nuestro satélite natural?, ¿cuál es el momento preciso para hacer el disparo?, ¿hacia dónde habría que apuntar? La verosimilitud es impresionante. En el libro la distancia entre la Tierra y la Luna se calcula en 247.552 millas (398.396 kilómetros). La distancia real es de 384.400 kilómetros.

El cuento de los extraterrestres

Otro asunto que ha excitado la mente de los escritores es la vida extraterrestre y el viaje a la Luna disparó muchas hipótesis acerca de la existencia de vida en el satélite. Antes, en 1938, la adaptación para radio de la novela de ficción La Guerra de los mundos del escritor británico H. G. Wells, en la voz de Orson Wells, provocó pánico en los oyentes de la CBS. La obra se había publicado originalmente en 1898.

 
De Acme Telephoto - The Gastonia Daily Gazette (North Carolina), November 3, 1938 (page 8)-
Wikimedia Commons

Tres meses antes del lanzamiento del Apolo 11, el 3 de abril de 1968, se estrenó la película 2001: Odisea en el espacio que recrea una historia de ciencia ficción escrita originalmente por Arthur C. Clarke. La Inteligencia Artificial apenas se dibujaba en los sistemas y brazos mecánicos que tímidamente habían escarbado el suelo lunar en las sondas que habían logrado alunizar hasta ese momento. Sin embargo, la película fue más lejos y creo a Hall 9000 una mente artificial que controla un vuelo a Júpiter y revela secretos de la naturaleza humana y su destino.

La escenografía, el diseño de una estación espacial, los vehículos espaciales, los tableros de comando, la recreación de las condiciones topográficas de la Luna, y los trajes espaciales, entre otras cosas, revelaron los tiempos por venir en las misiones espaciales.

De esta forma, siempre ha existido la curiosidad por viajar a las estrellas e inventos prodigiosos como los libros, el cine y la televisión han alimentado este sueño. Por eso no deja de ser fascinante escuchar la voz del capitán Kirk cuando al comienzo de la serie original y las posteriores versiones de Star Trek (Viaje a las Estrellas) dice: El espacio: la frontera final . Estos son los viajes de la nave estelar «Enterprise», cuya misión en los próximos cinco años es explorar mundos desconocidos, descubrir nuevas vidas y civilizaciones, hasta alcanzar lugares donde nadie ha podido llegar”.

*Docente - Doctorando en Comunicación Universidad de Huelva

**NeuroscienceLab, Hospital Universitario de Essen, Alemania - Escuela de Astronomía de Cali

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Jorge Manrique Grisales* y Daniel Manrique Castaño**

Ciencia

La imaginación siempre fue primero: de Galileo a Star Trek

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Las plantas pueden “ver” bajo la tierra