La apuesta por una agricultura más innovadora

“La política asistencialista en el campo fracasó”: director de Corpoica

Juan Lucas Restrepo emprendió hace siete años una cruzada para convertir la ciencia en el motor del campo. Desde Corpoica ayudó a desengavetar investigaciones, crear bioproductos y hasta un arma biológica contra la peor plaga del maíz.

Juan Lucas Restrepo está al frente de Corpoica desde hace siete años. / Mauricio Alvarado - El Espectador

Menos del 2 % de los agricultores colombianos conocen la salud del suelo en el que van a sembrar su próxima cosecha. Es una de las tantas razones de la pésima productividad agrícola del país. Algunos no saben que pueden hacer un estudio de suelos. Para otros resulta muy costoso. O simplemente no tienen acceso a un centro confiable para la prueba.

A Juan Lucas Restrepo, director de Corpoica desde hace siete años, y a su equipo de trabajo se les ocurrió una idea. Aliarse con dos compañías, Servientrega y Efecty, que tienen oficinas en cientos de municipios colombianos, desde La Guajira hasta el Amazonas. A la compañía de giros y remesas le pidieron entregar un sobre de recolección de muestras con un formulario para los campesinos que lo soliciten. La tarea para Servientrega consiste en llevar la muestra de suelo que tome el campesino hasta Bogotá en menos de tres días.

En Tibaitatá, uno de los 13 centros de investigación que forman la red de Corpoica, en Mosquera, Cundinamarca, los expertos analizan la muestra y envían por vía electrónica a los agricultores un diagnóstico y también recomendaciones sobre cómo actuar para estabilizar la salud del suelo para el cultivo específico que quiere el campesino. En menos de 10 días se completa el proceso por un valor inferior a lo que ofrece el mercado.

¡Emoción! Superamos 5.000 muestras de suelos desde 707 municipios con @ServientregaCS @EfectyOficial” celebró esta semana en su cuenta de Twitter Restrepo, un ingeniero civil con maestría en economía agrícola de la U. de Cornell.

Hay otra historia que resume el rescate de Corpoica, una institución que se construyó sobre el antiguo ICA y que a principios de los años ochenta llegó a ser un centro líder en investigación agrícola, pero fue desmoronándose por las razones de siempre en Colombia, politiquería, malas decisiones, problemas presupuestales, falta de dirección, burocracia y funcionarios desmotivados.

Hace seis años un equipo de científicos de Corpoica decidió plantarle cara a la peor plaga del maíz. El gusano cogollero (Spodoptera frugiperda) es un viejo enemigo de los cultivadores de Córdoba, Meta, Tolima, pero también del resto de América y África. Durante meses y meses estudiando los puntos débiles del gusano descubrieron que entre los virus que tenían registrados existía uno, de la familia Baculoviridae, que destruía a la plaga. Como el virus no soportaba las altas temperaturas de los cultivos, le crearon “una armadura” para el calor y luego un “vehículo”, un polvo soluble, para ponerlo en manos de los campesinos. El resultado se llama Spobiol, fue patentado y está en proceso de ser comercializado en otros países.

“El mayor orgullo, no mío, sino de todos los que trabajamos aquí, es que el Corpoica de hoy cuenta con las mejores capacidades científicas en agricultura que ha tenido el país en décadas. Hace 25 años el ICA tuvo grandes investigadores, pero hoy estamos llegando a 140 profesionales con Ph.d”, dice Restrepo.

Los primeros dos años al frente de Corpoica los dedicó a recuperar la confianza entre los científicos y funcionarios. “Cuando la gente se cree algo y se compromete, es capaz de cualquier cosa. Lo que vi fue unos talentos excepcionales, pero frustrados, desenfocados, sin creer en lo que podía hacer la Corporación”, cuenta. El siguiente paso fue cambiar el modelo de financiamiento. En 2014 se logró que la institución recibiera recursos directamente del presupuesto general de la nación. A la par se instauró un modelo de gestión de ideas.

Siete años viajando por las veredas de Colombia le han servido para darse cuenta de que el reto de rescatar el campo no es fácil. “Las brechas en productividad, la eficiencia en los sistemas de producción de Colombia frente a otros referentes son muy bajos. Eso muestra una enfermedad de muy largo plazo, porque se abandonó la investigación, la asistencia técnica, casi desde los ochenta, noventa y los últimos años”, explica Restrepo. Además, cree que la política se concentró en financiación, subsidios a precios, vehículos y proyectos productivos, pero se ignoró el conocimiento. “Los resultados fueron terribles porque la productividad es terrible y la pobreza alta”, anota.

De ahí que vea en la ciencia el verdadero motor de cambio para el campo. “Lo que veo en muchas comunidades es que en la medida que entienden los beneficios de hacer las cosas de manera distinta, toman riesgos y van armando modelos mas resilientes. No se trata de que usen la tecnología de Corpoica, sino que cambien la forma de abordar su negocio agropecuario y lo vuelvan abierto a un nuevo conocimiento”, apunta.

Bajo ese espíritu de innovación hasta crearon un “tinder” para vacas, una aplicación con más de 80.000 datos de ADN para que los ganaderos reemplacen la selección a ojo de los animales de apareamiento y cuenten con información genómica más precisa.

Pero hay otra debilidad que se debe corregir para salvar el campo colombiano, en opinión de Restrepo, “como la política ha sido principalmente de alivios financieros, el sector privado se acomodó a ese tipo de política. Las casas comerciales de insumos trabajan con una forma que maximiza sus utilidades en la medida que tienen a un sujeto que a su vez tiene a un Estado que le da apoyos. Aquí toca arbitrar esas relaciones para que sean justas y duraderas, y generen progreso”.

Un proyecto de ley que ya superó varios debates en el Congreso y está cerca de ser aprobado le da razones para ser optimista. Se trata de una ley que propone un sistema de innovación para el sector agropecuario. Tomará varios años que se materialice, porque por su complejidad institucional, pero para Restrepo no hay otra salida que pensar en el campo con “modelos agropecuarios más complejos que busquen una intensificación sostenible”. Se refiere a la exigencia de armonizar la agricultura con los retos ambientales.

Recuerda el caso del distrito de riego de El Zulia, en Norte de Santander, donde los arroceros se acostumbraron a preparar la tierra para sembrar arroz usando una técnica conocida como fangueo, un batido de lodo con maquinaria pesada, que terminó degradando los suelos. Más de la mitad de la tierra de esa zona hoy es improductiva. “Un modelo insostenible”, dice Restrepo, “los objetivos ambientales son objetivos funcionales. Ya no se trata simplemente de trabajar sosteniblemente, sino que no tenemos otra alternativa”.

 

 

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