Estudio publicado en Science Advances

Las fases de la Luna afectarían el sueño

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Un estudio de la Universidad de Yale determinó que el sueño comienza más tarde y es más corto en las noches antes de la Luna llena, cuando su luz brilla aún horas después del anochecer.

Por milenios, los seres humanos hemos tenido una potente relación con la Luna. Ha sido indicador de cuándo hay siembra y cosecha, acompañante de ritos y medida del paso del tiempo; sin embargo, hay una pregunta que los investigadores del sueño han tratado de responder: ¿el sueño humano es afectado por las fases lunares? Científicos de la Universidad de Washington, la Universidad Nacional de Quilmes (Argentina) y la Universidad de Yale (Estados Unidos) trataron de responder a esta pregunta en su estudio publicado en la revista Science Advances la semana pasada. (Le puede interesar: La primera foto de Marte capturada por la sonda emiratí “Hope”)

La vida humana era mayoritariamente diurna antes de la electricidad y la luz artificial. El ritmo y la duración del sueño han cambiado enormemente a lo largo de la evolución y la historia humanas, especialmente por nuestra reducida capacidad de visión en entornos con poca luz.

Los humanos adaptamos nuestros patrones de sueño y vigilia a las demandas del mundo moderno para crear entornos iluminados, oscurecidos, aislándonos, de alguna manera, de los ciclos naturales. Estos entornos iluminados artificialmente, que pueden inhibir agudamente el sueño, también activan el reloj central del cuerpo en el cerebro, que controla el tiempo del sueño, lo que lleva a un retraso en el inicio del sueño y a un período de sueño nocturno más corto. (Le puede interesar: Ser científica y mamá en Colombia: la desventaja que no queremos ver)

Si bien el Sol es la fuente de luz más importante y el sincronizador de los ritmos circadianos para casi todas las especies, la luz de la Luna también modula la actividad nocturna en animales como larvas o primates. De hecho, la luz de la Luna es tan brillante para el ojo humano que es “completamente razonable imaginar que, en ausencia de otras fuentes de luz, esta fuente de luz nocturna podría haber tenido un papel en la modulación de la actividad nocturna y el sueño humanos”, según los autores.

Pero su influencia en el sueño aún es motivo de controversia. Estudios publicados en la revista Current Biology, en 2013 y 2014, demostraron que el sueño humano y la actividad del sistema nervioso central están sincronizados con las fases lunares (eso sí, únicamente bajo estrictas condiciones de laboratorio).

En esta ocasión, los investigadores realizaron un estudio con tres comunidades de la etnia toba qom, en la provincia argentina de Formosa. Una comunidad vive en entorno urbano con pleno acceso a electricidad, otra vive con acceso limitado a luz artificial en la ruralidad y la tercera vive sin acceso a luz eléctrica.

Como habían demostrado otros estudios, los cambios y el momento de inicio del sueño a lo largo del ciclo lunar fueron evidentes en el 95 % de los participantes. Durante seis semanas, los investigadores midieron las ondas cerebrales con monitores en la muñeca y compararon su duración dependiendo del ciclo lunar. El poder de iluminación de la Luna durante la noche es probablemente el más relevante para el sueño humano.

Según explican los investigadores, la intensidad de la luz de la Luna llena es suficiente para permitir actividades al aire libre y es probable que impida el inicio del sueño, también es poco probable que despierte a alguien que ya se ha quedado dormido. Es decir que la luz de nuestro satélite estimula la vigilia en noches de Luna llena, cuando hay luz de madrugada, pero no en las que preceden a este ciclo lunar, cuando la Luna sale más tarde que el anochecer.

Durante seis semanas midieron la disponibilidad de luz de la Luna durante las primeras seis horas de cada noche, pero en vez de cuatro fases lunares (nueva, creciente, llena y menguante), la clasificaron en tres: Luna llena, sin luz de Luna y Luna menguante. Según los datos, la duración de sueño para las tres comunidades fue de 11 a 25 minutos más durante las noches sin luz de Luna, y se quedaron dormidos entre 9 y 22 minutos antes en estas noches. También apuntan que las personas duermen veinte minutos menos en noches de Luna llena.

“Los contrastes sugirieron un efecto diferencial de la disponibilidad de luz de la Luna sobre las variables del sueño, con efectos mayores para los grupos con menos acceso a la luz eléctrica. Vale la pena señalar que incluso un cambio de aproximadamente media hora en la duración y el tiempo del sueño, que fue el cambio menor a lo largo del ciclo encontrado para los individuos, es biológicamente relevante”, escriben los autores.

Para corroborar sus hallazgos, compararon sus resultados con los datos recopilados con la misma metodología en 464 estudiantes de la Universidad de Washington, con resultados similares.

El mayor umbral de acceso a la luz artificial en las comunidades tobas se correlacionó con la aparición tardía del sueño y la duración más corta del sueño, lo que coincide con la hipótesis de que la luz eléctrica permitía a los humanos extender su actividad vespertina y aumentar los tiempos de sueño más tarde en la noche, reduciendo así la cantidad total de sueño nocturno. Por otro lado, la disponibilidad de luz eléctrica durante la noche imita los efectos inhibidores del sueño de la luz de la Luna. “Este hallazgo puede indicar que el efecto que tiene la luz eléctrica, retrasando el inicio del sueño y acortando el sueño, podría emular un efecto ancestral de las noches iluminadas por la Luna, aunque las intensidades de luz a las que normalmente estamos expuestos en nuestros entornos iluminados artificialmente son mucho más altas”.

Ahora, ¿cómo una comunidad podría adaptarse a una mayor actividad durante las noches de Luna llena? Según las entrevistas que condujeron con los tobas, las noches de Luna son particularmente ricas en actividades sociales. Los ancianos dijeron que, en los momentos en que se obtenía comida del bosque, las noches de Luna llena tenían una actividad de caza y pesca particularmente alta. Además, las historias mitológicas asocian la Luna con el ciclo reproductivo femenino y las relaciones sexuales. La Luna en la cultura toba se representa como un hombre que tiene relaciones sexuales con mujeres, induce la primera menstruación y regula el tiempo de las siguientes menstruaciones.

“Aunque queda por determinar el verdadero valor adaptativo de la actividad humana durante las noches de Luna llena, nuestros datos parecen mostrar que los humanos, en una variedad de entornos, son más activos y duermen menos cuando la luz de la Luna está disponible durante las primeras horas de la noche. Este hallazgo, a su vez, sugiere que el efecto de la luz eléctrica en los humanos modernos puede haber aprovechado un papel regulador ancestral de la luz de la Luna sobre el sueño”, concluyen los investigadores.

Aunque los autores reconocen que no pueden establecer causalidad, dicen que es difícil concebir que la sincronización entre el sueño y el ciclo lunar haya ocurrido por casualidad.

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