Las ondas gravitacionales se llevaron el Nobel de Física. Le explicamos por qué

Los científicos Rainer Weiss, Barry C. Barish y Kip S. Thorne fueron galardonados por su "decisiva contribución al detector LIGO y la observación de las ondas gravitacionales"

La colisión de dos agujeros negros hace 1.300 millones de años (como se muestra en esta animación) produjo ondas gravitacionales que fueron detectadas por primera vez por los investigadores en el Observatorio de Ondas Gravitatorias del Láser Interferométrico (LIGO). Caltech

Tras cuatro décadas de esfuerzos, 100 años de teoría y 1.000 científicos trabajando en una veintena de países, finalmente sucedió. El mundo tuvo evidencia científica de las ondas gravitacionales, predecidas por Albert Einstein hace un siglo en su Teoría General de la Relatividad. 

El 14 de septiembre de 2015, las ondas gravitacionales fueron observadas por primera vez a través del radar LIGO, en Estados Unidos. Las ondas  producto de una colisión entre dos agujeros negros que sucedió hace 1300 millones de años, llegaron hace dos años al radar del detector LIGO, en Estados Unidos. Aunque la señal de las ondas gravitacionales fue débil, es gran avance para la astrofísica, pues es una nueva manera de observar los eventos más violentos del espacio.

Hoy, la Real Academia Sueca de las Ciencias concedió el premio Nobel en Física a los estadounidenses Rainer Weiss, profesor de física del MIT, Kip Thorne y Barry Barish, ambos profesores de física en Caltech, específicamente por “sus decisivas contribuciones al detector LIGO y la observación de ondas gravitacionales”.

El LIGO es el Observatorio de Interferometría Láser de Ondas Gravitacionales. Consiste en dos detectores, uno en Washington y otro en Luisiana, que operan al unísono para detectar ondas gravitacionales. Albert Einstein lo había predicho un siglo antes en su Teoría General de la Relatividad. Argumentaba que cada objeto en el universo deforma el espacio y tiempo a su alrededor, y cuando un objeto se mueve, crea ondas en su espacio tiempo. Como las ondas que se hacen en un lago al tirar una piedra.

Lo que encontraron esos sofisticados detectores, llamados interferómetros y ubicados en Washington, Luisiana (Estados Unidos) y Virgo (Italia) fueron las llamadas ondas gravitacionales. En pocas palabras, se trata de unas ondas generadas por colisiones muy violentas en el espacio que desprenden una energía superior a millones de bombas atómicas juntas. Y aunque se tenía certeza de su existencia, cazarlas había sido una de las grandes obsesiones de la ciencia. Ya 1973 los astrofísicos Russell Alan Hulse y Joseph Hooton Taylor habían conseguido una evidencia (por la que ganaron el Nobel en 1993), pero el desafío parecía seguir intacto.

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Detectar las ondas es imperceptible para nosotros, pero posible para LIGO. En la rueda de prensa en que anunciaron el descubrimiento hace dos años, los científicos dijeron que percibir las ondas equivale a captar el movimiento de un pelo humano entre la Tierra y su estrella más cercana.

Hasta ahora todos los tipos de radiación electromagnética y partículas se han usado para explorar el universo. Sin embargo, las ondas gravitacionales son testimonio directo de las interrupciones en el espacio-tiempo en sí. "Ahora conocemos el universo un poco más, sabemos que existen agujeros negros que colisionan y forman otros más grandes", explicó a Agencia EFE la portavoz del proyecto LIGO, Gabriela González, tras participar en el gran anuncio de la detección de las ondas en el National Press Club de Washington.

Weiss, Thorne y Barsih trabajan en la Colaboración Científica LIGO y VIRGO, que une a los detectores del LIGO localizados en Livingston (Louisiana) y Hanford (Washington) y el detector franco-italiano VIRGO, localizado cerca de Pisa (Italia).

 

 

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