Las seis máquinas que llevaron al hombre a la Luna

Desde el cohete Saturno V, el más grande que se ha construido a día de hoy, hasta los trajes espaciales que protegieron a los astronautas. Un recuento de toda la tecnología que le permitió a Neil Armstrong dejar su huella en el astro hace 50 años.

El cohete Saturno V que llevó el Apolo 11. NASA

El Apolo 11, la misión que llevó al primer hombre a la Luna, ha sido el mayor logro de la especie humana. En total, 12 hombres fueron a la Luna gracias al esfuerzo de más de 400.000 personas que se embarcaron en la aventura que el presidente Kennedy propuso en su famoso discurso de 1961.

Ningún otro esfuerzo colectivo de hombres y mujeres ha superado al programa Apolo. Fue un compendio de tecnología, ingenio, trabajo en equipo, inventiva y valor para encaminarse hacia el frío, oscuro y desconocido espacio. Todo este esfuerzo se puede representar en seis artefactos que fueron necesarios para llevar a Neil Armstrong y Buzz Aldrin a pisar por primera vez suelo “extraterrestre”.

El cohete Saturno V

El cohete más grande construido hasta hoy fue el resultado de 25 años de investigación y desarrollo a partir de los cohetes usados por Hitler para bombardear blancos lejanos durante la Segunda Guerra Mundial. Tenía 111 metros de altura y estaba dividido en tres etapas que tenían su propia propulsión, e iban separándose del cuerpo principal conforme el cohete iba ascendiendo a través de la atmósfera y la órbita baja de la Tierra. Esta máquina generaba los 16 millones de caballos de fuerza necesarios para alcanzar una velocidad de 11.000 metros por segundo, la velocidad requerida para liberarse de la atracción gravitatoria de la Tierra. En la cúspide del cohete se localizaban tres módulos: 1) el módulo de comando, donde habitarían los astronautas en su camino hacia la Luna; 2) el módulo Lunar, que aterrizaría en la superficie del setéite natural y devolvería a los astronautas al módulo de comando para su regreso a la Tierra; y 3) el módulo de servicio, que impulsaría a los dos módulos antes descritos poco después del despegue inicial.

El módulo de comando

 
Módulo de mando del Apolo 14. Foto: Alberto Benavides
Foto: Alberto Benavides

Con forma de cono achatado, su función era servir de hábitat para los tres astronautas en su viaje de ida y vuelta entre la Tierra y la Luna. El módulo de comando se separaría junto con el módulo Lunar y el módulo de servicio en la última etapa del cohete Saturno V, minutos después del despegue. Toda la instrumentación (controles de vuelo, computadora de navegación, medidores digitales y análogos, etc.); los sistemas de mantenimiento de vida (oxígeno, reciclaje del dióxido de carbono, desechos, etc.) y lo relacionado con la habitabilidad (alimentos, agua, asientos, ventanas, etc.) estaban perfectamente empaquetados en un espacio de 3,9 metros de ancho por 3,2 metros de alto. Además, en su base estaba el escudo resistente al calor que protegería a la nave y a los astronautas de las altas temperaturas generadas al entrar en la atmósfera terrestre, y llevaba los paracaídas que se abrirían antes de caer al mar.

La computadora de navegación

 
Computadora de navegación del Apolo 11.
Foto: Wikimedia Commons / Dominio Público

A pesar de los avances técnicos alcanzados por Estados Unidos a finales de la década de los sesenta, los computadores más avanzados no podrían manejar un teléfono celular moderno. La memoria total para el programa de navegación del Apolo 11 era de 72 kilobytes (un disco duro promedio hoy en día contiene millones de veces esa capacidad). Su desarrollo se encomendó a los ingenieros del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) que desde principios de los años 60 desarrollaron el hardware y el software que permitiría procesar toda la información necesaria para que el módulo de comando siguiera el camino trazado en el espacio hacia la Luna sin ninguna desviación, y el módulo lunar pudiera aterrizar sin ningún contratiempo sobre su superficie

El módulo Lunar

 
Módulo Lunar del Apolo 11.
Foto: NASA

 

El módulo lunar llevaría a dos astronautas en un viaje de descenso controlado de 12 minutos hasta la superficie lunar, una vez separado de la nave principal cuando esta ha entrado en órbita alrededor de la Luna. Desde su escalera Armstrong dio los primeros pasos antes de dar el “gran salto” de la humanidad, como el mismo inmortalizó en su famosa frase de aquél 20 de julio. Una vez terminada la misión, el módulo lunar debía elevarse utilizando su propio cohete para encontrarse nuevamente en órbita con el módulo de comando. Una vez pasaron los astronautas y la carga al módulo de comando, el módulo lunar se dejó a la deriva. 

Traje espacial

 
Traje espacial del programa Apolo.
Foto: NASA

 

Los módulos del cohete Saturno V protegían a los astronautas en su periplo por el espacio, mientras que el traje espacial lo hacía una vez estuvieran en suelo lunar. En este lugar, las variaciones de temperatura iban desde los 150 °C a plena luz del Sol, hasta -150 °C en la sombra. Para moderar estas temperaturas el traje tenía su propio sistema de refrigeración interno con agua que circulaba a través de pequeños tubos ocultos en medio de cerca de 10 capas de diferentes materiales. Al carecer de una atmósfera y un campo magnético protector como el de la Tierra, el traje espacial debe proteger a los astronautas de pequeñas partículas rocosas que viajan a altas velocidades por el espacio y de los rayos cósmicos que pueden ser perjudiciales para las células del cuerpo. El principal desafío de los diseñadores de un traje espacial es lograr el máximo equilibrio entre protección y flexibilidad.

 El Rover Lunar

 
Rover lunar del Apolo 15, 1 de agosto de 1971.
Nasa

 

La primera misión del Apolo sobre suelo lunar sólo duró 2 horas y media, suficientes para culminar con broche de oro la gran hazaña estadounidense en la carrera con los soviéticos  Sin embargo, las misiones que le sucedieron tenían como objetivo principal recoger muestras del suelo y recorrer algunas zonas de interés científico. Para esto, la opción de grandes caminatas no era la más práctica por la dificultad para moverse con el traje espacial. Por esta razón, la NASA encargó a la empresa Boeing y a la General Motors la construcción de un vehículo que pudiera transportar a los astronautas por algunos kilómetros de planicies lunares para recoger muestras. Con un peso aproximado de 210 kg y una velocidad máxima de 14 km/h, los Rover que llevaron las misiones Apolo 15, 16 y 17 recorrieron un total de 28, 27 y 35 kilómetros, respectivamente.

* Escuela de Astronomía de Cali

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Carlos Alberto Jaramillo*

Ciencia

Las seis máquinas que llevaron al hombre a la Luna

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