Llegan las cuadrántidas, la primera lluvia de estrellas del año

El año 2019 se estrena con las cuadrántidas, una lluvia de estrellas que tendrá su máximo de actividad la noche del 3 al 4 de enero; para observarlas, hay que buscar un lugar oscuro, alejado de la contaminación lumínica.

EFE

Si bien las cuadrántidas son observables desde el 27 de diciembre hasta el 10 de enero, estas, como el resto de lluvias de estrellas, tienen un pico que, según cálculos de la Organización Internacional de Meteoros (IMO), tendrá lugar en la noche del 3 al 4 de enero y durará solo unas horas. Se verán especialmente bien en Europa, aunque fuera del citado pico la observación será difícil.

Las cuadrántidas tienen el potencial de ser la lluvia de estrellas más potente del año, pero, por lo general, la corta duración de su actividad máxima -esta vez unas cinco horas- y el mal tiempo que se experimenta a principios de año suponen dos dificultades que casi siempre dificultan observar con éxito este fenómeno. 

Aún es pronto para afinar con la meteorología (sobre todo si habrá o no nubes bajas), pero sí se sabe que, al menos, la luz de la luna, no entorpecerá la ‘caza’ de estas estrellas fugaces, cuya velocidad media se calcula en unos 42 kilómetros por segundo -siempre en el pico máximo-.

Las lluvias de estrellas se producen cuando los restos o fragmentos de partículas de polvo y rocas que dejan los cometas en su órbita entran en la atmósfera de la Tierra y se volatilizan produciendo un efecto luminoso: los meteoros -las estrellas fugaces son en realidad meteoros-.

Cuadrántidas: origen en un asteoride

Aunque la mayor parte de las lluvias de estrellas tienen su origen en un cometa, algunas proceden de asteroides (cometas “exhaustos” que han perdido todos sus elementos volátiles).

Precisamente, esta lluvia de estrellas, que lleva el nombre de una antigua constelación, la Quadrans Muralis, parece tener su origen en un asteroide, el 2003 EH1; se trata de un cuerpo menor del sistema solar que fue descubierto en 2003 por Peter Jenniskens.

Según los astrónomos, este parece ser un cometa extinguido, es decir, un cometa que acaba “gastándose” debido a sus continuos pasos cerca del Sol; un cometa puede acabar quedándose como una roca más o menos estable, perdiendo la característica coma o envoltura y consecuentemente la cola de gas o polvo.

Desde el Planetario de Pamplona recuerdan que para observar esta y otras lluvias de estrellas hay que buscar un lugar oscuro y, primero, acostumbrar los ojos a esa oscuridad del cielo.

Para observar las cuadrántidas no hay que usar ni telescopios ni prismáticos ni hay que protegerse con filtros, sino fijar la mirada en una zona del cielo y garantizar un gran campo de visión -los meteoros atravesarán el cielo a 42 kilómetros por segundo, así que cualquier instrumento más que favorecer entorpece la observación-.

La actividad de las cuadrántidas en condiciones perfectas se fija, según los modelos estándar, entre los 50 y 100 meteoros por hora durante el pico, pero luego la realidad de lo que se observa es bastante menor: una persona podría ver como máximo unos 20 meteoros.

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