Los objetos que se quedaron en la Luna

Tras el éxito de la misión Apolo 11, se reveló que Buzz Aldrin y Neil Armstrong habían dejado en la superficie lunar un número de objetos adicionales a los sensores que llevaban consigo. Se estima que más de 187 toneladas de material reposan en la superficie lunar.

Los objetos abandonados en la Luna son una de las pruebas de que el hombre pisó por primera vez esta superficie a finales de la década de los 60. NASA

Una de las mayores pruebas de que los alunizajes tripulados por humanos fueron reales es la gran cantidad de objetos abandonados por los astronautas de las últimas misiones Apolo. Tras el éxito de la misión Apolo 11, se reveló que Buzz Aldrin y Neil Armstrong habían dejado en la superficie lunar un número de objetos adicionales a los sensores ubicados para recolectar información sobre las características de la radiación y el ambiente en nuestra luna. (Lea: El día que conocí un Saturno V, el cohete que envió el Apolo 11 a la Luna) 

Se estima que más de 187 toneladas de material reposan en la superficie lunar producto de las diversas misiones robóticas y tripuladas que se han posado en el suelo de nuestro satélite a lo largo de las pasadas cinco décadas.

Sondas y objetos de exploración

Ilustración de una sonda Surveyor enviada por Estados Unidos . Foto: NASA

Mucho antes del histórico gran paso para la humanidad dado por Armstrong, las agencias espaciales norteamericana y soviética habían logrado descender mecanismos semiautónomos en la superficie lunar.

La primera de estas sondas de exploración fue la nave rusa Luna 2, diseñada para medir durante su aproximación parámetros como la intensidad de radiación y el campo magnético. El 13 de septiembre de 1959 la sonda llevó a cabo sus mediciones antes de impactar contra el suelo lunar, convirtiéndose en el primer objeto construido por el hombre en hacer contacto con la superficie de otro mundo. Sesenta objetos de este tipo hacen parte del cementerio lunar de sondas robóticas.

Aunque solo 12 hombres han caminado sobre la Luna, existen 10 etapas de descenso y 6 de ascenso reposando  en el suelo lunar. Las etapas de descenso corresponden a los segmentos del módulo lunar encargados de permitir el alunizaje controlado de los astronautas. Una vez la misión de exploración superficial concluía, los astronautas viajaban en la etapa de ascenso hacia el llamado módulo de comando y servicio en órbita lunar, para iniciar su regreso hacia la Tierra. Estas etapas, cumplida su función, se hacían estrellar de manera deliberada en el suelo lunar.

Tres rovers lunares pertenecientes a las misiones Apolo 15, 16 y 17 permanecen también en la superficie de nuestra Luna. Tan sólo uno de estos modelos es conservado en la Tierra como legado de una tecnología de exploración espacial que permitió a los astronautas norteamericanos desplazarse de manera rápida, segura y eficiente por las zonas cercanas al módulo lunar. Sus hermanos aguardarán pacientemente por una futura generación de exploradores que quiera dar, de nuevo, un paseo en ellos.

 

Rover del Apolo17. Foto NASA

Sensores y experimentos

A partir del Apolo 11, cada misión transportaba un paquete de instrumentos de medición conocido por sus siglas en inglés como ALSEP (Apollo Lunar Surface Experiment Package).

Consistía en una colección de aparatos geofísicos diseñados para monitorear el ambiente de cada sitio de alunizaje por un período aproximado de un año tras la partida de los astronautas. La mayoría de lo que sabemos acerca del interior de la Luna proviene de datos obtenidos por los ALSEP. Para poder funcionar durante las largas noches lunares (de unas dos semanas terrestres de duración cada una), algunos instrumentos eran alimentados por un pequeño generador termoeléctrico con isótopos de plutonio como combustible. Esto permitió su trabajo continuo por más de ocho años en algunas de las estaciones de medición. Algunos de estos dispositivos fueron:

Experimento Sísmico Lunar Pasivo (PSE) : Este instrumento contenía 4 sismógrafos cuyo objetivo principal era medir eventos sísmicos relacionados con lunamotos (movimiento sísmico lunar) o con impactos de meteoritos.

Retro reflector Lunar Laser (LRRR): estos paneles consisten en un conjunto de 100 pequeños espejos cúbicos que reciben y reflejan la luz proveniente de potentes emisores laser acoplados a observatorios astronómicos en diferentes lugares de nuestro planeta. ¿Su objetivo? Determinar con precisión milimétrica las variaciones en la distancia Tierra-Luna. Gracias estas mediciones los científicos han podido determinar cosas como que nuestro satélite se aleja de nosotros a un promedio de 3.8 cm por año, que su núcleo es posiblemente líquido o que la teoría de la relatividad einsteniana predice acertadamente la órbita lunar.

Reflector láser dejado en la Luna por el Apolo 11. Foto NASA

Detectores de flujo de calor (HFE): por medio de perforadoras de suelo, los astronautas se dieron a la compleja tarea de incrustar sensores térmicos a más de dos metros de profundidad de la superficie. Los científicos  esperaban determinar si se producía algún cambio en la temperatura debida al flujo de calor desde el interior hacia el exterior lunar. Curiosamente los resultados parecen indicar que la manipulación del terreno produjo que la regolita (suelo lunar) removida absorbiera más radiación solar que en las zonas no exploradas, lo que incrementó la temperatura de los puntos donde fueron instaladas las sondas de medición.

Algunos objetos peculiares

Bolas de golf: Durante la misión Apolo 14, el astronauta Alan Shepard se tomó un receso en su trabajo de excavación para convertirse en la primera persona en jugar golf sobre la Luna. En su equipaje, transportó de contrabando un palo hierro-6 con el cual logró hacer lanzamientos de más de 180 metros, gracias a la casi nula resistencia del aire y a la baja gravedad lunar.

Foto familiar: Charles Duke, astronauta de la misión Apolo 16 en 1972, dejó en el suelo una fotografía familiar donde aparece al lado de su esposa y sus dos hijos cubierta en una bolsa transparente. Sin duda los cambios extremos en la temperatura superficial lunar (que oscilan entre -150 C hasta 120 C) hacen difícil pensar en que la foto se conserve en su estado original.

Pluma de halcón: Durante la misión Apolo 15 se realizó uno de los experimentos más famosos mencionados en las aulas de clases de física: la verificación de la antigua afirmación galileana según la cual todos los objetos caen al mismo tiempo sin importar su masa. El astronauta David Scott dejó caer desde una misma altura una pluma y un martillo observando cómo tocaban suelo de manera simultánea, luego de lo cual exclamó “parece que Galileo estaba en lo correcto”. El martillo fue empacado de nuevo mientras la pluma reposa aún en nuestra luna.

*Docente Física y Astronomía – Colegio Bolívar, Cali. Integrante grupo Escuela de Astronomía de Cali.

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Juan Carlos Mejía Macías*

Ciencia

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