Por: Columnista invitada

Mincienciatón o el reto de la coordinación de la comunidad científica frente a la pandemia

Por: *Claudia Vaca, Carolina Gómez, Diana Rocío Bernal. 

Hace unos días la entrevista a Zulma Cucunubá terminó con esta pregunta ¿Si le dieran $26.000 millones de pesos para invertir en ciencia en este momento y ayudar a contener el virus que haría?

Esta es la suma exacta que el Ministerio de Ciencia y Tecnología (MinCYT) destinó para realizar una convocatoria pública a la que le puso el apelativo Mincienciatón, cuyos resultados preliminares fueron publicados el viernes 4 de abril en la mañana y el domingo se conocerá la lista definitiva

En el escenario de la pandemia hay un sueño de la comunidad global que intenta cumplirse. Los países tienen a su disposición dos modelos de inversión de los recursos de I+D. Un modelo colaborativo como el descrito y el modelo tradicional, con convocatorias donde los investigadores compiten y desarrollan su proyecto de forma independiente. 

Varios documentos de organismos internacionales sugieren que exista una agenda de prioridades explícita, basada en necesidades, financiada a través de un fondo único de recursos que premie la colaboración y el conocimiento abierto y cuya ejecución cuente con una coordinación legítima y eficiente.

La respuesta a la pandemia facilitó que al menos dos iniciativa arrancaran siguiendo el modelo colaborativo global. La primera se trata de un grupo de científicos, médicos, financiadores y legisladores de más de 70 instituciones de 30 países que lanzaron la Coalición de Investigación Clínica de COVID-19 para enfrentar la epidemia de COVID-19 en contextos con recursos escasos, con el objetivo de acelerar las investigaciones urgentes y necesarias sobre COVID-19 en esas áreas donde el virus puede llevar al caos a sistemas de salud que ya son frágiles y provocar el mayor impacto de salud en poblaciones vulnerables. 

En una nota publicada en The Lancet, los integrantes de esta coalición sostienen que hay una necesidad urgente de colaboración y coordinación de investigación internacional para brindar apoyo a países africanos, latinoamericanos, de Europa oriental y algunos países asiáticos, para que puedan responder efectivamente al agravamiento de la pandemia y acelerar las investigaciones adaptadas a contextos con recursos limitados.

La segunda iniciativa, coordinada por la OMS, se trata del Mega Ensayo Clínico Multinacional denominado SOLIDARITY, al que se pueden sumar hospitales de todo el mundo; cuyo objetivo es investigar los medicamentos prometedores para el manejo del COVID-19 en términos de  mortalidad, menor estancia hospitalaria, menor necesidad de oxígeno o de ingreso a la Unidad de Cuidados Intensivos y que se espera concluir alrededor de agosto del 2020  

El MinCYT prefirió el modelo competitivo. Decidió cazar las ideas que los investigadores exhaustos intentaron plasmar en tres días, venciendo las formalidades de las convocatorias clásicas, en vez de optar por una estrategia en la que convocara a grupos de trayectoria, con representación regional y de distintas áreas de las ciencias naturales y sociales, para establecer un esquema de trabajo conjunto en la búsqueda de soluciones. Esta estrategia en el marco del Estado de Emergencia le hubiera permitido el desembolso periódico, planeado y direccionado de recursos a medida que las metas de los desarrollos o innovaciones se alcanzaran.

En el modelo de cacería de ideas existe un alto riesgo de dispersión en las propuestas, además de ineficiencias y desgaste en la evaluación y asignación de los recursos. Y parece que los resultados preliminares lo confirman. La entidad anunció que pasaron un primer filtro 401 propuestas de 531 recibidas y que movilizaron a 998 grupos reconocidos con importante participación regional -Chocó, Nariño, La Guajira, San Andrés, Casanare entre otros-.

La maratón por los recursos del Ministerio de Ciencia y Tecnología no arrancó con una convocatoria conjunta entre el MinCYT, el Ministerio de Salud y el INS ni con una lista concreta problemas y prioridades a solucionar en medio de la pandemia. Pero aún es posible que la entidad piense en establecer un mecanismo de coordinación de alto nivel, que dialogue con las iniciativas globales, que ponga en la mesa a colaborar los grupos de investigación clínica y de salud pública, bajo la premisa del respeto por las personas partícipes de la investigación y la promoción de la transparencia, la cooperación y la coordinación.

También hay tiempo para que MinCYT establezca una plataforma de intercambio de información y de acceso libre a los datos, a los prototipos y los desarrollos de los proyectos seleccionados como lo sugieren varias de las decisiones de gobiernos europeos, de países del sur y repositorios como los que promueve UNESCO, OCDE y OMS (ver http://www.proyectodime.info/informacion-regional/informacion-seleccionada-sobre-covid-19/)).

Independiente de la forma como el MinCYT estableció la convocatoria no deben perderse de vista los principios de la ética en la investigación en salud pública, más allá de los principios jurídicos que rigen la contratación pública en términos de transparencia, tendría que predominar el principio de justicia para la asignación de recursos acorde con su pertinencia, necesidad y razonabilidad. Esto es que se financien proyectos que, en el corto plazo, den soluciones efectivas a las necesidades de atención de la pandemia, orientadas por las fortalezas y capacidades del país, más que como investigadores que individuales.

El MinCYT mencionó que las iniciativas recibidas orbitaron en las áreas de salud pública,  diagnóstico, tratamiento, dispositivos y monitoreo. Esperamos al menos que algunas de ellas coincidan con las cosas que sugirió Zulma Cucunubá i) análisis en tiempo real de la epidemia; ii) incremento de las capacidades del personal de salud y de la atención médica con ideas innovadoras y iv) diseño de escenarios posibles de recuperación económica post epidemia. Amanecerá este domingo de ramos y veremos.

Claudia Vaca y Carolina Gómez / Centro de Pensamiento “Medicamentos, Información y Poder”. Universidad Nacional de Colombia.

Diana Rocío Bernal. Profesora Universidad del Rosario.

 

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