Misteriosa señal de radio no proviene de alienígenas

Los Estallidos Rápidos de Radio podrían venir de una galaxia enana, situada a 3.000 millones años luz de la Tierra. Liberan en menos de un segundo la misma energía que el Sol en dos días

El telescopio VRL ubicado en Nuevo México, Estados Unidos. Wikipedia

Hace nueve años, David Narkevic, un estudiante de física y ciencias políticas de la Universidad del Oeste de Virginia, en Estados Unidos, descubrió una de las señales más misteriosas que ha habido para la ciencia: el estallido rápido de radio (FRB por sus siglas en inglés).

Los estallidos duran a penas milisegundos, por lo que ha sido muy difícil saber de dónde vienen y qué los ocasiona. Esto ha generado una oleada de teorías que van desde el colapso de estrellas de neutrones o la evaporación de agujeros negros, hasta mensajes que nos envían civilizaciones alienígenas desde algún punto del universo.

El FRB más enigmático de todos se detectó en 2012 y, a diferencia de los demás, se repitió en varias oportunidades pero sin un patrón claro, lo que hizo más difícil conocer su procedencia.

La incertidumbre pudo aclararse hoy, gracias a un estudio publicado en la revista Nature y en Astrophysical Journal Letters, donde científicos revelaron que las señales de radio vienen de afuera de la Vía Láctea y que antes de alcanzar la Tierra, viajan por el universo durante miles de millones de años lo que las convierte en las señales de radio “más distantes y brillantes del universo conocido”, dice Heino Falcke, astrónomo de la Universidad Radboud.

Para intentar captar de nuevo la señal descubierta en 2012, el equipo del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA, liderado por el científico Joe Lazio, utilizó la red de telescopios VLA de EE.UU. y luego la red de telescopios europea VLBI para situar su origen preciso. Lo que descubrieron fue que estos estallidos vienen de una galaxia enana y poco brillante que ha viajado durante 3.000 millones de años.

Los investigadores aún no saben qué está produciendo las señales dentro de la galaxia, aunque posiblemente se trata de un “fenómeno asociado con un núcleo de galaxia activo o, más probablemente, los enormes pulsos emitidos por un magnetar, una estrella de neutrones joven con un campo magnético extraordinario”, explica Shami Chatterjee, astrónomo de la Universidad Cornell y coautor del estudio.

El primer FRB fue registrado en 2007 y solo hasta febrero de este año se logró identificar, por primera vez, la procedencia de una de estas señales captada en 2015 por el telescopio Parkes, en Australia.