Crearon un supermicroscopio para ver las moléculas

Nobel de Química por “fotografiar” la vida en detalle

El desarrollo de una tecnología que permite observar en alta resolución las biomoléculas permitirá entender mejor algunas enfermedades o desarrollar nuevos fármacos.

Jacques DubochetAFP

El invento por el que este año se otorgó el Premio Nobel de Química lo cambia todo. Lo que hicieron los investigadores Jacques Dubochet, de la Universidad de Lausana (Suiza); Joachim Frank, de la Universidad de Columbia (EE.UU,), y Richard Henderson, del MRC Laboratory of Molecular Biology de Cambridge (Reino Unido), fue abrir una nueva puerta para la ciencia que se creyó cerrada por mucho tiempo. Gracias a sus esfuerzos por desarrollar una tecnología que permite observar en alta resolución las biomoléculas (es decir, la materia prima con la que están formados los seres vivos), habrá una mejor comprensión acerca de nuestra composición. 

Y eso será clave para entender mejor algunas enfermedades o desarrollar nuevos fármacos. Por ejemplo, gracias a ella se logró captar el virus del zika, cuando empezaron las sospechas sobre su relación con la microcefalia en Brasil. Y gracias a ella, se podrá detallar por qué algunas proteínas provocan resistencia a quimioterapias contra el cáncer o a los antibióticos.

Para que fuera posible capturar la vida con detalle atómico, Jacques Dubochet, Joachim Frank y Richard Henderson, desarrollaron unos métodos que hoy se ven reflejados en una técnica llamada criomicroscopía electrónica, la cual ha hecho posible lo que antes parecía un sueño: ver “fotografías” del mapa molecular de la vida. Antes de su existencia, siempre habían existido espacios en blanco que la ciencia no sabía cómo ocupar pues, como lo dijo la Academia Sueca de las Ciencias ayer, a menudo los descubrimientos científicos se basan en la observación exitosa de objetos que son invisibles para el ojo humano.

Si bien la resolución deseada de esta técnica solo se alcanzó en 2013, estos tres científicos venían trabajando en su desarrollo desde por lo menos hace cuatro décadas. Joachim Frank logró que esa tecnología fuera aplicable en general, tras trabajar entre 1975 y 1986. En esos años creó un método para analizar fotografías bidimensionales. En 1990, Richard Henderson logró utilizar un microscopio electrónico para generar una imagen tridimensional de una proteína a resolución atómica. Finalmente, Jacques Dubochet ingenió la manera de usar agua en la microscopía electrónica, un elemento clave para que las biomoléculas conserven su forma natural. Antes de ello, solo era posible ver imágenes de materia muerta. Ahora, por el contrario, es posible captarlas en funcionamiento.

En palabras de la Academia sueca, ahora “la bioquímica se enfrenta a un desarrollo explosivo, pero está preparada para ese futuro emocionante”.

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