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En Papua Nueva Guinea las personas no sonríen de alegría

El nuevo estudio determina que las expresiones faciales no son universales como se creía.

Tribu de las islas Trobriand, en la costa de la isla de Nueva Guinea. / Wikimedia

En Papua Nueva Guinea suceden cosas extrañas. Por ejemplo, en el libro “La vida sexual de los salvajes del noroeste de la Melanesia”, publicado en 1929, el antropólogo austrohúngaro Bronisław Malinowski, cuenta que las mujeres se podían aprovechar de los hombres si se aparecían en su camino. “Algunas mujeres cubren el cuerpo del hombre con sus excrementos y orina, atacando con preferencia el rostro, que mancillan cuanto pueden”, dice el antropólogo. “El hombre se convierte entonces en el juguete sexual de las mujeres”, remata Malinowski.

Pero, ahora, no sólo en ese país se vio la libertad sexual que tienen las mujeres, sino que un equipo de Universidad Autónoma de Madrid acaba de observar en las islas Trobriand algo que puede ser más importante que la promiscuidad. En algunas de sus aldeas, la sonrisa no se asocia a la alegría. Al contrario la interpretan como una invitación social a la atracción.

El descubrimiento es mayúsculo porque desbanca la teoría de la universalidad de las expresiones faciales cuyo padre es el psicólogo estadounidense Paul Ekman. La comunidad científica cree actualmente que las expresiones no están determinadas por la cultura, sino que tienen un origen biológico. De esta manera, como lo mostró la película de Disney "Intensamente", en la que Ekman fue asesor científico, las cinco emociones (alegría, tristeza, enfado, miedo y asco) tienen gestos que serían reconocibles por cualquiera de los 7.400 millones de habitantes de la Tierra.

No obstante, Fernández Dols, líder del estudio en la Universidad Autónoma de Madrid no está de acuerdo con esa premisa. Su equipo ha estudiado las caras de deportistas olímpicos recibiendo una medalla de oro, personas teniendo un orgasmo, cientos de luchadores de yudo ganando sus peleas, aficionados al fútbol toreros en plena faena. Su conclusión es que las expresiones faciales, entre ellas la sonrisa, son herramientas para la interacción social, más que una representación de una emoción interna.

Para el investigador la alegría está sustentada en charlatanería pues “la industria de la felicidad mueve millones de euros y parte de que la sonrisa está detrás de la felicidad”. Para comprobarlo el psicólogo Carlos Crivelli, colega de Fernández Dols, y el antropólogo Sergio Jarillo, quienes hacen parte del Museo de Historia Natural de Nueva York tomaron registros de seis niños con las expresiones faciales que están asociadas tradicionalmente con alegría, tristeza, enfado, miedo y asco.

Las fotografías se las mostraron a niños de las islas Trobriand, ubicado en la costa de la isla de Nueva Guinea, a niños de Madrid, España y de una isal de Mozambique. En Trobriand, el 58% de los chicos asoció la sonrisa a la alegría. El 46% acertó con la tristeza. El 31%, con el miedo. El 25%, con el asco. Y solo el 7% relacionó un rostro ceñudo al enfado. En Matemo, una isla perdida de Mozambique, los investigadores obtuvieron resultados similares. En cabio, en Madrid, la mayoría de participantes agrupó todas las emociones con las supuestas expresiones faciales universales.

Para el experto Fernández Dols, el concepto de emoción es popular, pero dista mucho de ser científico. Por eso, recuerda el libro de la historiadora británica Tiffany Watt Smithno “The Book of Human Emotions”. Allí decribe 156 emociones que no son universales. Es el caso del awumbuk, una palabra de la cultura de Papúa Nueva Guinea que se refiere a la sensación de vacío que dejan los invitados al irse.