¿Podrá competir la proteína de insecto contra la carne y el pollo?

Un grupo de científicos americanos creó la Organización Tripartita para la Promoción del Consumo de Insectos con la que buscan conocer los beneficios de su consumo. El grillo, por ejemplo, tiene un nivel similar de calorías, proteínas y grasas saturadas.

Los grillos tendrían menos grasa total y más sodio que el pollo, la carne y la res.

Los estudios que lo confirman son varios: una de las formas decisiones más eficientes que las personas pueden tomar para contribuir a la lucha contra el cambio climático es dejar de comer carne. Pero, en su contra, no está solo esto: en octubre de 2015 la OMS clasificó el consumo de carne roja como “probable carcinógeno para humanos”. (Acá: Dejar de comer carne de res es esencial para combatir el cambio climático)

Los datos se convirtieron en casi una prueba de voluntad, pues la mayoría de los humanos estamos acostumbrados a comer carne casi que semanalmente. Pero ante la alternativa de tener un plato sin proteína animal, o sin algo que tenga un sabor similar al de la carne, varias alternativas empezaron a proponerse. La más sonada, quizá, fue la de empezar a comer otro tipo de proteína animal: la de los insectos. (Le sugerimos: Carne procesada, cancerígena según OMS)

Por la relación que tenemos los bichos, la idea parecería “asquerosa. Sin embargo, la ciencia está de su lado. Un articulo publicado en la revista JAMA sobre nuevas perspectivas médicas defiende, con varios datos, cómo los insectos podrían competir con la carne de res y las aves de corral como potencia nutricional.

Comer insectos, comenta la nota, ha sido una costumbre común en varias partes del mundo durante miles de años. Es más, actualmente, casi dos mil millones de personas lo hacen, y se han registrado 1900 tipos de bichos que son comestibles. El problema, por su puesto, es que son pocos, casi nulos, los científicos que le han puesto la lupa a saber qué efectos, positivos o negativos, tiene comerlos.

Como respuesta, un grupo de expertos se aliaron para crear la Organización Tripartita para la Promoción del Consumo de Insectos. Un panel de científicos de distintas áreas, incluida la academia y el Departamento de Agricultura de Estados Unidos, quienes publicaron, el año pasado, una declaración en la que identificaban cuáles eran las tres áreas prioritarias para estudiar y promover el consumo de insectos: optimizar su producción, explorar su impacto a la salud y analizar como se podría desarrollar su mercado.

Los grillos, los que más suenan

Aunque son varios los insectos que están en el “menú”, sin duda, los más populares han sido los grillos. Ergo, también han sido los más estudiados. ¿Pero qué tan nutritivos son? En el 2016 un estudio encontró que, comparados con la carne de res, cerdo y el pollo, los grillos son similares en cuanto a calorías, proteínas y grasas saturadas. Sin embargo, tenían menos grasa total y más sodio. “También son más altos en calcio, hierro, vitaminas A y C, y riboflavina. Al igual que otros insectos y mariscos, los grillos tienen un exoesqueleto compuesto de quitina, una fuente única y no digerible de fibra”, comenta la nota en JAMA.

En cuento a la harina de grillo, la nota explica que las compañías que la producen han encontrado varios beneficios. “El polvo de grillo tiene 5 veces más proteína por gramo que la harina de trigo integral y 10 veces más vitamina B12 que la carne de res”.  (Le sugerimos: El proyecto que busca erradicar el hambre con harina de grillo)

Pero su aporte nutricional no es lo único de lo que se conoce poco. El efecto que comer grillo podría tener en la salud del microbiota de los intestinos también es algo que preocupa a los expertos. El año pasado los científicos publicaron un primer estudio. En este, buscaron a 20 personas a las que les dieron para desayunar menú distinto. A un grupo le dieron un muffin de calabaza y una malteada tradicional, mientras al segundo le dieron los mismos productos, pero preparados con 25 g de harina de grillo.

Después de dos semanas, al primer gripo se le daba el desayuno con polvo de grillo, y al segundo uno tradicional. ¿Cuál fue el resultado? Aunque la gente que consumió el desayuno con grillo no presentó problemas gastrointestinales, no se le afectó la salud general de los microbios de los intestinos, sí vieron que su consumo incrementó la presencia de cinco tipos de bacteria. Entre ellas, una fuertemente relacionada con la bacteria “Bifidobacterium animalis, una cepa comercial que ha demostrado mejorar la función intestinal, proteger contra la diarrea y reducir algunos efectos adversos del tratamiento con antibióticos”.

Los resultados, sugieren los cientificos, son bastante provocativos. Pero aún les faltan muchos datos. La Organización Tripartita para la Promoción del Consumo de Insectos se ha puesto la misión de ir recolectándolos.