I Simposio Colombiano de Mujeres en la Ciencia se realizará mañana

¿Por qué ingresan menos mujeres a la Nacho?

Mientras a nivel nacional las mujeres representan el 55 % de la matrícula, en la Nacional la cifra es del 37 %. Cindy Caro Cárdenas, Magíster en Estudios de Género, encontró que el examen de admisión beneficiaría a los hombres.

Archivo El Espectador

La Universidad Nacional es un caso sui generis. Mientras a nivel nacional las mujeres representan el 55 % de la matrícula en educación superior, en la Nacional la cifra ni siquiera llega al 37 %. Un porcentaje que despertó la curiosidad de Cindy Caro Cárdenas, trabajadora social, quien decidió ponerle la lupa en su tesis para maestría en Estudios de Género, que hizo en la misma universidad. En su estudio, y después de analizar toda la población que aspiró a entrar a la Nacional y compararla a la que efectivamente entró, entre el segundo periodo del 2010 y el primer periodo del 2017, Caro encontró que el examen de admisión de la Nacional, aunque sin intención, termina favoreciendo a los hombres.

Caro es una de las panelistas invitadas al I Simposio Colombiano de Mujeres en la Ciencia, que se realizará mañana, 5 de diciembre, entre las 2:00 y las 6:00 de la tarde, en el Centro de Convenciones Ágora, en Bogotá. (Lea acá: Ser mujer e investigar en Colombia, un camino que se va estrechando)

¿Qué encontró tras comparar la población que aspira a entrar a la Nacional y la que efectivamente entra en siete años, que representan 14 admisiones?

Lo primero es que fue una investigación comparativa, porque buscaba vencer la hipótesis de que hay menos mujeres en la Nacional, porque supuestamente se presentan menos. Pero mientras la diferencia de hombres y mujeres que se presentan a la Nacional no es significativa, oscila en un 1,5 %, la disparidad en los que ingresan sí. En su mejor “momento”, el primer semestre del 2016, la cifra no alcanzó ni el 40 %. También miramos otras variables, como el nivel socioeconómico y el nivel educativo de los padres, y vimos que, en una familia nuclear, donde hay dos chicos, un chicho y una chica, el primero tiene más probabilidad de entrar a la Nacional, a pesar de tener las mismas condiciones.

¿Pero si el ingreso es a través de un examen, por qué sucede esto?

El ingreso a la Universidad se define por un examen de admisión que tiene cinco componentes: matemáticas, ciencias naturales, ciencias sociales, interpretación de imagen e interpretación de texto. Son 25 preguntas por cada componente y 20 por la de imagen. Encontramos que a las mujeres nos va inferior en todo el examen, pero es mucho más notorio en matemáticas e imagen. Es agudo, sobre todo, en imagen, que, a la final, es racionamiento abstracto.

¿Y por qué las mujeres tienen un mal desempeño en el examen?

Aunque mi tesis no entró a explorar el tema, sí hay estudios que lo han hecho. Una de las hipótesis es la socialización en primera infancia, cuando las habilidades se desarrollan, pero lo que se estimula a los chicos no es lo mismo que a las chicas. A los hombres se les dice que jueguen fútbol o monten bicicleta, lo que está asociado con el reconocimiento espacial, mientras a las chicas se les estimula las áreas del cuidado.

Lo que quiere decir que no es que exista una disparidad cognitiva…

Exacto. Por decirlo así, no es porque los cerebros sean diferentes, sino por lo que se estimula para que se desarrolle. Pongo un ejemplo. María Isabel Urrutia es más fuerte que la mayoría de los hombres, pero lo es porque empezó a entrenar para eso desde hace mucho tiempo. Así sucede con los músculos de nuestro cerebro, con los juegos desde la primera infancia.

¿Y cómo podría ser el examen?

Lo primero, es que hay estudios que dicen que los hombres suelen terminar más rápido exámenes de selección múltiple, porque se les enseña a ser más competitivos. Mientras, las mujeres lo piensan más, le dan más vueltas a la pregunta. En la Universidad Nacional Autónoma de México, por ejemplo, además del examen se considera el rendimiento académico de las mujeres en el bachillerato. Acá las mujeres puntean mejor, porque suelen tener un mejor rendimiento a largo plazo. Es más, un estudio realizado por Luz Gabriela Arango, también de la Universidad Nacional, encontró que los docentes consideraban que sus alumnas eran “juiciosas” y los hombres “pilos”. Algo así como que las mujeres se esfuerzan, mientras que los hombres son inteligentes de por sí. Lo que no deja de tener una carga simbólica muy fuerte.

¿Los resultados fueron los mismos para todas las sedes?

Hay diferencias. En Manizales y Medellín, por ejemplo, las mujeres que aspiran a ingresar a la universidad sí son un grupo menor, cercano al 40 %. Por ende, tiene sentido que el número de admitidas sea menor. Con esto tenemos dos hipótesis. Una, y es algo que los estudios de género han indagado, es la segregación horizontal. Al elegir educación superior, las mujeres se suelen ir por el cuidado y los hombres por ingenierías, que responde a los estímulos de primera infancia de los que hablaba. Y estas sedes son más fuertes en ingeniería. La segunda hipótesis es que en estas ciudades hay otras universidades con carreras que las mujeres buscan más.

¿Encontraron una disparidad mayor en ciertas facultades?

Claro, hay una hipermasculinización en ingeniería, donde las mujeres son un 15 %. En enfermería y odontología, en cambio, es al revés. Y esto no es una tendencia en la Nacional, sino a nivel global. Por esto, en Europa se han lanzado muchas becas para mujeres que estudien ciencia y tecnología. Para cambiar esto por medio de incentivos.

¿Cómo vencer el mito de que las mujeres no son buenas en las ciencias STEM (Ciencia, tecnología, Ingeniería y Matemáticas, por sus siglas en inglés)? (Lea también: La ciencia también malinterpretó a las mujeres)

Lo primero es poder aclarar que no es que no seamos buenas, sino que hay una brecha enorme en el acceso. En Costa Rica se hizo un estudio en ingeniería de sistemas en el que se demostraba que las mujeres tenían mejores promedios al final de la carrera, pero muchas dificultades entrando o empezando la carrera. La respuesta grande, gigante, está en empezar a promover los cambios desde la primera infancia. Que a las chicas no les regalen cocinas, sino legos. Que las pongan a hacer deporte. Es un cambio difícil, pero va a ser gratificante.Que los profesores no les digan a las niñas que tomen nota, mientras les dicen a los chicos que pasen al tablero. Que miren a quién le dan la palabra. Y las becas. Becas que incentiven a las mujeres a estudiar en esas facultades hipermasculinizadas.

¿Conoce la Universidad sobre los resultados de su tesis?

Sí. Aunque primero hay que decir que la Universidad no es responsable con lo que le pasó a los estudiantes en primera infancia, pero no puede seguir reproduciendo estos estereotipos. La disparidad en la admisión a la Nacional ya estaba diagnosticada y hay un boletín que resume gran parte de mi tesis y que fue presentado a admisiones, así que la Universidad conoce el caso. Ahora, es un reto grande, porque es un examen que, se cree, está pensando en la meritocracia. Y hay mujeres que incluso no les gustan los resultados de mi tesis, porque creen que las que entramos lo hicimos porque “somos capaces”. Y sí, lo somos. Pero el examen favorece unas condiciones…

 

 

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