Presidencia retira del cargo al director de Colciencias y deja en evidencia crisis de la entidad

César Ocampo Rodríguez, nombrado a principios de 2017 como director de esa institución, fue retirado de su puesto. Aunque aún se desconocen las razones, al parecer había desacuerdos por la manera en que se estaba manejando Colciencias.

César Augusto Ocampo fue, hasta hoy, el director de Colciencias. /Gustavo Torrijos

Colciencias no atraviesa un buen momento. A las dificultades que se preveían por el bajo presupuesto que le asignó el Gobierno Nacional ($220.506 millones, el más bajo en una década) se le acaba de sumar un problema más: este miércoles la entidad se quedó sin director.

A través de un decreto, este 10 de enero la Presidencia de la República declaró “insubsistente el nombramiento del doctor César Augusto Ocampo Rodríguez”, quien se venía desempeñando como director de Colciencias desde principios de febrero de 2017.

Licenciado en ingeniería aeroespacial de la Universidad de Kansas, en Estados Unidos, y con maestría y doctorado en astrodinámica de la Universidad de Colorado, Ocampo había estado vinculado durante más de 20 años a la Nasa y había sido el creador de Copérnico, una herramienta que le permite a las naves espaciales tener establecidas las rutas por donde deben viajar.

En su lugar, como se lee en el decreto de Presidencia, quedó, por ahora, el subdirector de Colciencias Alejandro Olaya Dávila, economista de la Universidad Pontificia Bolivariana y doctor de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales del área de Economía y Gestión de la Innovación de la U. CEU San Pablo, España. Lo más probable es que la próxima semana, Juan Manuel Santos nombre un director definitivo. Sería el noveno en los ocho años de su mandato.

Aunque hasta el momento no se saben las razones por las cuales fue apartado de su cargo Ocampo, una persona cercana a Colciencias le dijo a El Espectador que uno de los motivos fue una suerte de puja de poderes en la entidad que nació en la anterior administración y que concentraba la toma decisiones en algunas áreas, restándole capacidad de acción a Ocampo. Su alternativa fue emitir una serie de resoluciones (como la 1624 de 2017), en las cuales anula el poder de unas secciones para celebrar contratos.

“Eso generó mucho malestar. Además, emitió la resolución 1773 (de 2017) en la que establece una tabla de honorarios para los contratistas. Al parecer había personas ‘sobreperfiladas’ a las que se les pagaba más de lo correspondiente”, dice. “Otro punto clave fue la reiterada intención de Ocampo de impulsar su proyecto espacial desconociendo otras áreas claves para la ciencia colombiana. Sólo consultó a la comunidad científica que trabajaba temas a fines a él. Es un gran investigador pero sólo impulsó sus proyectos”.

De hecho, como lo conoció El Espectador, el 9 de enero, el subdirector general, Alejandro Olaya, le envió una carta a Ocampo en el que dejaba claro su incomodidad por algunos desórdenes administrativos y por “la pérdida de competencia por parte de la secretaría General derivada de la resolución 1624 de 2017 en el proceso de celebración de los contratos de los contratistas de 2018” y porque a la fecha no había “aprobación para celebrar ninguno de los aproximadamente 300 contratos solicitados por las áreas técnicas”.

“Si bien la dirección de la entidad e incluso del proceso contractual está en cabeza del director, no es menos cierto que su actuación no puede ser caprichosa, pues toda actuación de servidor público debe estar motivada en razones del servicio, las que claramente no se dan en este caso en especial (...) Dadas las anteriores razones, y para evitar un mal mayor a la entidad, y en razón al deber de lealtad y respeto de los principios de planeación, responsabilidad y economía, le solicito al señor director retomar el camino que habíamos iniciado en lo que respecta a la firma de los contratos de apoyo, y derogar las instrucciones impartidas y dar vía libre a las personas con los perfiles, experiencia, honorarios, fechas de inicio y fechas de fin resultantes del proceso de planeación detallado”, escribió Olaya.

Más adelante, continúa: “ (…) Le solicito argumentar y justificar tanto desde el punto de vista jurídico y técnico, las razones para desconocer el ejercicio de planeación que durante más de un mes se realizó de manera colegiada con las áreas técnicas de la entidad para establecer los contratistas necesarios en cada área (….) Favor indicar cuál será el proceso, bajo qué criterios y el cronograma que la dirección general va a seguir para garantizar la contratación del personal idóneo”. “¿Cuáles fueron los criterios para decidir prescindir de los contratistas que aún no han sido aprobados y que serán supuestamente reemplazados por otros, si se tiene en cuenta que a estos se les pagaron mensualmente sus honorarios y se les recibió a satisfacción su producto?”, se pregunta Olaya.

El Espectador se comunicó con Colciencias para saber la versión oficial de lo ocurrido, pero hasta el momento la entidad no se ha pronunciado. Así mismo, intentó contactar a Alejandro Olaya, pero no fue posible hablar con él.

Más allá de este nuevo acontecimiento, lo cierto es que el organismo encargado de guiar y definir el rumbo de la ciencia en Colombia está en crisis desde hace un buen tiempo. En palabras de una persona de Colciencias que pidió no revelar su nombre, “en estos últimos años han hecho lo que les da la gana con la entidad. ¿Ocho directores en ocho años? Eso solo demuestra menosprecio por la comunidad científica nacional”.