La primera 'foto' del zika

El virus que en unas pocas semanas se convirtió en una amenaza para el mundo comienza a revelar sus secretos más íntimos.

Menos de un mes le tomó a los científicos descifrar la estructura del virus. Science

Cuando un problema logra despertar el interés de la comunidad científica de países en desarrollo, las investigaciones para solucionarlo pueden dar saltos enormes en pocas semanas. El zika es el último buen ejemplo del poder de la maquinaría científica de países como Estados Unidos, Japón o Europa.

Los primeros reportes de la existencia del virus zika datan de 1950 en Uganda. Sesenta años después, cuando el virus llegó a las Américas en el segundo semestre de 2013 escondido en la sangre de algún viajero, como lo sugiere un reciente trabajo de científicos norteamericanos y brasileros, era muy poco lo que se sabía sobre este miembro de la familia de Flaviviridae. Pero todo comenzó a cambiar en cuestión de semanas. Desde que la Organización Mundial de la Salud declaró la alarma mundial por zika, y el virus puso nerviosas a las autoridades de salud de Estados Unidos, los descubrimientos relacionados con el virus han aumentado dramáticamente.

Uno de los últimos reportes, aparecido en la revista Science, revela la estructura molecular del virus, una imagen en 3D sobre el minúsculo nuevo enemigo.

"Por fin podemos ver cómo luce esta cosa”, dijo Richard Kuhn, científico de la Universidad de Purdue y coautor del estudio, a la periodista Arielle Duhaime. Kuhn y sus colegas son los mismos que en 2002 revelaron la estructura del dengue. Mientras descifrar la estructura del dengue tomó cerca de un año, con nuevas técnicas a los científicos les tomó apenas un mes para “sacar la foto” del zika.

“¿Qué haría un marciano para entender cómo funciona un carro?”, explicó Michael Rossmann a la periodista, “seguramente detendría un carro y extraería el motor. Luego con un cuidadoso examen, el marciano sería capaz de entender cómo se mueve el carro del punto A al punto B. Eso es lo que hemos hecho”. Las proteínas que forman parte de la estructura externa del virus, por ejemplo, pueden ayudar a entender cómo ataca las células nerviosas. Eso no necesariamente significa que las soluciones llegarán pronto. 

 

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