Ratifican las predicciones de Einstein

Científicos del experimento LIGO detectaron otra señal de las ondas gravitacionales, proveniente de la fusión de dos agujeros negros a 1,4 millones de años luz de distancia. Es la apertura de una nueva puerta para estudiar el universo.

Representación de dos agujeros negros fusionándose. / LIGO

A principios de febrero de este año un anuncio conmocionó a la comunidad científica: por primera vez se había comprobado la existencia de las ondas gravitacionales, una predicción que Albert Einstein hizo hace más de cien años en su Teoría de la Relatividad. El hallazgo se había logrado gracias a un experimento de US$620 millones, compuesto por dos láseres, unos de los aparatos más precisos hechos por el hombre. ¿Su nombre? LIGO, sigla inglesa de Observatorio de Interferometría Láser de Ondas Gravitacionales. (Lea La idea de Einstein que costó US$620 millones)

Ese mismo experimento es el responsable del otro gran anuncio que se acaba de hacer en San Diego, Estados Unidos, y que es descrito en la revista Physical Review Letters. De nuevo, LIGO detectó otra señal de las ondas gravitacionales, lo que confirma que la certeza de la revelación de hace unos meses. Ya no hay dudas: esas ondas que viajan por el universo sí existen y ya hay un observatorio capaz de localizarlas. Y eso en palabras muy simples quiere decir que se acaba de abrir en su totalidad una ventana para estudiar el universo. O como le dijo hace unos meses a El Espectador el astrofísico Juan Diego Soler, es como si alguien descubriera que tiene un nuevo sentido. (Lea La última prueba del universo que Einstein imaginó)

En otros términos quienes estudian los misterios del universo tienen un nuevo elemento que les puede dar pistas contundentes de la evolución de las estrellas, de las galaxias e, incluso, de qué se trata exactamente el Big Bang.

La nueva señal de las ondas gravitacionales corresponde a una fusión de dos agujeros negros a 1,4 millones de años luz de distancia. El tamaño de uno de ellos era 14 veces la masa del sol. El del otro, ocho. Al integrarse en un enorme estallido, juntos formaron un gran agujero de 21 masas solares. También observaron otra colisión y los científicos tienen pistas de una tercera.

Con ese nuevo descubrimiento queda resuelto el último eslabón de la Teoría de la Relatividad. De hecho, es uno de los que permite darle sustento a la teoría de la inflación cósmica, una de las mejores ideas que tenemos sobre cómo nuestro universo alcanzó su tamaño y cuál fue el origen de su estructura. Pero más allá de ello, esta confirmación, como cuenta Soler, es el soporte para construir una flotilla de satélites para hacer observaciones desde la órbita de la Tierra.

“Es", como le dijo a El País, Luis Álvarez-Gaumé, físico teórico que trabaja en el laboratorio de física de partículas (CERN), “una nueva era de la astronomía y de la física que se abre”.